01 diciembre 2008



El pincel celestial de Natalia Tsarkova

Entrevista con la artista rusa, pintora oficial del Papa

ROMA, domingo, 7 diciembre 2008 (ZENIT.org).- Rusa de nacimiento lleva casi una vida en Roma. Con tan sólo 5 años comenzó a pintar y a sus 41 años es una de las pintoras más importantes del mundo y no porque posea una barita mágica, todo lo contrario, la mayoría del día sus dedos sostienen un pincel que muchos considerarían de celestial por haberla ayudado a retratar a varios Papas, cardenales, obispos, familias reales, aristocráticos y personajes de la cultura y del espectáculo.





Y es que Natalia Tsarkova, mujer y ortodoxa, ya es conocida por todos como la retratista oficial de los Papas. Algún medio de comunicación ya la ha denominado como la Miguel Angel de siglo XXI. Natalia ha abierto las puertas de su casa en Roma a ZENIT. Un apartamento con vistas al Vaticano y lleno de cuadros que no permiten averiguar el color de las paredes. Ahí, entre lienzo y lienzo, hablando un italiano malo pero muy divertido, nos confiesa con humildad que el futuro no la preocupa y que tiene muy claro el mensaje que quiere que aporten sus cuadros.

¿Qué siente al ser la única pintora que retrata a su santidad el Papa?





Es un gran honor y sobre todo una gran responsabilidad y una gran alegría. Ser apreciada por los Papas para retratarlos, como le pasó a Rafael, a Velázquez a Pedro de Cortona.




Para mí ha sido algo muy importante y además que ha cambiado mi vida. Me siento muy feliz, muy contenta y aún más al ser parte de la historia.

¿Por qué ha decidido retratar Papas y centrarse en el ambiente de Iglesia católica?

Creo que trabajar en la Iglesia, en este mundo espiritual viene de una serie de coincidencias que han sucedido en mi vida y creo que no suceden por que sí, diría que ha sido la divina providencia. He entendido que este es mi lugar y tengo que continuar este camino. Me siento preparada para ello y lo siento en el corazón, porque trabajar haciendo santos por ejemplo, trabajar de esta forma espiritual, me ha dado entender cómo es mi persona, mi espíritu, y entender mi fe, profundizando en ella. He podido aprender muchas cosas de mí misma.

¿Qué quiere conseguir con sus cuadros?

Quiero que un retrato aporte un mensaje de paz y de amor. Así que tiene que ser más que un retrato, una composición que ofrezca un mensaje e intento construir ese mensaje a partir de símbolos, colores o una posición. Como en el retrato del Papa Benedicto XVI, la capa roja como símbolo de la fe y el amor, el Espíritu Santo que ilumina el mundo, hay ángeles que toman vida y está el símbolo del diálogo con este mundo a través del libro, el discurso. Toda esta simbología crea el mensaje. Y yo quiero contribuir con mi pincel, aunque sea de forma pequeña, para conseguir la paz.

En uno de sus últimos cuadros, el retrato del padre Giaccomo, aparece un niño con síndrome de Down. ¿Cómo se inspira para retratar estos personajes?

Para mí es muy importante entender los personajes. Por esto me fui a atender a enfermos, a ayudar a Lourdes y a Loreto para entenderlos mejor. Siempre intento meterme dentro de la atmósfera. Cuando he tenido que representar la virtud de la caridad he ido a Tierra Santa para sentirlo ahí.

Hoy estudiamos a Miguel Ángel, Da Vinci y posiblemente las generaciones futuras estudien a Natalia Tsarkova. ¿Qué le pasa por la mente al pensar en esto?

Pintar estos cuadros es una gran satisfacción y una gran alegría. Pero me siento muy responsable al hacerlo. No pienso en esto, cuando hago un cuadro. Quiero que sea bello y el futuro ya se verá. No pienso que soy grande, sólo que tengo que crear un mensaje con cada cuadro. Quiero ayudar con mis cuadros a conseguir la paz y es un honor que me reciba el Santo Padre, por ejemplo cuando hice su retrato. Es siempre una emoción y una satisfacción.


La pintora rusa, Natalia Tsarkova, conocida como la retratista de los papas, entregó hoy 12 de diciembre en privado a Benedicto XVI el retrato que le ha realizado, tras la audiencia general de los miércoles, informaron fuentes vaticanas.




El cuadro le fue encargado a la pintora en ocasión del 80 cumpleaños del pontífice, celebrado el año pasado, por la asociación Patrons of the Arts in the Vatican Museum, creada para sostener cultural y económicamente las actividades de los museos vaticanos.

En el retrato de 180 centímetros de alto por 120 centímetros de ancho, Benedicto XVI aparece sentado en el trono que perteneció a León XIII con un libro con su escudo papal apoyado en el regazo y con la imagen de la basílica de San Pedro en el fondo.


El Papa Benedicto XVI ha bendecido el cuadro del P. Santiago De Ghazir


CIUDAD DEL VATICANO - El Santo Padre ha bendecido al término de la audiencia general del miércoles 21 de mayo, en el recinto contiguo al Aula Pablo VI, el cuadro del P. Santiago De Ghazir, imagen que será expuesta en la beatificación del capuchino, el próximo 22 de junio en Beirut.



Benedicto XVI ha admirado la obra – de la pintora rusa Natalia Tsarkova – en presencia de sor Marie Makhlouf, superiora general de las Hermanas Franciscanas de la Cruz del Líbano. Muy venerado en el País, Santiago De Ghazir Haddad (en el siglo Khalil) era nativo de Beirut. Sacerdote de la Orden de los HH. Menores Capuchinos – en la que entró a los 18 años –, nació el 1 de febrero de 1875 y murió en su ciudad natal el 26 de junio de 1954.

Siguiendo las huellas de San Francisco de Asís, el futuro beato libanés fue un incansable apóstol de la caridad, plasmada en su solicitud por las necesidades físicas y morales del prójimo. Para dar continuidad a su trabajo, fundó dicha congregación religiosa. Sor Marie Makhlouf ha llevado en el Vaticano, como don, una reliquia del hermano libanés incrustada en una cruz de oro. El Papa no ha podido esconder su aprecio por la pintura presentada y por la capacidad artística que demuestra.

De gran fuerza emotiva, la obra (cm 110 x 170) permite una lectura inmediata de la vida de Santiago De Ghazir. El sacerdote, en el centro, tiene la mirada serena y luminosa; entre sus dedos se entrevé la cruz del rosario gastada por las tantísimas veces como la había acariciado en oración. El cuadro del P. Santiago De Ghazir Haddad parte ahora para Beirut. Se colocará cerca de su tumba, en la iglesia de Santa María del Mar.

Natalia Fedorova Brovskaja, Profesora rusa testimonia en el Sínodo cómo descubrió a Dios en el arte

CIUDAD DEL VATICANO, viernes 17 de octubre de 2008 (ZENIT.org).-

Una profesora rusa ha testimoniado ante el Sínodo de los Obispos cómo el arte no sólo le ha llevado a descubrir a Dios, sino a experimentar su amor.

Natalia Fedorova Brovskaja, profesora de la Universidad Estatal Rusa de Humanidades y de la Academia Rusa de Bellas Artes ilustró a los obispos el fecundo testimonio de lectura espiritual de la Biblia.



"Para mí, el arte cristiano, especialmente los iconos rusos y los cuadros del Renacimiento italiano, se ha convertido en un camino hacia el espacio de la vida de Dios", confesó.

"Nací en la Unión Soviética, el país del ateísmo de estado. Nunca pensé en Dios y nadie me habló de Él, excepto las obras de arte, la música y la literatura".

"Hoy enseño Historia del arte. La principal pregunta que me planteo es qué métodos y qué concepción de la enseñanza pueden ayudar a mis alumnos a encontrar el amor de Dios a través de sus estudios", explicó.



"Es evidente: encontrarán a su Padre sólo si yo soy capaz de permanecer en el ámbito de Su Palabra. Pero ¿cómo permanecer allí durante una clase o un seminario, cuando hay que decidir sobre problemas profesionales concretos?", se preguntó.

Respondió ofreciendo tres pistas.

En primer lugar, "acoger la obra de arte en nuestro corazón como una oración del pintor. Enseñar a comprender que estamos inmersos en la atmósfera de esta oración, como un sacerdote para su celebración litúrgica está inmerso en la oración eterna de Cristo".

En segundo lugar, sugirió "contemplar la historia del arte con atención espiritual, intentando leer su profundo simbolismo religioso. Pienso que la Iglesia tendría que rezar constantemente por todos los maestros y los historiadores del arte, porque la vida del arte en el mundo es la historia sagrada de la misericordia de Dios".


En tercer lugar, propuso "mirar la persona del artista a la luz del amor de Dios. Vemos que con frecuencia la biografía del pintor es un viacrucis, y que el contenido de la cruz consiste en sus pecados, errores y tentaciones, que desgraciadamente son demasiado notorios. No todos los pintores vivieron como Fray Angélico".

