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30 noviembre 2009

El futuro de Europa y “tal vez, del mundo entero”







El Patriarca de Moscú y de todas las Rusias, Kirill I, dirigiéndose directamente al Papa de Roma hace presente que para todos los cristianos están maduros los tiempos para una respuesta al desafío epocal ya en acto en el mundo: la secularización definitiva o la recuperación para la fe. El patriarca Kirill I, dotado de una profunda fe y determinación, en esta entrevista hace hincapié en que las dos iglesias, si obran concordemente, pueden constituir un baluarte contra las amenazas del relativismo y del ateísmo, del hedonismo y consumismo desenfrenados y de la difundida degradación moral.



Icono de Jesucristo Salvador



La Iglesia ortodoxa rusa, con el nombramiento del sucesor de Alejo II ocurrido el 28 de enero de 2009, ha entrado en una nueva fase de las relaciones entre Moscú y el Vaticano. Esta entrevista, que constituirá el prefacio al libro “La Santa Russia”, revela como parecen decididamente superados los tiempos no tan lejanos de los acercamientos, tímidos y afectados por demasiadas sospechas, de Alejo II y Juan Pablo II. Además, después de las primeras señales que parecían testimoniar una posible aceleración en el proceso de reacercamiento entre las dos mayores iglesias cristianas separadas, el mismo Patriarca Kirill no vaciló en testimoniar la solidaridad con Roma por la sentencia de la Corte de Estrasburgo que condena la exposición de los símbolos religiosos. Debe recordarse, además, que el Papa Benedicto XVI, después de su nombramiento, había saludado al nuevo patriarca Kirill I (en el siglo, Vladimir Gundjaev, nacido en 1946 en Leningrado) asegurándole la “buena voluntad fraterna” en la común “esperanza inquebrantable que tenemos en Jesucristo”.


Icono del Nacimiento de Jesucristo


¿Se puede afirmar que la Iglesia ortodoxa ha reconquistado el rol que tenía en la Rusia de los zares?

Sería más exacto decir que la actual situación de la Iglesia rusa no tiene precedentes ya que en toda su historia milenaria no podemos encontrar una analogía completa y absoluta. Es conocido que la Rus’ medieval se veía a sí misma como la “tercera Roma”, llamada a preservar la verdad de la ortodoxia después de que la “segunda Roma”, es decir el Imperio bizantino, había caido bajo los golpes de los cruzados y de las milicias del Islam. En aquel período del Medioevo ortodoxo ruso, el modelo natural de una disposición que armonizara las relaciones entre estado e iglesia fue reconocido en la “sinfonía” bizantina de los dos elementos, el principio secular y el espiritual. Esto no impedía que, entre los jefes espirituales y los seculares, surgiesen periódicamente disputas sobre la cuestión del primado, de que cosa fuera en definitiva más elevado a los ojos de Dios: el sacerdocio o el poder soberano.


El Patriarca de Moscú y de todas las Rusias, Kirill I

De diatribas ideológicas de esta naturaleza derivaron algunas veces consecuencias dramáticas para éste o aquel exponente eclesiástico. Sin embargo, el reino moscovita continuó por mucho tiempo representando la única potencia ortodoxa en Europa mientras la Iglesia rusa encarnaba a los ojos del poder y del pueblo un organismo espiritual fuerte, autónomo y autorizado.

El equilibro en las relaciones entre estado e iglesia, así como estaba históricamente constituido, fue alterado bruscamente en 1721 por la reforma del zar Pedro I que abolió el patriarcado, en cuanto símbolo evidente, con su sola existencia, de la no subordinación de la Iglesia a los antojos de los gobernantes terrenos. De hecho, la Iglesia se convertía en un elemento de la máquina estatal.

Luego llegó la Revolución de octubre…


El Cristo de El Greco


Este estado de las cosas se mantuvo, con modificaciones irrelevantes, hasta el 18 de noviembre de 1917, cuando en el fragor de la artillería bolchevique que bombardeaba el Kremlin de Moscú, después de un intervalo de dos siglos fue libremente elegido el Patriarca de todas las Rusias Tichon, hoy en el número de los santos. Con la llegada al poder de los bolcheviques, que han sacado de la arena histórica tanto la monarquía como la idea republicana revelada efímera, la Iglesia rusa ha bebido hasta la última gota el cáliz del martirio, que ha superado con creces todo lo que sabemos de las persecuciones a los cristianos bajo Tiberio y Nerón. En esta época feroz, una enorme multitud de sacerdotes y de laicos ortodoxos ha testimoniado la fe en Cristo hasta dar la vida.

¿Y actualmente?

Actualmente, la situación de las relaciones entre estado e iglesia puede ser definida casi óptima. Tales relaciones se apoyan en el firme fundamento del respeto mutuo, del reconocimiento de las respectivas esferas de responsabilidad, de la recíproca no injerencia en las prerrogativas naturales. No sólo en la Federación Rusa sino también en Bielorrusia, Ucrania, Moldavia y en los otros países de la Comunidad de los estados independientes y del Báltico, la Iglesia está separada del estado; esto no implica, de hecho, un rechazo a colaborar en el interés del pueblo, que para la gran mayoría está unido a la ortodoxia.



El Patriarca de Moscú y de todas las Rusias, Kirill I

En la Rusia actual no son pocos los problemas sociales dolorosamente abiertos; su valoración encuentra concordes a iglesia y estado, y ambas partes trabajan en acuerdo para resolver los apremiantes problemas de la vida cotidiana del pueblo. De esto no deriva una estatización de la Iglesia o una “clericalización” del estado. En la nueva Rusia la gran mayoría de la población forma parte de la Iglesia ortodoxa rusa, la cual representa una porción significativa, respetada e influyente de la sociedad civil.

Después de la caída del comunismo, ¿cómo ha cambiado la actitud de los creyentes hacia la religión?

En 1988, cuando festejamos el milenario del Bautismo de la Rus’, con sorpresa y espanto de los funcionarios soviéticos, la celebración de tipo histórico y oficial concebida por ellos desembocó en una manifestación libre, poderosa y sugestiva de la devoción del pueblo ruso a la religión de los padres, de la unión vital de todos a la herencia espiritual de la patria.

El período sucesivo de dos décadas ha sido para la Iglesia rusa el tiempo para recoger y consolidar las propias fuerzas interiores, retomando el lugar que legítimamente le correspondía en la vida del pueblo y de la sociedad. Cuando en los años ’90 se abrieron las perspectivas de un desarrollo libre de impedimentos, nuestra Iglesia se dedicó, con el apoyo de la sociedad, a restaurar las iglesias destruidas y profanadas, a erigir otras nuevas, a reorganizar la vida de las parroquias, a abrir monasterios, escuelas dominicales, seminarios y academias teológicas. Actualmente los expertos concuerdan en estimar que entre el 70 y el 80 por ciento de la población de Rusia declara el propio apego a la ortodoxia. Sin embargo, ciertamente no se puede decir que todos son creyentes practicantes. Estoy convencido de que la tarea más importante de la Iglesia actualmente es precisamente hacer que los que sólo son cristianos de nombre, lo sean de hecho, realmente.

¿También los jóvenes?

Otro tema de la preocupación pastoral es la juventud, que hoy está sometida a la despiadada tentación de los falsos ideales del consumismo, del egoísmo social, de la realización del propio éxito a cualquier precio. Los jóvenes de Rusia son el futuro del país. Son ellos quienes tienen necesidad de recibir y hacer propio, como natural, el ideal de la vida cristiana, y de reconocer la motivación cristiana para cada opción que les espera como la mejor entre muchas posibilidades. Además de esto, la Iglesia ortodoxa presta la máxima atención y prodiga todo el compromiso posible en la esfera social, ocupándose de la asistencia a niños abandonados, ancianos, enfermos e indigentes, de la rehabilitación espiritual de quien quiere liberarse de la droga y el alcohol, de la ayuda a aquellos que conviven con el sida. Finalmente, nuestra preocupación constante es la tutela de la unidad de la Iglesia ya que en ella vemos la prenda de la unidad de nuestro pueblo.

El Papa Benedicto XVI dedica una atención particular a las relaciones entre Moscú y el Vaticano. ¿Puede pensarse, en un futuro inmediato, en una visita del Papa a Rusia?

El Papa Benedicto XVI

Nuestras iglesias pueden trabajar juntas en muchos campos y enfrentar unidas la ideología del consumismo y del rechazo de los valores morales cristianos difundido en la sociedad contemporánea. Nuestras posiciones también coinciden en el ámbito de la defensa de la moralidad y de los valores tradicionales en el mundo moderno. Al mismo tiempo, no podemos ignorar los problemas que permanecen en las relaciones entre la Iglesia católica y la ortodoxa.

Respecto a la posibilidad de una visita del Papa a Rusia, hablaría más bien de la posibilidad de un encuentro entre el Papa de Roma y el Patriarca de Moscú y de todas las Rusias. La dirección eclesial de la Iglesia ortodoxa rusa nunca ha excluido la posibilidad de un encuentro así, preparado adecuadamente. La preparación presupone que sean resueltos los problemas que todavía hay entre las dos iglesias. En primer lugar, los ligados a la actitud de los greco-católicos de Ucrania respecto a la presencia del patriarcado de Moscú en este país. Esperamos que a las declaraciones de la parte católica de querer propiciar el allanamiento de las situaciones, le seguirán los resultados.





Actualmente la humanidad se encuentra frente a terribles pruebas: desde la crisis global hasta el incremento del flagelo del hambre. ¿Qué es necesario hacer para unir las fuerzas de los cristianos y afrontar estos problemas?