"¿Por qué, a pesar de las oscuras circunstancias de su vida, supieron crear obras de alto valor espiritual?" El concepto de este fenómeno no es solamente científico", aclaró.



"Es una historia del arte como historia de la Palabra de Dios, la historia de la salvación, para la cual la Palabra Eterna --Jesucristo-- está dispuesta a sufrir, a ser crucificado y a morir en el alma de cada pintor, para hacer crecer su talento, que fue creado por el Padre como lenguaje de su Hijo predilecto".

29 octubre 2008

Los católicos rusos   tienen una importante misión ecuménica

El arzobispo de Moscú habló sobre cristianismo y secularización en la Rusia actual

ROMA, jueves 23 de octubre de 2008 (ZENIT.org).- El anuncio del Evangelio en medio de una sociedad en conflicto, los desafíos de la globalización y la secularización y el reto de un diálogo abierto entre cristianos fueron los temas que trató monseñor Paolo Pezzi, en su conferencia "Cristianismo y secularización en la Rusia de hoy", el pasado miércoles en Roma.



La charla estaba organizada por el centro internacional Comunión y Liberación de la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma, según informó L'Osservatore Romano en su edición italiana de este jueves. El prelado reside en Rusia desde hace 15 años y fue nombrado el año pasado arzobispo de "Madre de Dios" de Moscú por Benedicto XVI.

Monseñor Pezzi destacó durante su charla la enorme riqueza espiritual y cultural que hay en este país, pero también se refirió al sufrimiento que ha vivido esta nación en el curso de su historia, hecho que influye notablemente en la mentalidad y el comportamiento de sus habitantes, tanto colectiva como individualmente.

Acción pastoral

En cuanto al tema de la educación, el prelado reconoció el trabajo que la Iglesia ortodoxa realiza en este campo: "lo observamos en la pastoral juvenil, en e campo de la cultura teológica, en la elaboración de los fundamentos de una doctrina social", dijo.

También destacó la labor que realiza allí la minoría católica: "Un trabajo ecuménico porque a través de la conversión común a Cristo seamos siempre mayor testimonio al mundo de la unidad invocada de Cristo como el milagro supremo para que el mundo crea".

Respecto a este tema citó las palabras de Benedicto XVI en la encíclica Deus caritas esta: "No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva".
Saber dialogar

"Siempre hemos hablado y actuado dentro de un juicio sobre el presente". Monseñor Pezzi trajo a colación esta expresión de Don Giussiani, fundador del movimiento Comunión y Liberación.

También se refirió a una carta que recibió de un joven investigador en la que le decía que los hombres deben "encontrar sus orígenes comunes en la exigencia de la verdad, justicia, bondad, amor que constituyen el corazón del hombre". Y resaltó que el diálogo interreligioso debe hacerse siempre con caridad, con el sincero deseo de querer enriquecerse mutuamente. También debe hacerse con calma y sin precipitaciones.

"No se puede ocultar que las relaciones entre la Iglesia Católica y la iglesia más numerosa hoy existente en el interior de la ortodoxa siguen siendo muy complejas" pero señaló que "con buena voluntad no existen problemas irremediables entre los hermanos".

"Es esto lo que nos podrá ayudar después a comprender mejor la palabra "ecumenismo, en el valor que le dan el Evangelio y el Magisterio de la Iglesia".

El prelado resaltó en su conferencia cómo cada experiencia y carisma de la Iglesia pueden enriquecerla, hacerla más auténtica para que brille como un verdadero "cuerpo místico de Cristo", haciendo alusión a la figura que usa San Pablo en el primer capítulo a los Colosenses, a pesar de que siempre habrá en el interior de la Iglesia "divisiones y pecados".

"El ecumenismo parte de Cristo, que es el evento de la verdad de todo lo que es, de todo el tiempo, de todo el espacio, de toda la historia", señaló.
Carta del patriarca ruso Alejo II a Benedicto XVI


Testimonio común para proclamar el Evangelio al hombre de hoy

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 22 de octubre de 2008 (ZENIT.org).-
Publicamos la carta que ha escrito Alejo II, patriarca de Moscú y de todas las Rusias, a Benedicto XVI, en respuesta a la misiva que le había hecho llegar el Papa a través del cardenal Crescenzio Sepe, arzobispo de Nápoles, durante una visita a Moscú el miércoles 1 de octubre.




Santidad:

Deseo darle las gracias cordialmente por la carta que me ha enviado a través de su eminencia el cardenal Crescenzio Sepe, arzobispo de Nápoles, durante su visita a Moscú. En respuesta a las afectuosas palabras de su mensaje, también yo quiero expresar mi sentimientos de profundísima estima y sincera benevolencia.

Me alegran las crecientes perspectivas de desarrollo de buenas relaciones y una positiva cooperación entre nuestras dos Iglesias. La sólida base de esto está en nuestras raíces comunes y en nuestras posiciones convergentes sobre muchas cuestiones que hoy afligen al mundo.

Estoy convencido de que la revelación más grande del Evangelio, "Dios es amor" (1 Juan 4, 8) debería convertirse en una orientación vital para todos aquellos que se consideran seguidores de Cristo, pues sólo a través del testimonio de este misterio podemos superar la discordia y la alienación de este siglo, proclamando los valores eternos del cristianismo al mundo moderno.

Santidad, de todo corazón le deseo buena salud y la ayuda de Dios en su ministerio.

Con amor fraterno en el Señor,

Alejo II

Patriarca de Moscú y de todas las Rusias
Mensaje   del Papa al Patriarca de Moscú, Alejo II

CIUDAD DEL VATICANO, lunes 6 de octubre de 2008. 
Ofrecemos a continuación el texto íntegro del mensaje autógrafo del Papa Benedicto XVI al Patriarca de Moscú, Alejo II, entregado en la capital rusa por el cardenal Crescenzio Sepe, arzobispo de Nápoles, en visita oficial a Rusia, el pasado 1 de octubre. El original inglés se publicó en el diario vaticano L'Osservatore Romano, en su edición del pasado 4 de octubre.



A Su Santidad Alejo II, Patriarca de Moscú y de Todas las Rusias

La visita de Su Eminencia el cardenal Crescenzio Sepe, arzobispo de Nápoles, me ofrece la ocasión de hacer llegar a Su Santidad mis cordiales y fraternos saludos en el Señor. 

Siento un profundo afecto por todos los hermanos Ortodoxos, y me siento particularmente cercano a ellos en estos días recientes en el conflicto que ha causado un significativo sufrimiento a pueblos tan queridos para mí. 

Nunca dejo de ofrecer oraciones diariamente por la paz, pidiendo  al Señor que los llamamientos de Su Santidad para que termine toda hostilidad por el bien de las naciones sea escuchado. 

La Fe en nuestro Señor Jesucristo es un vínculo que une los corazones en un modo profundo, y nos invita a todos a reforzar nuestro compromiso de manifestar al mundo un testimonio compartido de convivencia en el respeto y la paz.

Nuestros tiempos, marcados tan a menudo por el conflicto y el dolor , hacen cada vez más necesario apresurar el camino hacia la unidad plena entre todos los discípulos de Cristo, para que el gozoso mensaje de la salvación se extienda a toda la humanidad.

Invocando sobre Su Santidad la protección maternal de María Madre de Dios, para que ella le guarde lleno de salud y le asista en su ministerio diario, le renuevo la seguridad de mi fraterna y sincera consideración.

En el Vaticano, 22 de septiembre de 2008


El Papa al Patriarca de Moscú: "apresurar el camino hacia la unidad"

CIUDAD DEL VATICANO, lunes 6 de octubre de 2008 (ZENIT.org) 
El Papa Benedicto XVI escribió personalmente un mensaje al Patriarca de Moscú, Alejo II, en el que le expone la importancia de "apresurar el camino hacia la unidad plena de todos los discípulos de Cristo".

Este testimonio de reconciliación, asegura el Papa, es cada vez más necesario "en nuestros tiempos, marcados tan a menudo por el conflicto y el dolor", para que "el gozoso mensaje de la salvación se extienda a toda la humanidad".

La carta le fue entregada a Su Santidad Alejo II por el arzobispo de Nápoles, cardenal Crescenzio Sepe, en visita oficial a Moscú invitado por el propio Patriarca y por el Metropolita Kirill. El purpurado entregó la carta, junto con una reliquia de san Genaro, durante una audiencia en el Kremlin que duró algo más de una hora, el pasado 2 de octubre.

En el mensaje, el Papa segura su " profundo afecto por todos los hermanos Ortodoxos", y afirma que "la Fe en nuestro Señor Jesucristo es un vínculo que une los corazones en un modo profundo, y nos invita a todos a reforzar nuestro compromiso de manifestar al mundo un testimonio compartido de convivencia en el respeto y la paz".

Especialmente, Benedicto XVI muestra su cercanía hacia las iglesias ortodoxas afectadas por el conflicto del Cáucaso, y añade que ofrece "oraciones diariamente por la paz, pidiendo al Señor que los llamamientos de Su Santidad para que termine toda hostilidad por el bien de las naciones sea escuchado".

En unas declaraciones a Radio Vaticano el mismo 2 de octubre, el cardenal Sepe explicó que la Iglesia católica y la ortodoxa están cada vez más cerca, "como subrayó con conmoción el propio Patriarca".

"La sensación es que se ha dado un paso bastante importante para crear un clima de cercanía y de mutuo respeto, de fraternidad y de amistad", añadió el purpurado.

Por su parte, monseñor Vincenzo Paglia, obispo de Terni y presidente de la Comisión para el Ecumenismo de la Conferencia Episcopal Italiana, presente durante el encuentro, explicó que el acercamiento "debe continuar, en este sentido, con encuentros entre los diversos pastores de ambas Iglesias".

En el camino hacia la unidad, añadió monseñor Paglia, "ya no bastan los encuentros entre los expertos", sino que el ecumenismo "es un acercamiento entre las Iglesias".

Por otro lado, el prelado subrayó que el ecumenismo es cada vez más "una exigencia de la sociedad contemporánea".

"Es cada vez más evidente la consonancia entre la Iglesia católica y la ortodoxa" ante los desafíos que plantea Europa y la sociedad contemporánea. "Ciertas fronteras y desafíos podemos afrontarlos sólo desde una perspectiva de unidad", subrayó.

30 septiembre 2008

Ortodoxos  y católicos   reflexionarán juntos sobre la figura del "padre espiritual"

El Monasterio de Bose acoge un congreso mundial sobre espiritualidad ortodoxa

MAGNANO, jueves, 18 septiembre 2008 (ZENIT.org).- El Monasterio de Bose (Italia) acoge desde hoy y hasta el próximo domingo un congreso ecuménico internacional de espiritualidad ortodoxa. En él participarán expertos del mundo académico, cultural y religioso procedentes de más de 20 países.

El congreso, con el título "Paternidad espiritual en la tradición ortodoxa", está patrocinado por el Patriarcado ecuménico de Constantinopla y por el Patriarcado de Moscú, que han enviado sendos mensajes de reconocimiento a los trabajos del encuentro.



El objetivo es, según los organizadores, "ofrecer una ocasión de intercambio fraterno y de reflexión compartida sobre temas esenciales de la vida espiritual, donde las tradiciones del Oriente y el Occidente cristiano encuentran a los profundos interrogantes del hombre moderno".

El prior y fundador de la comunidad monástica de Bose, Enzo Bianchi, explicaba ayer a Radio Vaticano que el tema del encuentro, la paternidad espiritual, está resurgiendo con fuerza tanto en la Iglesia católica como en la ortodoxa.

Se trata, explicó, de "un ministerio muy necesario en la vida eclesial, del que hoy incluso se percibe un renacimiento, tras la reacción de las generaciones precedentes de 'rebelión' contra 'el padre'. Hoy los jóvenes sienten la necesidad de alguien que, más experto, les acompañe en el seguimiento del Señor".

Bianchi afirmó compartir la afirmación de Benedicto XVI en Francia de que los tiempos actuales "son favorables para una vuelta a Dios".

"En estos momentos se empieza a sentir una verdadera sed de algo que vaya más allá de lo visible y lo efímero. Las nuevas generaciones han sido heridas por esta revolución contra el 'padre', porque de alguna manera, les ha dejado huérfanas".

Según Bianchi, los jóvenes de hoy "sienten la necesidad de volver a Dios, de sentir la paternidad espiritual. No olvidemos que el término con que Je´sus llamaba a Dios era precisamente 'Abbá', 'papá querido'. Y esta confianza, creo yo, los jóvenes la sienten como una nostalgia".

La Comunidad de Bose nació en 1965 fundada por su actual prior, Enzo Bianchi, como una comunidad cenobítica de hombres y mujeres de varias confesiones cristianas, según las enseñanzas de los santos Pacomio, Eleuterio y Basilio.

Los hermanos viven en castidad y oración, y se dedican al trabajo manual y a la oración. Especialmente se dedican a las labores del campo, a la producción de iconos y al estudio de la Sagrada Escritura.

El prior, Enzo Bianchi, ha sido nombrado por el Papa como experto para la próxima Asamblea general del Sínodo de los Obispos, que tendrá lugar en octubre.

Más información: www.monasterodibose.it

LA PATERNIDAD Y MATERNIDAD ESPIRITUAL, RESPUESTA A LA CRISIS DE SENTIDO

XVI Congreso Ecuménico de Espiritualidad Ortodoxa de Bose

ROMA, jueves 25 de septiembre de 2008 (ZENIT.org).- La crisis de la paternidad es una de las soluciones para superar la actual crisis espiritual y de sentido, han explicado participantes en un encuentro internacional de espiritualidad ortodoxa.
"Vivimos en una sociedad, una cultura moderna o postmoderna presa de una crisis de autoridad y en especial de la autoridad paterna. ¿Cómo repercute en la paternidad espiritual esta crisis? ¿Qué puede aprender la paternidad espiritual de la paternidad natural?", preguntó el padre Michel Van Parys, del monasterio de la Exaltación de la Santa Cruz de Chevetogne, Bélgica, al clausurar el XVI Congreso Ecuménico Internacional de espiritualidad ortodoxa celebrado en el monasterio de Bose, Italia.

Organizado por la misma comunidad monástica en colaboración y con el patrocinio conjunto del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla y del Patriarcado de Moscú, el congreso contó con la participación de exponentes del mundo académico, cultural y religioso provenientes de Francia, Alemania, Grecia, Italia, Rusia, Serbia, Bielorrusia, Ucrania, Rumanía, Bulgaria, Georgia, Líbano, Austria, Bélgica, Reino Unido, España, Suecia, Luxemburgo, Portugal, Estonia y República Checa.

En el congreso se aclaró que no hay una modalidad única de paternidad espiritual: "Hay una tradición de los padres del desierto --recordó Van Parys-- con algunos discípulos, lo que Juan Clímaco llama la vida en las comunidades eremíticas, pero existieron también los cenobitas y luego la tradición cenobítica de san Benito y de san Teodoro el Estudita (756-826), en las que el padre de la comunidad es padre para la comunidad y es padre para cada uno".

Además, añadió, "está la tradición de los padres espirituales de los laicos, desde los tiempos patrísticos, y la tradición dada a la Iglesia rusa por los sacerdotes casados".

A estas formas de paternidad espiritual, se añaden, como se subrayó en más de una ponencia en el congreso, las de la maternidad espiritual.

Según Nina Kauchtschischwili, miembro de la Comisión científica del congreso, "el concepto de maternidad espiritual tiene raíces remotas; se descubre por primera vez entre las monjas del desierto y se hace especialmente actual en el clima represivo del periodo soviético".

En aquel tiempo, confirmó la higúmena (superiora) Gavriila Gluchova de Grondo "quienes fueron llamados al cuidado y apoyo espiritual de los creyentes fueron hombres de ordenación monástica o laicos".

Entre ellos, recordó, "no pocos eran mujeres ancianas de pañuelo blanco a la cabeza, a menudo provenientes de familias campesinas", que "comprendían bien las necesidades y los problemas del hombre sencillo, hablaban un lenguaje cercano y así conservaron para nosotros a la santa Iglesia Ortodoxa Rusa".

Precisamente la experiencia de estas mujeres a menudo sencillas enseña cómo remediar la crisis de formación: "El testimonio de las monjas rusas y georgianas nos ha enseñado que el Espíritu Santo transmite la fe y la tradición en lo que es frágil y despreciable a los ojos de los potentes y los intelectuales del mundo".

"Ellas amaban, padecían con los demás, se mostraban infinitamente pacientes para llevar la cruz", añadió Gavriila Gluchova.

En efecto, "la tarea de los padres y de las madres espirituales es iniciar la ascesis interior, abrir un itinerario de oración continua y de caridad", aunque "ciertamente habrá que añadir a esto la formación en la lectura de la Escritura y los Santos Padres".

En este punto, surge la pregunta de si las ciencias humanas pueden ayudar a la formación de los padres espirituales.

"Algunos padres del desierto, en el siglo IV y V --subrayó Van Parys-- con un deseo de discernimiento y en el intento de clarificar las reglas de la lucha espiritual", "no dudaron en tomar las técnicas de análisis de la vida psíquica de los filósofos, que eran considerados como maestros de sabiduría".