Un día, cuando era adolescente, pregunté a mi padre, párroco en una iglesia de Leningrado: “¿Por qué en nuestro país la gente vive tan mal?” Pareció incluso sorprendido de que no hubiera llegado solo [a la respuesta] y respondió, a su vez, preguntándome: “¿Cómo podrían, según tú, vivir de otra manera personas que han rechazado a Dios o lo han borrado del propio corazón?”.

Es mi convicción que todos los males, las crisis aparentemente sin solución del mundo, tienen como causa profunda el deterioramiento de la naturaleza espiritual de la humanidad. No sólo: estas desgracias que afligen a los hombres están destinadas a agravarse a medida que ellos se alejen de la verdad constituida por Dios. Y los remedios paliativos de tipo económico, político, social, no ayudarán al género humano a salir de este círculo vicioso.

¿Cuáles son, actualmente, los mayores enemigos del Cristianismo?

Uno de los desafíos más grandes al futuro de la humanidad es el diktat del agresivo secularismo neoliberal, que considera que su concepción del mundo es la única con derecho de ciudadanía. Entre otras cosas, esta ideología trastorna irreparablemente el modo de vivir del hombre así como Dios lo ha pensado porque busca introducir en la vida de todos los venenosos principios del relativismo moral, del hedonismo egocéntrico, del más burdo consumismo, del permisivismo moral, de la negación del pecado. De este modo, se realiza la descristianización de nuestra cultura. Al mismo tiempo, se está llevando a cabo un proceso de marginación del rol de la religión en la vida de la sociedad, ya que los ideales éticos y espirituales constituyen una piedra de tropiezo en el camino del triunfo ideológico del secularismo neoliberal.

¿Cuál es la respuesta de la religión?

La respuesta religiosa a este desafío puede ser de tres tipos: radical, y es el caso de una parte de los seguidores más agresivos del Islam; liberal, como significativos sectores de las comunidades protestantes, los cuales admiten los matrimonios entre homosexuales, el aborto y la eutanasia;


El Papa Benedicto XVI

finalmente, la respuesta puede ser la de las iglesias que se inspiran en la tradición cristiana, y es la respuesta de quien quiere defender la pureza de las verdades enseñadas por el Salvador sobre la vida y el hombre. La Iglesia ortodoxa y la católica están separadas por contrastes doctrinales y eclesiológicos pero, más allá de esto, hay algo que hace aliados estratégicos a los ortodoxos y católicos. De su comprensión recíproca, del éxito de las acciones a emprender juntos, depende el futuro no sólo de Europa sino, tal vez, del mundo entero.

*Fuente: Papa Ratzinger Blog
Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

18 septiembre 2009







Benedicto XVI recibe al representante del patriarca ortodoxo de Moscú

El arzobispo Hilarión de Volokolamsk se encuentra en el Vaticano por invitación del cardenal Walter Kasper







CIUDAD DEL VATICANO, viernes 18 de septiembre de 2009 (ZENIT.org).- Este viernes, Benedicto XVI recibió en Castel Gandolfo el arzobispo Hilarión de Volokolamsk, Presidente del Departamento para las Relaciones Eclesiásticas Externas del Patriarcado de Moscú.


Hilarión, en su primera visita a Roma tras el nombramiento para su cargo actual, había tenido el jueves un coloquio con el cardenal Walter Kasper, Presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos.


Con el cardenal Walter Kasper

Sucesivamente, el purpurado afirmó a los micrófonos de "Radio Vaticano" que "el encuentro ha mostrado la nueva situación entre la Iglesia católica y el Patriarcado de Moscú: hemos superado todas las tensiones que existían en años pasados y tenemos actualmente una relación normal, tranquila e incluso positiva, constructiva".

"Desde el principio -añadió- Hilarión ha expresado su alta estima por el Papa Benedicto XVI, que es muy apreciado en la Iglesia ortodoxa rusa, y después hemos hablado de nuestras relaciones, sobre todo del diálogo teológico que tendrá lugar en Chipre en las próximas semanas".

La Comisión mixta internacional para el diálogo teológico entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa en su conjunto se reunirá para su XI sesión plenaria en Chipre, del 16 al 23 de octubre de 2009, para examinar un proyecto de documento esbozado en un encuentro en Creta en 2008.

La Comisión está reflexionando actualmente sobre el papel del Obispo de Roma en la comunión de la Iglesia en el primer milenio - cuando aún no se había producido el Gran Cisma de 1054 -.

Otra cuestión que deberá estudiarse es cómo el contenido del primado del sucesor de San Pedro ha evolucionado en el segundo milenio, tras la ruptura entre las dos confesiones, y cuál es la situación tras el Concilio Vaticano I y II.

El tema ya había sido profundizado con ocasión de la X Asamblea Plenaria de la Comisión Mixta que había reunido en Ravena, del 8 al 14 de octubre de 2007, a 30 delegados católicos y 30 ortodoxos para reflexionar sobre el tema: "Las consecuencias eclesiológicas y canónicas de la naturaleza sacramental de la Iglesia: comunión eclesial, conciliaridad y sinodalidad en la Iglesia".



En Ravena, la delegación del Patriarcado de Moscú decidió retirarse en signo de protesta contra la participación en el evento de los miembros de la llamada Iglesia apostólica estonia, creada por el Patriarcado de Constantinopla en 1996 en Estonia, y en seguida declarada "autónoma", un estatuto que no reconoce la Iglesia moscovita.

"Ahora quieren volver a retomar el diálogo - explica el cardenal Kasper -, han superado estas tensiones entre Moscú y Constantinopla sobre el caso de Estonia, y quieren colaborar normalmente".

"Después hemos hablado también de nuestras relaciones bilaterales: como muestra, de un concierto que quieren hacer aquí en Roma; yo he sugerido que también nosotros podamos hacer una exposición en Moscú", prosiguió el purpurado alemán.

"Hemos hablado del intercambio de sacerdotes, de teólogos y de todo aquello que pueda ayudar a mejorar las relaciones y a superar también los prejuicios y las resistencias que existen en Rusia contra la Iglesia católica y contra el ecumenismo; pero, paso a paso, podemos superar también esto".


Con el cardenal Bertone

"Ambas partes están decididas a seguir adelante", añadió, subrayando después que "por el momento, la visita del Papa a Moscú no está en la agenda", aunque "ellos no rechazan un encuentro con el Papa".

El 17 de septiembre, el arzobispo Hilarión asistió a la oración de la tarde de la Comunidad de San Egidio, en la Basílica de Santa María en Trastevere, dirigiendo un saludo a los presentes.

En aquella ocasión, agradeciendo a los miembros de la Comunidad de San Egidio por su "contribución al diálogo" y el compromiso hacia los pobres y los más necesitados, habló del desafío común representado por "un mundo descristianizado", dominado por el "consumismo, el hedonismo, el materialismo práctico y el relativismo moral".

"Sólo unidos podremos proponer al mundo los valores espirituales y morales de la fe cristiana - dijo el prelado ortodoxo -; juntos podremos ofrecer nuestra visión cristiana de la familia, de la procreación, de un amor humano hecho no sólo de placer; afirmar nuestro concepto de justicia social, de una más equitativa distribución de los bienes, de un compromiso por la salvaguarda del medio ambiente, por la defensa de la vida humana y de su dignidad".


El arzobispo Hilarión de Volokolamsk

"Por tanto, es hora de pasar del desencuentro y la competencia a la solidaridad, al respeto recíproco y a la estima -afirmó-; diría incluso sin duda que debemos pasar al amor mutuo".

"Nuestra predicación cristiana puede tener efecto, puede ser convincente también en nuestro mundo contemporáneo si sabemos vivir este amor recíproco entre nosotros los cristianos", concluyó.


Representante ortodoxo ruso: no hay rivalidad con los católicos


Es necesaria una alianza al servicio de los valores, afirma el arzobispo Hilarión


ROMA, lunes 21 de septiembre de 2009 (ZENIT.org).- La Iglesia católica y la ortodoxa deben ser aliadas a la hora de reafirmar los valores cristianos en el mundo de hoy: así lo declaró el arzobispo Hilarión de Volokolamsk, en una rueda de prensa celebrada tras el encuentro del pasado viernes con Benedicto XVI en Castel Gandolfo.

El prelado, presidente del Departamento para las Relaciones Eclesiásticas Externas del Patriarcado de Moscú, auguró que Benedicto XVI y el Patriarca Kirill puedan encontrarse pronto, durante una conversación con un grupo de periodistas reunidos en la iglesia ortodoxa de Santa Catalina en Roma.

"Nosotros apoyamos al Papa en su empeño por la defensa de los valores cristianos - afirmó - lo apoyamos también cuando sus valientes declaraciones suscitan reacciones negativas por parte de algunos políticos o personalidades públicas, o son recibidas con hostilidad y a veces tergiversadas por parte de algunos medios de comunicación". "Creemos que él tiene el deber de dar testimonio de la verdad y por tanto estamos también con él cuando su palabra encuentra oposición", añadió el arzobispo.

Precisamente por esto, el arzobispo ortodoxo ha augurado que se realice cuanto antes el encuentro tan largamente esperado entre el Papa y el Patriarca de Moscú. "Personalmente espero que pronto o tarde se realice el encuentro esperado por muchos entre el Papa y el Patriarca de Moscú. Puedo decir con responsabilidad que en ambas partes existe el deseo de preparar cuidadosamente este encuentro", aseguró. Un encuentro, declaró, que representaría un gran salto adelante en las relaciones entre católicos y ortodoxos.

Hilarión aseguró que existe actualmente una amplísima posibilidad de cooperación entre ambas Iglesias. "Ante nosotros - afirmó - se abre el vastísimo campo del mundo descristianizado de hoy".