"¿Abrieron por tanto la vía de algunas técnicas de guía espiritual, de aquellas que nosotros hoy llamaríamos ciencias humanas? ¿Qué podríamos hacer hoy en este campo sin traicionar la unicidad de la revelación cristiana y de la paternidad espiritual en Cristo?", se preguntó.

Más allá de las formas, de los instrumentos de formación, del papel en la Iglesia de los padres espirituales y de los límites de su autoridad sobre la conciencia de sus hijos espirituales, a qué imagen de padre hay referirse?

Según Van Parys, hay que mirar al padre de la parábola del hijo pródigo que "pierde al hijo menor pero respeta su libertad: es paciente, espera, ama, ya ha perdonado. Y la pregunta se hace más acuciante: ¿Perderá al hijo mayor a causa de los celos fraternos? ¡Gran problema ecuménico éste! ¿El hijo mayor aceptará entrar en la casa? Jesús no da respuestas, nos corresponde a nosotros responder".

24 julio 2008


Sacerdotes despedirán a selección olímpica de Rusia en el Kremlin

Moscú, 24 de julio, RIA Novosti. Alrededor de 300 atletas rusos se reunirán el 29 de julio en la Catedral de Asunción del Kremlin para recibir la bendición de cara a la Olimpíada de Pekín, comunicó hoy el arcipreste Nikolai Sokolov, capellán de la selección rusa.



"La Administración Presidencial, el Patriarcado y el Comité Olímpico lograron este año un acuerdo para que esta despedida tenga lugar en el Kremlin, por vez primera", señaló el sacerdote.


La Catedral de Asunción es históricamente el templo más importante de Rusia, puesto que allí reposan los restos de varios santos y antiguos príncipes de Moscú, recordó.

En las ocasiones anteriores, el oficio religioso de despedida de la selección se celebró en otras iglesias de Moscú.

Sokolov tiene a sus espaldas varias Olimpíadas y volverá a estar con la selección rusa durante los Juegos de Pekín, donde le ayudará otro sacerdote ortodoxo venido desde Hong Kong.

Son pocas las veces en que atletas acuden al capellán en plano individual pero sí le piden la celebración de un oficio "cuando al equipo nacional le espera una prueba seria o la final en alguna modalidad".

"Aún así, necesitamos estar siempre listos para ayudar a nuestros deportistas, a cualquier hora del día o de la noche", concluyó.

23 julio 2008

Sembradores de paz y de alegría


Primer año del Opus Dei en Rusia promueve el ecumenismo
Los pioneros de la prelatura en el país cuentan su experiencia a Zenit



MOSCÚ, martes, 22 julio 2008 (ZENIT.org).- El Opus Dei abrió casas en Rusia hace un año y ya es posible hacer un balance sobre el impulso que esto ha ofrecido al diálogo con los cristianos ortodoxos.


En el primer aniversario de esta presencia, se celebraron misas en torno a la memoria litúrgica de san Josemaría Escrivá, en Moscú, San Petersburgo, Nizhni Novgorod, Samara, Pushkin, Kolpino y Uhta.





En la ciudad de los zares, San Petersburgo, la ceremonia se celebró el mismo día del aniversario del fallecimiento del fundador del Opus Dei, el 26 de junio.

En Moscú la misa se celebró el lunes siguiente, presidida por el vicario del Opus Dei en Rusia, el sacerdote José Antonio Senovilla. En las dos celebraciones asistieron personas de diferentes confesiones religiosas. En Moscú, los fieles se acercaron después a venerar las reliquias del santo español.
Ya en 1955 Josemaría Escrivá rezaba para la futura expansión del Opus Dei en la Europa del Este.

Gabriela Santa María, una de las fieles que se han desplazado a Rusia en esta nueva labor apostólica, explica a Zenit que el arzobispo de Moscú encomendó a dos sacerdotes pertenecientes a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, - Alejandro Burgos y José Francisco Teijeiro- las parroquias de San Juan Bautista en Pushkin (dentro del Gran San Petersburgo) y de Santa Teresa de Lisieux en Komi (una República de un tamaño similar al de España, situada en la zona más al norte de la Rusia Europea, y limitando al este con los Urales).




El padre Alejandro Burgos cuenta a Zenit: "Rusia siempre ha sido un país cristiano y muy amante de María, que la ha protegido especialmente. La huella del comunismo ha sido muy profunda, pero actualmente existen bastantes elementos positivos: un tanto por ciento muy elevado de rusos ya está bautizado, no existe el laicismo asfixiante que mina la vida religiosa de Occidente".

"Por otro lado -prosigue- hablar de la fe en Rusia significa hablar de ecumenismo. Las relaciones personales no suelen ser malas entre católicos y ortodoxos. Podemos disfrutar de la pluralidad en la unidad, pues sentimos una gran unidad en la fe y una gran riqueza que cada confesión puede aportar a la otra".
Entre lo que más ha impresionado a los fieles del Opus Dei, es "la gran fe y la devoción de muchos fieles rusos que han sabido sacrificarse durante tantos años por Cristo".

"Aunque por ahora sea a poca escala, nosotros venimos con la ilusión de poder ser un apoyo para estos hermanos nuestros rusos y para la Iglesia en este país y aprender mucho de todos. Sabemos que nuestra labor aquí está comenzando, y que durante años muchos hombres y mujeres han vivido con mucho sacrificio para vivir su fe con integridad", cuenta Gabriela Santa María.

"Es esencial al espíritu cristiano, y por tanto al espíritu del Opus Dei, que todos busquemos lo que une, que procuremos trabajar y colaborar sinceramente con todos los hombres de buena voluntad en los muchos campos de interés común. Este modo de trabajar es lo que un mundo pluralista necesita con urgencia, y es lo que espera sobre todo de los cristianos, que hemos de ser sal y luz", añade.

"Con alegría podemos constatar que contamos en Rusia con la simpatía de muchas personas pertenecientes a la Iglesia Ortodoxa, e incluso de personas no cristianas que se sienten atraídas por el mensaje profundo y cercano de San Josemaría", coinciden los miembros del Opus Dei en Rusia.

Existe una biografía de San Josemaría en ruso, escrita por el cristiano ortodoxo Evgueny Pazukhin, quien afirma que "el mensaje de Josemaría Escrivá no es en modo alguno ajeno al mundo ruso. Rusia es tierra cristiana, la gente tiene la inquietud por Dios metida en el alma. Por eso, todo mensaje espiritual nos importa. Estamos llamados a ser otros 'Cristos', el mismo Cristo. Esta idea, sobre la que tanto insistió Josemaría Escrivá, gusta mucho en la teología ortodoxa".

Alexander Zorin, poeta ruso ortodoxo, se refería de esta forma a "Camino", el libro más conocido del fundador del Opus Dei: "Es mucho más que un texto. Es una orientación para la acción, que ayuda a encarnar en la vida cotidiana la Novedad del Evangelio, una Buena Nueva que le ha sido dada al hombre de todos los tiempos".

En este Año dedicado a san Pablo, que celebra tanto la Iglesia católica como la ortodoxa, "rezamos en especial por la unidad de los cristianos", explica Gabriela Santa María.


"Desde nuestra llegada a Moscú, hemos contado con la simpatía del Patriarcado, así lo expresaba por ejemplo, el vicepresidente del Departamento de Asuntos Eclesiásticos Exteriores del Patriarcado de Moscú, Arcipreste Vsevolod Chaplin, quien dio la bienvenida a la Prelatura personal del Opus Dei y señaló que su energía y fidelidad "a los ideales cristianos son merecedores de un gran respeto".

"El Opus Dei tiene como objetivo consolidar los valores cristianos en la sociedad actual, lo cual despierta nuestra simpatía", aseguró el Arcipreste en sus declaraciones", añade..
Por su parte el vicario del Opus Dei en Moscú, don José Antonio Senovilla García, manifestó que el Opus Dei ha ido a Rusia a "ayudar a la gente a ponerse delante de Jesucristo, y encontrar así a Dios en la vida ordinaria. Hemos venido a aprender del pueblo ruso".



Rusia, un país increíble
Gabi Gutiérrez es madrileño y desde hace un año vive en Moscú. En este vídeo-testimonio cuenta algunas de las experiencias vividas en este tiempo en el que se ha preparado para comenzar los estudios de Ingeniería Robótica.

22 julio 2008


Rusia: católicos y ortodoxos colaboran en la promoción de la familia


El vicario episcopal de Kaliningrado, monseñor Jerzy Steckiewicz, ha explicado que, en la actualidad, la promoción de la familia es el reto más importante que afronta la Iglesia en Rusia. Según ha señalado a la asociación católica internacional "Ayuda a la Iglesia Necesitada", la debilitación de la institución familiar es perjudicial para toda la sociedad, razón por la que una de las tareas más importantes de la Iglesia es apoyar a las familias.


El vicario episcopal de Kaliningrado, monseñor Jerzy Steckiewicz, ha explicado que, en la actualidad, la promoción de la familia es el reto más importante que afronta la Iglesia en Rusia.