"A estos retos todos nosotros cristianos y particularmente ortodoxos y católicos podemos y debemos responder juntos - añadió -. Juntos podemos ofrecer nuestra visión cristiana de la familia, afirmar nuestro concepto de justicia social, de un empeño por la salvaguarda del medio ambiente, por la defensa de la vida humana y de su dignidad".

La Iglesia "no es un supermercado del espíritu", prosiguió, la Iglesia "hace la vida más plena, más humana y divina". El prelado manifestó esperar que la relación entre ortodoxos y católicos se desarrolle más intensamente y que se superen pronto los problemas que subsisten entre ambas tradiciones.

El arzobispo Hilarión mostró también que el Patriarcado de Moscú quiere abrir también una nueva página en las relaciones con el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, en nombre de un diálogo abierto y sincero.

01 febrero 2009

La Iglesia ortodoxa rusa entroniza a su nuevo patriarca


MOSCU, 1 de Febrero 2009

El patriarca de Moscú y de todas las Rusias, Kirill, fue entronizado el domingo en la catedral de Cristo Salvador en Moscú como jefe de una Iglesia ortodoxa en auge desde la caída del comunismo. Kirill ha sido coronado como el patriarca número 16 de la Iglesia Rusa desde que el título fue creado en 1859. Se trata del primero en ser elegido tras la caída de la Unión Soviética
.






El presidente Dmitry Medvedev y el primer ministro Vladimir Putin presenciaron la compleja ceremonia desde cerca del altar. La duquesa Maria Vladimirovna, descendiente del último zar, también asistió.

La ceremonia se prolongó tres horas, lo que no arredró a los miles de fieles que comenzaron a hacer cola a las puertas del templo a las siete de la mañana, pese a los 20 grados bajo cero que marcaban los termómetros en Moscú. La llegada de Kirill al templo en limusina fue recibida con quince minutos de repique de las cinco campanas de la catedral y el tradicional pan con sal, símbolo de bienvenida en este país.

"¡Axios!, ¡Axios!, ¡Axios!" ("¡Es digno!", en griego), corearon los aproximadamente 4.000 asistentes a la ceremonia, entre los que se encontraban más de 700 arzobispos, clérigos y seglares que integran el concilio general de la IOR que el pasado martes eligió a Kirill en votación secreta, otros dignatarios ortodoxos con hábitos dorados y representantes de otras confesiones, responsables políticos y creyentes reunidos en el interior del imponente edificio situado en el corazón de Moscú. La Iglesia Católica estuvo representada por el cardenal Walter Kasper, presidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos.





Con estas palabras, Kirill, que fue elegido el martes por un concilio, quedó formalmente entronizado como nuevo patriarca de la Iglesia ortodoxa rusa. Unos minutos antes, los metropolitas de Kiev y de Minsk le hicieron sentarse tres veces en la silla patriarcal, ubicada en el centro del altar, cantando junto con el clero y la congregación conforme al rito en vigor.

Los sacerdotes entonaron los profundos y sonoros tonos de base utilizados en la antigua liturgia ortodoxa, que eran interrumpidos por enérgicas alabanzas y agradecimientos por el nuevo patriarca, expresados por el coro ubicado en los balcones de la catedral.

Luego los diáconos reemplazaron las vestimentas de arzobispo que usaba Kirill y le pusieron la de patriarca: el "saccos" (casulla patriarcal), de un color intensamente carmesí, y el amito grande (cinta ancha y larga con imágenes de cruces); así como le entregaron dos panagías (medallón colgado de cadena larga, con icono pequeño de la Virgen), cruz y mitra patriarcal.





Especialmente para la ceremonia de entronización, le fabricaron un manto patriarcal verde y un "kukol" blanco (gorro cónico redondo). En la parte frontal y los extremos delanteros del "kukol" están bordadas imágenes de los serafines de seis alas, y en lo alto figura una cruz. El color blanco es símbolo de la luz divina inmaterial y la pureza del alma. Las imágenes de los serafines simbolizan la posición cimera del Patriarca en la Iglesia Rusa.

El manto es una especie de capa larga, que no tiene mangas y se abrocha sólo en el cuello. Se pone sobre la sotana durante las ceremonias solemnes. El manto de los monjes ordinarios es negro; el de los obispos, de color violeta; el de los metropolitas, azul, y el del patriarca, verde (color que simboliza la vida eterna en el cristianismo).

En el manto hay tres franjas anchas bicolores, que simbolizan la doctrina que deriva del Antiguo y el Nuevo Testamentos, la que predica el Patriarca.

Al final de la ceremonia, se puso la túnica verde de patriarca y un tocado blanco con una cruz en la parte superior llamada "kukol".

Acto seguido, se le entregó el báculo de madera con oro incrustado del metropolita Piotr (que data del siglo XIV), y fue quien trasladó la sede de la IOR a Moscú. Esta es una de las más preciadas reliquias de la Iglesia ortodoxa rusa, que está expuesta normalmente en los museos del Kremlin.

El Patriarca recibió también un cetro y una bandera con las iniciales PK (Patriarca Kiril), tras lo cual ofició personalmente la eucaristía.

Seguidamente, las campanas de la catedral de mármol blanco construida tras la caída de la URSS por orden del ex presidente Borís Yeltsin repicaron durante varios minutos para comunicar la buena nueva: la Iglesia Ortodoxa ya tiene un nuevo patriarca.

En su discurso, y ante los dos máximos mandatarios políticos del país, Kirill I ha hablado de la independencia de la Iglesia respecto al Estado, algo de importante valor dada su condición de primer Patriarca elegido tras la caída de la URSS y por tanto nombrado sin injerencias políticas.

Eso sí, ha puntualizado que ambas instituciones deben trabajar juntas: “Las relaciones entre la Iglesia y el Estado deben realizarse dentro de un diálogo de buena voluntad y sobre bases constitucionales, por el bien de la Iglesia, el Estado y el pueblo”.



Alexis II, Presidente Putin y Kirill


Kiril también ha hecho una llamada a la unidad dentro de la Iglesia Ortodoxa, pero igualmente a la apertura.

Precisamente se espera que éste sea uno de los puntos que marquen su patriarcado. Partidario del ecumenismo, todo apunta a que tenderá puentes con la Iglesia Católica, como ya hizo cuando desempeñaba su labor como responsable de la diplomacia de la Iglesia Ortodoxa Rusa.

El nuevo patriarca dijo que su prioridad era llevar a Dios a los más jóvenes. Sostuvo que la Iglesia no podía esperar "en momentos de relativismo moral, cuando la propaganda de la violencia y la depravación secuestra el alma" de los jóvenes.

Kirill también sugirió que podría tener un rol más activo como pastor de los 30 millones de los rusos ortodoxos que viven en el extranjero.

Tras prometer mantener la unidad de la Iglesia en Rusia, Kirill sostuvo que incrementaría el diálogo con otros Estados ex soviéticos y sus instituciones religiosas.

"El Patriarca es el defensor de las fronteras canónicas exteriores de la Iglesia (...) siempre estaré abierto al diálogo con las Iglesias hermanas", -aunque no mencionó a los católicos romanos directamente- señaló Kirill durante su homilía, en la que criticó el "relativismo moral" del mundo actual. La ceremonia, durante la que sonó música compuesta por un diácono cuyo padre fue fusilado bajo la URSS, concluyó con las felicitaciones por parte de Medvédev y Putin, ambos creyentes y que mantenían una estrecha relación con el anterior Patriarca.

Medvedev y Putin, acompañados por sus esposas con sus cabezas cubiertas por pañuelos blancos, se santiguaron bajo la impresionante bóveda hacia la cual se elevaba el humo del incienso. La viuda del primer presidente de la era postsoviética Boris Yeltsin, fallecido en 2007, Naina, también estaba presente.

Medvedev abogó por un diálogo "intenso y solidario" con el nuevo jefe de la Iglesia ortodoxa rusa en un discurso al final de la ceremonia. Su esposa, Svetlana, fue la primera persona en recibir la comunión de manos del patriarca.



Svetlana

Desde el desmoronamiento de la Unión Soviética, la Iglesia ortodoxa ha experimentado un renacimiento espectacular en Rusia, donde se ha convertido en un pilar de la identidad nacional. Tres cuartas partes de la población rusa se declaran ortodoxos, frente a sólo un cuarto de la misma poco antes de la caída de la URSS, en 1991.

Desde 1989 estaba al frente de la diplomacia de la Iglesia rusa y se le considera abierto al mundo. Podría modernizar la comunicación de la Iglesia en Rusia, aún manteniéndose tradicionalista en el fondo, estiman los expertos.

La prensa rusa recordó tras la elección de Kirill que él es el autor de la Declaración de los Derechos y las Dignidades del Hombre, que denuncia los valores liberales y fue muy criticada por los defensores de los derechos humanos.

Los modales de Kirill, muy mediático, le distinguen sin embargo de otros dignatarios ortodoxos y le atraen los reproches de la rama más conservadora del clero ortodoxo.

No se opone a la propagación de los valores ortodoxos por los roqueros por estimar que "unas frases (suyas) pueden producir más efecto sobre los jóvenes que un sermón en la iglesia".

"Que Dios guarde a cualquier patriarca de entrar en la historia como un reformista", declaró Kirill tras ser elegido.

El nuevo Patriarca ruso parece apto a mejorar las espinosas relaciones de la Iglesia ortodoxa rusa con los católicos. Como "ministro de Relaciones Exteriores" del patriarca Alexis II, fallecido en diciembre, se ha reunido tres veces con el papa Benedicto XVI.