Según ha señalado a la asociación católica internacional Ayuda a la Iglesia Necesitada, la debilitación de la institución familiar es perjudicial para toda la sociedad, razón por la que una de las tareas más importantes de la Iglesia es apoyar a las familias.

"Necesitamos familias felices que den testimonio de la fe", ha subrayado. Dado el alto índice de divorcios, la Iglesia rusa concede especial importancia a una buena preparación para el matrimonio. El prelado recalca que la familia debe ser verdadero hogar de amor, porque ello revierte en el futuro del país.

Informa que la Iglesia católica dirige en Kaliningrado un "centro de ayuda a las familias", donde se organizan ponencias y cursos de expertos sobre educación infantil, planificación familiar, pastoral matrimonial, etc.

Además, la Iglesia católica contribuye con numerosas actividades al "Año de la Familia", declarado, para toda Rusia, por el ahora ex presidente Vladimir Putin, y también invita a clérigos ortodoxos a sus actos.

A monseñor Steckiewicz le satisface el hecho de que en Rusia se haya abierto un debate sobre el aborto. La Iglesia católica y la Iglesia Ortodoxa Rusa se esfuerzan por igual en concienciar a la gente del valor de la vida, porque en los tiempos comunistas el aborto era una forma de planificación familiar prácticamente normal.

El vicario episcopal explica que, en estos momentos, está naciendo la conciencia de que se trata de algo "grave y perjudicial", circunstancia que resulta esperanzadora, pues es importante que los cristianos católicos y ortodoxos defiendan conjuntamente el valor de la vida.



También señala que el contacto con la Iglesia Ruso-Ortodoxa es siempre muy positivo, y añade que es triste que los cristianos ortodoxos de su región dispongan de tan pocas iglesias. Según él, un importante elemento unificador de las Iglesias Ortodoxa Rusa y Católica reside en "asumir una responsabilidad sociocaritativa en los diferentes niveles de la sociedad desde un trasfondo de valores cristianos compartidos".

En Kaliningrado, que con un cinco por ciento de católicos es la zona con más representación católica de Rusia, se registran cada vez más bodas y bautizos católicos, informa el vicario episcopal.

En la ciudad y la región del mismo nombre, que hasta el fin de la II Guerra Mundial pertenecieron a Alemania, para después pasar a ser un enclave ruso con acceso al Mar Báltico ubicado entre Polonia y Lituania, estuvieron prohibidas todas las parroquias cristianas durante el comunismo. Hasta 1985 no se volvió a fundar una parroquia ortodoxa, y en 1991 surgieron una católica y una protestante. Actualmente, la región cuenta con 23 parroquias católicas.

El prelado señala que bodas, entierros y bautizos son una forma importante de volver a conducir a la fe a personas con antepasados católicos, porque aunque muchos sólo asistan a estas ceremonias por tratarse de familiares o amigos, la participación despierta en algunos el interés por la religión y el recuerdo de la fe que profesaron sus abuelos. Para transmitir la belleza de la fe, los sacerdotes se esfuerzan por organizar unas celebraciones hermosas y dignas.

A menudo, también los jóvenes que se bautizan hacen de multiplicadores, pues les hablan a amigos y familiares de sus experiencias, llegando así a personas con las que normalmente los sacerdotes no entrarían en contacto. El vicario general también recalca la importancia de la catequesis infantil, que frecuentemente reconduce también a los padres hacia la Iglesia.

A la pregunta sobre el número exacto de católicos en Kaliningrado, el vicario general, oriundo de Szczecin (noroeste de Polonia), responde con un guiño: "A eso les puedo contestar de forma muy precisa: ¡Cada vez son más!".

Sin embargo, también añade que faltan vocaciones nativas, y que la mayoría de los sacerdotes siguen siendo extranjeros.

El prelado precisa que, de momento, sólo hay tres sacerdotes oriundos de Kaliningrado, además de tres seminaristas y tres religiosas, y señala que también en el ámbito de la promoción de las vocaciones religiosas la Iglesia apuesta por la familia.

14 julio 2008

"De lo que más necesitamos en la comunidad católica de Rusia es ser cada vez más conscientes del don de la fe y de vivirlo misionariamente" - Entrevista de Agencia Fides a Su Exc. Mons. Paolo Pezzi, Arzobispo de la Arquidiócesis de la Madre de Dios en Moscú

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Su Exc. Mons Paolo Pezzi ha sido nombrado Arzobispo de la Arquidiócesis de la Madre de Dios en Moscú el 21 de septiembre del 2007 y recibió el Palio de manos del Santo Padre en la solemnidad de San Pedro y Pablo el pasado 29 de junio. Agencia Fides le dirigió algunas preguntas sobre la realidad social y religiosa en la que trabaja y sobre su experiencia en Rusia.

¿Cuál es la situación de la Iglesia y de la sociedad que encontró a su llegada a Rusia?


El don y la responsabilidad van siempre de la mano, al menos en mi vida, pero creo que se puede decir de todo y de todos; un don se pierde si no se da respuesta de él, sea un talento, una gracia, una capacidad expresiva que Dios puede dar. El don realmente florece –y se saborea su gusto- solo cuando se da respuesta del don que se ha recibido.

Para mi ha sido así, por ello la responsabilidad que vivo, la siento realmente, como una continuidad de Gracia para mi vida. La situación que he encontrado –que ya conocía en cierto modo pero se mira con ojos diversos según el don y la responsabilidad que Dios da- en lo que se refiere a la Iglesia, es el de una realidad pequeña numéricamente hablando, pero significativa por su fe.





De lo que más necesitamos en la comunidad católica de Rusia es ser cada vez más conscientes del don de la fe y de vivirlo en clave misionera, de ofrecer el don de la belleza del encuentro con Cristo a la gente que vemos. Esto hace mirar con gran piedad y atención a las personas que se encuentran, sin las preocupaciones de 'agrandar las propias filas', hace notar la gratitud de la realidad de la Iglesia Ortodoxa o de otras realidades que están presentes en mi diócesis, por ejemplo algunas comunidades luteranas.
El tipo de realidad social que he encontrado me ha mostrado, ciertamente, un factor decisivo: la necesidad de Cristo que tiene el ruso, más o menos conscientemente reclamado y pedido. Esta es la necesidad más grande, todos necesitan de Cristo.

¿Cuáles son los desafíos y las cuestiones más grandes que los católicos deben afrontar en un país tan complejo?
Se trata de ser conscientes de la propia fe. Entre las cuestiones, en primer lugar pondría la educación de la fe, para que se llegue a ser hombres de fe madura, responsables, capaces de responder por el bien, y por el bien común de la sociedad en la que se vive. Hombres capaces de hacer participar la propia fe en el campo social, económico, político, en las relaciones.
Una segunda cuestión, de no menor importancia, de ámbito operativo, es el aporte que podemos dar al reconstituirse y consolidarse de la realidad de la familia. Creo que un hombre no puede crecer de modo sano, desde todos los puntos de vista –humano, espiritual, psicológico y físico- sin una realidad estable. De darse lo opuesto, tendrá mayores dificultades que repercutirán en sus relaciones cotidianas, en su modo de vivir: en este sentido tenemos un gran aporte que ofrecer.

En tercer lugar me parece importante retomar la consciencia de la necesidad de una iniciativa caritativa, de gratuidad; el riesgo que corremos es el de pensar en la caridad como algo 'profesional', que debe suplir los vacíos, mientras creo que la caridad es en cambio una dimensión que debe ser vivida cotidianamente, que encuentra su plenitud sobre todo en el hacerse cargo de las necesidades del prójimo, desde el vecino a la familia, al colega, al compañero de colegio o universidad.

Ecumenismo y diálogo interreligioso: ¿Qué peso tienen en su servicio pastoral? ¿Existe un compromiso común y acordado de ambas Iglesias en este sentido? ¿Dialogáis?

Sí, dialogamos, y esto es un factor positivo; cuando se dialoga, existe siempre una posibilidad de conocer el otro y de enriquecimiento y sobre todo no se siente propietario en modo ideológico del bien, de la verdad, de cómo deben caminar las cosas. Por ello estoy contento, pues a pesar de todas las dificultades y en medio de estas, existe una posición de dialogo recíproca. En mi servicio pastoral el dialogo tiene un peso significativo: sobre todo porque tender a la unidad y por ello, cristianamente, tender a la plena comunión es inevitable, sería como vivir algo sin vivirlo o afirmar un principio abstracto.




El hombre vive, de facto, consciente o inconscientemente, tendiendo a la unidad. Cristianamente esto significa vivir con la consciencia de ser uno en Cristo y por lo tanto hacer todo lo posible por tender a Él. Si nosotros no lo ponemos en el primer lugar, no lo vivimos como prioridad, podemos decir que no vivimos el Cristianismo.

¿Qué se logra hacer? Si partimos de los resultados parecería que muy poco, por ello es necesario partir de los principios. Es posible, y ya se da, actuar en modo común en determinados aspectos de anuncio cristiano y por lo tanto vivirlo. Por ejemplo, es posible vivir en modo común la misma pasión para que el hombre encuentre a Cristo.
Es también posible realizar gestos, encuentros, momentos de anuncio, en modo común.
Existen además aspectos de la educación de la persona en los que nos encontramos: por ejemplo el valor de la familia, la necesidad de sostenerla, de educarla y de transmitirle el contenido cristiano que la haga consistente. El aspecto educativo caritativo nos permite una acción común, pero es necesario ser muy sinceros con los objetivos que queremos alcanzar y sobre el modo de hacerlo.

La reciente visita a la Federación Rusa del Card. Kasper, Presidente del Pontificio Consejo para la promoción de la unidad de los cristianos, ha dado una señal importante: ¿Qué ideas para el trabajo ha dejado para ambas Iglesias? ¿y para su apostolado personal?

Un aspecto que llamó mucho mi atención, y creo que hizo lo mismo en el ámbito de la ortodoxia, fue el ver en el Card. Kasper una posición de real interés por esta, que la ha llevado a salir al encuentro, a participar en las reuniones, con jóvenes, con la jerarquía, a ver más de cerca la realidad ortodoxa. He percibido este hecho como una provocación para hacer lo mismo, a continuar trabajando como él.
Me ha impresionado que incluso tratándose de una visita de carácter privado, el Cardenal haya tenido la posibilidad de reunir diversos ámbitos.
Un segundo punto de trabajo que he apropiado es que, donde sea posible, se debe buscar tener un contacto directo con la gente, se busque entrar en dialogo positivo con esta: el Cardenal me contó un interesante diálogo con algunos estudiantes ortodoxos, durante el cual le hicieron preguntas de profundo nivel, que realmente trataban de entender a la Iglesia Católica.

La posibilidad de un encuentro entre el Papa Benedicto XVI y Alexis II es verdaderamente un evento esperado, sin embargo es grande el trabajo que ya se hace por el dialogo: ¿corre este encuentro tal vez el riesgo de ser 'solamente' un evento asombroso?

Se camina en esta dirección, la de no hacer de este encuentro el evento mediático del siglo, sino un momento ciertamente significativo, que sea verdaderamente constructivo y lleve hacia una plena comunión. Del encuentro del Papa con el Patriarca tendremos seguramente un impulso en ese sentido. Por otro lado, si este encuentro no fuese preparado adecuadamente y terminase por hacer más dificultoso este camino, entonces lo justo es saber esperar. Cuando se quiere uno es capaz de esperar al otro.

Según usted, ¿podría ser útil partir de los aspectos comunes, por ejemplo la común devoción a la Virgen María, que une a cristianos y ortodoxos?

En la relación con los ortodoxos la devoción a la Virgen es un punto común y muy significativo. La atención que hay que dar, si bien recíproca pero más grande para nosotros católicos en Rusia, es el no hacer de una determinada forma y modalidad de devoción, algo que vaya contra el otro. Tanto en Oriente como en Occidente hemos desarrollado una profunda y enraizada y muy diversificada modalidad de devoción; es necesario que estas modalidades se encuentren en su origen.



Puede parecer banal, pero para nosotros es normal y parte de la devoción mariana la representación mediante estatuas u otras imágenes.

Esto está sustancialmente ausente en la ortodoxia, donde esta devoción se ha desarrollado mediante la veneración del ícono. Esto no quiere decir no usar estatuas o íconos, sino hacer que mi devoción salga al encuentro y pueda empalmar con la devoción del otro. Esto exige el aprender un gusto y una pasión por la devoción del otro, se refiere a un modo de rezar y de dirigirse a la Virgen. Es necesario que alguien lo haga. Podría resultar fácil, que al no desear aprender esta sensibilidad, que una cosa buena como el dirigirse a la Virgen, se convierta en algo que se usa contra el otro. Esto es absolutamente erróneo.

Mons. Pezzi, usted es un misionero, pertenece a la Fraternidad Sacerdotal de San Carlos Borromeo: ¿qué significa ser misionero en Rusia? La pasión por estas tierras – Rusia, Liberia – parece ser una pasión que lo acompaña desde los tiempos del Doctorado: ¿existe algún motivo particular?

La pasión misionera es parte de la naturaleza de la Iglesia en su totalidad y la del cristiano en cuanto tal. Todo bautizado es misionero, y en la medida en que no se es misionero, no vivimos el Bautismo. En este sentido la misión es el desarrollarse en la vida del don del Bautismo; podríamos decir que la misión es el desplegarse de la vocación que Dios le da a todo hombre.
Para mí es muy interesante el diálogo que existe entre la idea de misión que se ha desarrollado en la tradición latina, es decir llevar con la propia vida, la belleza, la verdad, la justicia, el gusto de la vida, que se encuentran en Cristo Jesús, con la idea, más típicamente oriental, de que la misión coincide con la transfiguración de la propia vida, es decir con la santidad, la propia vocación vivida.
Esto se convierte en una atracción para quien se encuentra, que permanece atraído por la belleza del cristianismo, así como se transfigura en mí.

Estos dos aspectos de un mismo camino, en mi vida los he asimilado casi por ósmosis, me han sido comunicados por mis maestros, por aquellas personas que he encontrado y han hecho para mí el Cristianismo una cosa pertinente a la vida, fascinante e interesante. Por lo tanto, en un cierto punto de mi vida, me adherí nuevamente al Cristianismo, con esta pasión: aquí está el origen de mi 'pasión' misionera.




La pasión por Rusia, en cambio, es casi casual: no había pensado nunca, o leído libros de Rusia en modo específico. Hay algunos signos en mi vida que me han llevado a esto: por ejemplo el ícono del Salvador de Rublev, que acompaña la vida de mi reencuentro con el Cristianismo, o la lectura de una cierta literatura religiosa del período soviético, que de muchacho me había impresionado por ese modo vivo de vivir la fe en condiciones difíciles. Signos que, quizás, no habrían tenido ninguna continuidad si no se me hubiese pedido: me preguntaron si estaba disponible porque se presentó la necesidad de un sacerdote, primero en Siberia, luego en Rusia europea.

Yo simplemente dije que sí, porque en mi vida siempre he dicho que sí, no se hacer muchas cosas. La cosa más importante es saber a quién se responde, cuando se sabe a quién se responde, diciendo que "sí", uno no se equivoca nunca. Y esto me ha hecho apasionarme por Rusia, por la tierra, la gente, la forma religiosa, el cristianismo vivido en la ortodoxia, por el canto, la música, la literatura de esta tierra y de esta gente.

31 mayo 2008

Benedicto XVI agradece los signos fraternos de la Iglesia ortodoxa rusa



En una carta a Alejo II, Patriarca ortodoxo de Moscú




CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 30 mayo 2008.- Gratitud por los gestos de fraternidad y amistad de la Iglesia ortodoxa rusa hacia la Iglesia católica, junto al renovado deseo de una plena comunión: es el contenido de la carta que ha enviado Benedicto XVI a Alejo II, Patriarca de Moscú y de todas las Rusias.

El presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, el cardenal Walter Kasper, hizo entrega de la misiva al patriarca ortodoxo el jueves, en el marco de un "cordial encuentro", confirma este viernes la Sala de Prensa de la Santa Sede.

El dicasterio comunicó el 21 de mayo el inicio del viaje del purpurado a la Federación Rusa por invitación del metropolita Kiril de Smolensk y Kaliningrado -presidente del departamento de Asuntos eclesiásticos externos del Patriarcado ortodoxo de Moscú-.

El itinerario -de nueve días- ha estado motivado por el encuentro del cardenal Kasper con la comunidad católica de Moscú y con altos representantes de la ortodoxia rusa, además de procurar tomar contacto con algunas de las riquezas religiosas y culturales de la tradición del país.

En su reunión con el patriarca Alejo II, el purpurado alemán entregó la carta en la que el Papa expresa su alegría "en la experiencia de la creciente cercanía entre nosotros, acompañada por el deseo compartido de promover auténticos valores cristianos y de testimoniar a Nuestro Señor en una comunión aún más profunda".


El Santo Padre agradece la afectuosa acogida que la ortodoxia rusa ha dado al nuevo arzobispo católico de la archidiócesis de la Madre de Dios [en Moscú], monseñor Paolo Pezzi.
Igualmente muestra su reconocimiento por el "signo de fraternidad y de amistad hacia la Iglesia católica" que representa la invitación al cardenal Kasper.

El deseo de Benedicto XVI para Alejo II se expresa en forma de oración al Señor Resucitado: que "nos acerque más los unos a los otros, de forma que podamos recorrer juntos el camino hacia una plena comunión en Él".