Medvédev confia en la posibilidad de desarrollar un diálogo solidario entre la Iglesia y el Estado


Moscú, 1 de febrero, RIA Novosti. El presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, felicitó al Patriarca de Moscú y toda Rusia, Kirill, con motivo de su entronización y expresó la esperanza en poder desarrollar un diálogo solidario entre la Iglesia y el Estado.

 



"La entronización de usted es un acontecimiento de gran importancia para la vida de nuestro país y de todos los pueblos ortodoxos. Es un acontecimiento que abre una nueva época en el desarrollo de la fe ortodoxa en Rusia y crea nuevas condiciones, espero, para sostener un diálogo solidario entre la Iglesia Ortodoxa Rusa y el Estado", dijo el presidente, al felicitar al nuevo Patriarca con motivo de su entronización.
 
El servicio patriarcal es una tarea ardua. En épocas anteriores, la proeza patriarcal consistió a menudo en darle protección al pueblo en situaciones trágicas, señaló Medvédev.
 
"En nuestros días, en que Rusia se desarrolla vertiginosamente, y el mundo está lleno de contradicciones y problemas, igual que hace siglos, la labor conjunta entre el Estado y la Iglesia Ortodoxa Rusa es de mucha necesidad para nuestro país y para todos los pueblos ortodoxos", declaró.

El jefe del Kremlin deseo "fuerza y salud" a Kirill y también hizo votos porque la IOR y el Estado sigan cooperando y dialogando por el bien de Rusia.

Rusia es un Estado complicado, donde conviven diversos pueblos y diversas confesiones. En este sentido, el Patriarca de Moscú y toda Rusia tiene una misión especial, subrayó el presidente.



Kirill, un diplomático de fuerte carácter al frente de la Ortodoxia rusa


El metropolita Kirill fue entronizado el domingo 1 de febrero de 2009, Patriarca de Moscú y de Todas las Rusias. Desde ahora será el Primado de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Con ello Kirill se convirtió en el XVI Patriarca de Moscú y todas las Rusias y obtuvo el título de Santísimo Patriarca. Es un experimentado diplomático famoso por su independencia de pensamiento y su voluntad de ampliar la influencia de la Iglesia ortodoxa en la esfera social y política de Rusia.

A sus 62 años, este hombre con la misma larga barba blanca que caracteriza a los dignatarios ortodoxos, hereda la cabeza de una Iglesia que se reforzó desde la caída de la Unión Soviética y durante el Patriarcado de Alexis II, fallecido en diciembre de 2008 y de quien Kirill fue un cercano colaborador.





Hasta ahora metropolita de Smolensk y Kaliningrado y durante casi dos meses jefe interino de la Iglesia ortodoxa rusa, Kirill es el único alto responsable ortodoxo popular entre los rusos gracias a su propio programa semanal de televisión "Las palabras del pastor".

Además, a lo largo de sus casi 20 años como director del poderoso departamento de Relaciones Exteriores del Patriarcado de Moscú -el equivamente de una cancillería- se convirtió en el rostro de la Ortodoxia rusa en el extranjero.

Desde ese cargo estableció unas relaciones con el Vaticano que le han acarreado críticas, en un ambiente de acusaciones de proselitismo contra los católicos.

Según los expertos, Kirill no es un reformista pero tiene una mente independendiente y quiere que la Iglesia juegue un papel político y social. Por eso, las autoridades rusas no lo controlarán fácilmente.

"Con Kirill, la Iglesia podría tener la oportunidad de ser independiente en la escena política en vez de seguir siendo objeto de las manipulaciones del Estado", señaló el semanal Vlast.



Según su biografía oficial, Kirill manifestó su inclinación hacia la religión desde su más tierna infancia, en una familia donde su padre y su abuelo fueron popes.

En 1965, a los 19 años, Kirill -cuyo verdadero nombre es Vladimir Gundiayev- entró en el seminario de su ciudad natal, Leningrado (noroeste, actual San Petersburgo).

Según su hermana Elena -citada en el diario popular Tvoi Den- siendo aún estudiante le dijo: "si no encuentro una chica con la quiera pasar el resto de mi vida, me haré sacerdote". Y se dio como plazo hasta el 27 de marzo de 1969.

El 3 de abril de ese año, Kirill vistió los hábitos sacerdotales y en los años 70 aceleró su carrera: primero fue secretario personal del metropolita Nikodim de Leningrado y a partir de 1971 ocupó su primer cargo diplomático como representante del Patriarcado de Moscú ante el Consejo Mundial de las Iglesias. En ese cargo acompañó regularmente al patriarca Pimen en sus viajes antes de ser nombrado jefe del departamento de Relaciones Exteriores en 1989.

El 25 de febrero de 1991 fue nombrado metropolita de Smolensk y Kaliningrado.

En los años noventa su reputación se vio empañada: mientras la Rusia postsoviética caía en el marasmo económico, la prensa le apodó el "metropolita del vodka", por las presuntas acusaciones de aprovecharse de las exenciones fiscales sobre el alcohol y el tabaco de que se beneficia la Iglesia ortodoxa. Estas últimas le valieron la reputación del "hombre más rico de la Iglesia ortodoxa rusa", recordó recientemente la publicación opositora Novaia Gazeta.