En su cita con el Patriarca, el cardenal Kasper subrayó que estaba "muy contento del coloquio" y expresó la esperanza de que tal momento "favorezca el ulterior desarrollo de los contactos entre las dos Iglesias", confirma L'Osservatore Romano -edición diaria en lengua italiana, fechada el 31 de mayo, de publicación vespertina-.

Por su parte, Alejo II se mostró convencido de la "necesidad del diálogo ortodoxo-católico", recalcando que "las posturas de las dos Iglesias coinciden en muchos interrogantes que plantea el mundo contemporáneo, en particular en materia de moral, de las relaciones familiares y sociales, de los derechos humanos y de la bioética" -cita el diario de la Santa Sede-.

"Un signo de caridad y de benevolencia del Papa": así describe monseñor Pezzi la presencia del cardenal Kasper en tierra rusa.
Siguiendo las páginas romanas, en su homilía en la solemnidad del Corpus Domini -al presidir la Misa en la catedral católica de la Madre de Dios en Moscú- el purpurado alemán advirtió de la importancia -remitiéndose a las palabras de Jesús, "Que sean uno"- "de orar ininterrumpidamente".

"Y en cada celebración eucarística rogamos sobre todo por la paz y la unidad de la Iglesia, pero no sólo esto; debemos también permanecer activos, haciendo lo que podamos para preparar el camino de la recomposición de la unidad", añadió.
Tuvo también oportunidad de acudir a la universidad ortodoxa San Tikhon de Moscú, donde el presidente del dicasterio atendió las preguntas que le formularon los estudiantes.

En cuanto al diálogo teológico, según L'Osservatore Romano el cardenal Kasper recalcó: "No es suficiente que los teólogos y los obispos se encuentren; es más importante unir los pueblos"; "se puede preparar la unidad, pero no organizarla", porque "es un don del Espíritu Santo". "Podemos solamente orar para que se realice", insistió.

Y quiso aclarar que "por unidad no se debe absolutamente entender unificación", pues "la Iglesia puede ser una unidad en la diversidad, o mejor, una diversidad en la unidad".
El diario de la Santa Sede enmarca la visita del purpurado "en la continuidad del diálogo ecuménico entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa".




Carta de Benedicto XVI a Alejo II, Patriarca ortodoxo de Moscú

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 30 mayo 2008.- Publico la carta que el Santo Padre Benedicto XVI ha enviado a Su Santidad Alejo II, Patriarca [ortodoxo] de Moscú y de todas las Rusias.

En propia mano ha hecho entrega de la misiva, el jueves en Moscú, el cardenal Walter Kasper -presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos-. La Sala de Prensa de la Santa Sede ha difundido su contenido este viernes.

A Su Santidad Alejo II
Patriarca de Moscú y de todas las Rusias
La visita a Rusia de Su Eminencia el cardenal Walter Kasper me ofrece la feliz oportunidad de saludarle cordialmente, de expresarle mi estima por su ministerio en la Iglesia ortodoxa rusa y de reafirmar mi aprecio por su compromiso en la promoción de las relaciones entre católicos y ortodoxos. Con alegría pienso en la experiencia de la creciente cercanía entre nosotros, acompañada por el deseo compartido de promover auténticos valores cristianos y de testimoniar a Nuestro Señor en una comunión aún más profunda. Pienso con gratitud en su reciente visita a Estrasburgo y a París y en la afectuosa acogida dispensada al arzobispo católico de la archidiócesis de la Madre de Dios en Moscú en el curso de las celebraciones de Navidad del pasado año.

Otro signo de fraternidad y de amistad hacia la Iglesia católica es la invitación formulada al cardenal Kasper por parte de Su Eminencia Kiril, metropolita de Smolensk y Kaliningrado, presidente del departamento de Asuntos eclesiásticos externos del Patriarcado de Moscú, a visitar esa eparquía con ocasión de su onomástico. No es sólo una manifestación de buena voluntad personal, sino también un gesto hacia la Iglesia católica que el cardenal Kasper representa.

Durante su estancia en Rusia, el cardenal Kasper visitará Kazán para venerar el icono de la Madre de Dios que mi amado predecesor, el Papa Juan Pablo II, le entregó, Santidad, a través del cardenal Kasper, quien acompañó de nuevo a la imagen sagrada a su tierra de origen. Este icono se parece a todas las demás venerables imágenes de la Madre de Dios y como tal es un poderoso signo de la cercanía que existe entre nosotros. Ofrece también una oportunidad de encuentro con los musulmanes que muestran gran respeto por María, la Madre de Dios. Su Santidad cada vez se ha comprometido más en el diálogo con los demás cristianos y con miembros de otras religiones, y es con profunda gratitud que he seguido, con interés orante, las señales de amistad y de confianza que su Iglesia y sus representantes han manifestado en diversos modos.

Agradecido por su empeño en el diálogo con los diferentes organismos eclesiales, religiosos y sociales, formulo, en este tiempo pascual, mis mejores y afectuosos deseos por su ministerio, confiando al Señor mi oración para que el gran misterio de nuestra salvación, la muerte y la resurrección de Nuestro Señor, guíe más profundamente su vida y su servicio a la Iglesia. Que el Señor resucitado le conceda salud, paz y alegría interior y nos acerque más los unos a los otros, de forma que podamos recorrer juntos el camino hacia una plena comunión en Él.

En el Vaticano, 19 de mayo de 2008

BENEDICTUS PP. XVI

08 mayo 2008


El Papa renueva el compromiso ecuménico al recibir al patriarca armenio

Insiste en la importancia de la unidad para que los cristianos sean signo del amor de Dios

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 7 mayo 2008.- Benedicto XVI renovó este miércoles su compromiso por buscar la unidad entre los cristianos, una de las prioridades de este pontificado, al recibir a Su Santidad Karekin II patriarca supremo y catholicos de todos los armenios.


Su Santidad Karekin II

El Papa pidió las oraciones de todos los cristianos «para que en el servicio común y generoso al Evangelio puedan ser en el mundo signo del amor de Dios por la humanidad».

El pontífice hizo una excepción y quiso dedicar la tradicional audiencia general, celebrada en la plaza de San Pedro con la participación de más de 20.000 peregrinos, a reflexionar junto a su insigne huésped sobre el camino de la unidad en vísperas de la solemnidad de Pentecostés, que la Iglesia celebrará este domingo.

El camino en la historia de la Iglesia armenia se separó de Roma tras el Concilio de Calcedonia (año 451). Un paso decisivo para superar esta división se dio en 1996, cuando Juan Pablo II y el anterior patriarca apostólico armenio, Karekin I, firmaron una declaración conjunta que superaba malentendidos sobre la naturaleza de Jesús.

Juan Pablo II visitó Armenia, en 2001 como gesto de agradecimiento de la visita a Roma del catholicos, quien estuvo también presente en Roma con motivo del funeral del anterior Papa.

Como gesto de este acercamiento, recientemente se colocó en un nicho exterior de la Basílica de San Pedro una bella estatua de san Gregorio el Iluminador, fundador de la Iglesia Armenia.
«Nos ayuda a recordar las duras persecuciones que han sufrido los cristianos armenios, en particular, durante el último siglo. Los numerosos mártires de Armenia son un signo del poder del Espíritu Santo que actúa en tiempos de oscuridad, y prenda de esperanza para los cristianos de todas las partes del mundo», reconoció el Papa en el saludo inicial que dirigió al patriarca en inglés.

El Papa recordó que en su viaje de abril a los Estados Unidos ha vuelto a relanzar la urgencia de la búsqueda de la unidad de los cristianos, recuperando la centralidad de la oración en el movimiento ecuménico.

«En este tiempo de globalización, y al mismo tiempo de fragmentación, "sin plegaria, las estructuras, las instituciones y los programas ecuménicos quedarían despojados de su corazón y de su alma"».

Por su parte, en sus palabras de respuesta, Karekin II explicó que visita la ciudad eterna de para dar testimonio del «amor divinamente ordenado entre las Iglesias católica y armenia».

«A pesar de que en la historia hemos recorrido diferentes caminos y vivido diferentes experiencias espirituales, somos hijos del único Dios y todos somos hermanos y hermanas en su santo amor. En nuestra diversidad está nuestra unidad de amor, testimonio auténtico del hecho de que somos hijos de Dios», añadió el patriarca.

Antes del encuentro con el Papa, en la audiencia general, el catholicos había pasado unos momentos en oración ante la tumba de San Pedro y ante la de Juan Pablo II.

El patriarca recibió este miércoles en la Pontificia Universidad Salesiana el doctorado honoris causa en Teología de la pastoral juvenil.