El nuevo Patriarca es un considerado un firme partidario del ecumenismo, al igual que el Papa Benedicto XVI, con el que se entrevistó en el Vaticano en 2007, lo que ha alimentado las esperanzas de que ambas iglesias superen el cisma que las separa desde 1054. Además, Kirill es partidario de convertir en obligatoria la asignatura de religión ortodoxa, pese a que en Rusia hay otras tres religiones oficiales (Islam, Judaísmo y Budismo), y de relajar ciertas costumbres para que los jóvenes regresen a las iglesias.

A partir de ahora, el 1 de febrero será fiesta de guardar para todos los ortodoxos.


MENSAJE DEL PAPA AL PATRIARCA RUSO CON MOTIVO DE SU ENTRONIZACIÓN

"Tengo serias esperanzas de que continuaremos cooperando"

CIUDAD DEL VATICANO, lunes 2 de febrero de 2009 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el texto completo del mensaje de Benedicto XVI a Su Santidad Kiril, nuevo patriarca de Moscú y de Todas las Rusias, con motivo de su entronización, que tuvo lugar este domingo 1 de febrero en la catedral de Cristo Salvador de la capital rusa.



A Su Santidad Kiril, patriarca de Moscú y de Todas las Rusias

Felicito a Su Santidad con alegría al asumir la gran responsabilidad de pastorear a la venerable Iglesia ortodoxa rusa. Recuerdo perfectamente la buena voluntad que ha caracterizado nuestros encuentros en la época de su servicio como presidente del Departamento de Relaciones Eclesiales Externas. Con ocasión de su entronización, deseo por tanto reafirmarle mi estima y mi cercanía espiritual.

Rezo para que el Padre celestial le conceda la abundancia de los dones del Espíritu Santo en su ministerio, que le capaciten para guiar a la Iglesia en la paz y el amor de Cristo.

Usted es ahora el sucesor de nuestro amado hermano de reverenciada memoria, Su Santidad Alejo II, que dejó a su pueblo una profunda y respetuosa herencia de renovación y desarrollo eclesial, al guiar a la Iglesia ortodoxa rusa fuera del largo y difícil periodo de sufrimiento bajo un sistema totalitario y ateo, a una nueva y activa presencia y servicio a la sociedad de hoy.

El patriarca Alejo II trabajó asiduamente por la unidad de la Iglesia ortodoxa rusa y por la comunión con las demás Iglesias ortodoxas. Al mismo tiempo, mantuvo un espíritu de apertura y cooperación con los demás cristianos, y particularmente con la Iglesia católica, para la defensa de los valores cristianos en Europa y en el mundo.

Estoy seguro de que Su Santidad continuará edificando sobre este sólido fundamento, por el bien de su pueblo y para beneficio de los cristianos de todas partes.

Como presidente del Departamento de Relaciones Eclesiales Externas, usted mismo desempeñó un papel relevante al forjar una nueva relación entre nuestras Iglesias, una relación basada en la amistad, en la mutua aceptación y el diálogo sincero al afrontar las dificultades de nuestro viaje común. Tengo serias esperanzas de que continuaremos cooperando para encontrar modos de fomentar y reforzar la comunión en el Cuerpo de Cristo, en fidelidad a la oración de nuestro Salvador de que todos sean uno, para que el mundo crea (cf. Jn 17:21).

Consciente de las enormes responsabilidades que acompañan el ministerio espiritual y pastoral al que el Espíritu Santo le ha llamado, renuevo a Su Santidad la seguridad de mis oraciones y buena voluntad fraterna. Pido al Dios Todopoderoso que le bendiga con su amor, que vele sobre la amada Iglesia rusa, y que sostenga a los obispos, sacerdotes y a todos los fieles en la esperanza que no falla, que es nuestra en Cristo Jesús.

En el Vaticano, a 28 de enero de 2009

BENEDICTUS PP. XVI



Митрополит Кирилл стал Патриархом Московским и всея Руси Ceremonia de entronización del Patriarca Kirill I. Resumen breve(05:29)

Церемония передачи патриарху Кириллу символов патриаршей власти Ceremonia de entronización del Patriarca Kirill I. Resumen breve(04:57)

Церемония передачи патриарху Кириллу символов патриаршей власти Ceremonia de entronización del Patriarca Kirill I (47:46)

Церемония передачи патриарху Кириллу символов патриаршей власти Ceremonia de entronización del Patriarca Kirill I (30:52)

Церемония передачи патриарху Кириллу символов патриаршей власти Ceremonia de entronización del Patriarca Kirill I (32:24)

Церемония передачи патриарху Кириллу символов патриаршей власти Ceremonia de entronización del Patriarca Kirill I (36:47)