Colaboración ecuménica e interreligiosa: aliento del Papa a los obispos del Cáucaso


Recibidos en su visita «ad limina Apostolorum»


CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 24 abril 2008.- Intensificar la colaboración ecuménica e interreligiosa y trabajar, más allá de las diversidades, en la construcción de una sociedad de justicia y de paz: es la exhortación del Papa a los obispos del Cáucaso meridional.





La quinquenal visita «ad limina Apsotolorum» de los prelados ha dado oportunidad a Benedicto XVI de constatar la situación de esta región que, «tras la caída de la Unión Soviética», está conociendo «significativos cambios sociales en el camino del progreso», pero donde también persisten situaciones difíciles.
«Son muchos los pobres, los desocupados y los refugiados a los que las guerras han alejado de sus hogares» dejándoles en precariedad, lamentó el Santo Padre en su discurso, este jueves, a los obispos del Cáucaso.


«No pocos mártires de la fe» tiene la Iglesia en esta región, donde las convulsiones del pasado siglo sin embargo «no han apagado la llama del Evangelio», subrayó.

Varias indicaciones da el Papa a los pastores de la pequeña comunicad católica caucásica -de rito armenio, latino y caldeo-, que convive con ortodoxos, armenio-apostólicos, judíos y musulmanes.

«En tal contexto multi-religioso es importante que los católicos prosigan e intensifiquen cada vez más su colaboración con las otras Iglesias y también con los seguidores de otras religiones como ya sucede en muchas partes», exhorta Benedicto XVI.
Y anima a los prelados a que construyan en la región, «más allá de las diversidades, una sociedad donde reine la justicia y la paz».

Especialmente alude al diálogo en curso entre católicos y ortodoxos, declarando el deseo de que «crezca esa fraternidad que debe caracterizar las relaciones entre Iglesias respetuosas la una de la otra, a pesar de las diferencias aún existentes».

Apoya el Papa igualmente la aspiración de las comunidades católicas de la región «para que se les reconozca la personalidad jurídica en el respeto de la naturaleza propia de la Iglesia católica».

Y encomienda a los obispos en especial la promoción de las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada, así como el cuidado de las familias.

«Es necesario que en Armenia, en Azerbaiyán y en Georgia las futuras generaciones puedan contar con un clero que sea santo, que viva con alegría su vocación y que se dedique con generosidad a la atención de todos los fieles», advierte.

«Sostened a las familias» -les pide el Papa-, «que actualmente, a causa de la mentalidad inculcada en la sociedad y heredada del período comunista, encuentran no pocas dificultades y están marcadas por las heridas y los atentados contra la vida humana que desgraciadamente se registran en muchas otras partes del mundo».

Como «primeros responsables de la pastoral familiar», Benedicto XVI recuerda a los prelados la solicitud que les corresponde en la formación de los cónyuges cristianos, para que estos puedan «testimoniar el inestimable valor de la indisolubilidad y de la fidelidad matrimonial».
Igualmente les asegura su apoyo en su «fatigosa misión» episcopal.

«Sé cuánto celo arde en vuestro corazón y cuánto esfuerzo realizáis para difundir el Evangelio de la esperanza. Me impresiona en particular la atención que, con diferentes actividades caritativas, brindáis a las necesidades de los pobres y de las personas en dificultad, gracias a la preciosa ayuda de religiosos, religiosas y laicos», admite.

«Y me agrada subrayar que tales actividades se desarrollan con espíritu evangélico -constata-, con la conciencia de que la caridad no es para la Iglesia una especie de actividad de asistencia social», sino que «pertenece a su naturaleza» y «es expresión irrenunciable de su propia esencia».
María, impulsora del ecumenismo


PAMPLONA, miércoles, 7 mayo 2008 .- María es «maestra y compañera en el camino» del ecumenismo, asegura la teóloga alemana Jutta Burggraf, especialista en Teología de la creación, Teología ecuménica y Teología feminista.
Burggraf es doctora en Psicopedagogía, doctora en Sagrada Teología y profesora agregada de Teología dogmática en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y ha estado en Roma recientemente para presentar el «Diccionario de Teología» de la Editorial EUNSA.




¿Puede María impulsar el ecumenismo?

Ciertamente. No podemos olvidar que el verdadero protagonista del movimiento ecuménico es el Espíritu Santo. Por tanto, es aconsejable que una persona que quiere trabajar en serio por la unidad de los cristianos, tome a María como maestra y compañera en el camino: su docilidad al Espíritu puede considerarse el núcleo íntimo de una auténtica actitud ecuménica.






Icono de la Madre de Dios de Fátima "En Ti la Unidad", que se venera en la iglesia católica de Tsarskoe Selo (Sant Petersburgo-Rusia)


La veneración a nuestra Madre se fundamenta en la Sagrada Escritura. María canta en el Magnificat: «Desde ahora, todas las generaciones me llamarán bienaventurada». Estas palabras son una profecía y, a la vez, una misión para la Iglesia de todos los tiempos.

Los cristianos no inventaron nada nuevo cuando comenzaron a alabar a María. En cambio, descuidarían algo que les fue encomendado, si no lo hicieran. Se alejarían de la palabra bíblica, y no glorificarían a Dios tal como Él quiere ser glorificado.

¿María es protagonista de fiestas litúrgicas no sólo en la tradición católica?

En los tiempos anteriores a las grandes separaciones de Oriente (siglo XI) y de Occidente (siglo XVI), las primeras generaciones cristianas habían ya empezado a celebrar algunas fiestas marianas. Así, por ejemplo, la fiesta de la Dormición es conocida en Jerusalén en el siglo VI, y en Constantinopla hacia el año 600. Como se supone que María murió muy suavemente, con mucha paz y con la gran alegría de unirse con su Hijo, no se habla de «muerte», sino de «Dormición».) Tanto los ortodoxos como los musulmanes celebran hoy esta fiesta el 22 de agosto, y la preparan con 15 días de ayuno. Hacia finales del siglo VII, fue introducida en Roma, donde pasó a llamarse «Asunción de Santa María».

En el siglo VIII, se celebraba en Oriente la fiesta de la Inmaculada Concepción, sin dar muchas explicaciones teológicas al respecto: el pensamiento oriental prefiere el misterio, el occidental, en cambio, la claridad analítica. También Lutero fue favorable a esta fiesta. Además, el reformador solía cantar el «Magnificat» cada día, según cuenta la tradición.

Hablemos algo más sobre los ortodoxos y su veneración a María.

Para los ortodoxos, el primer título de María es Theotokos, «Madre de Dios», usado frecuentemente en los himnos y en las ricas obras iconográficas. El himno Akathistos (que literalmente significa «estando de pie», porque se canta en esta posición) es el himno mariano más famoso en Oriente. Ha sido compuesto a finales del siglo V por un autor desconocido. Como dice un escritor moderno, está bien que el himno sea anónimo. «Así es de todos, porque es de la Iglesia».

Hay, además, un rasgo común a casi todos los iconos de la Virgen en Oriente. María es representada como Madre de Dios que lleva al Niño Jesús en los brazos. Estas imágenes confiesan la fe en la maternidad divina de María.

La veneración a María no sólo se muestra en abundantes y solemnes fiestas durante el transcurso del año litúrgico. Aparte de las 32 fiestas de los coptos, la liturgia etíope celebra, por ejemplo, el 10 de febrero la Consagración de todas las iglesias del mundo a María. Los ortodoxos tienen también innumerables advocaciones, con las que se dirigen a la Madre de Dios: «María, Madre del Astro que nunca se pone», «Aurora del místico día», «Oriente del sol de gloria».

Desde el siglo XIV, el monte Athos es el principal foco de espiritualidad monástica en Oriente. Según una antigua leyenda, la Virgen María se había refugiado allí, junto con el evangelista San Juan, porque les había sorprendido un temporal durante un viaje por mar hacia Chipre. Y María había escuchado una voz: «Este lugar es tu propiedad, tu jardín, tu paraíso; y es además un puerto de salvación para los que quieren ser salvados».

¿Y la actitud de los protestantes con respecto a María?

Algunos han dicho que, con la veneración de María, los cristianos habrían «caído», desde la altura de la veneración del único Dios, a la alabanza del ser humano. En realidad, no es así. Cuando alabamos a María, veneramos a Dios. Quien alaba una obra de arte, alaba al artista que la ha hecho. Si estoy fascinada con las pinturas «El aguador de Sevilla» o «Las Meninas», la alabanza recae en Diego Velázquez que las realizó.

La Iglesia venera en María la realización más perfecta de la obediencia en la fe. Esto es algo que pueden aceptar también los cristianos evangélicos y, de hecho, muchos lo afirman cada vez más claramente. No quiere decir que la Madre de Jesús -como la llaman los protestantes- haya sido un instrumento pasivo en las manos de Dios.

Al contrario, su entrega humilde y obediente sólo fue posible gracias a una gran actividad interior que manifiesta, a su vez, libertad y madurez. Pues sólo una persona que es «dueña» de sí misma, puede darse alegremente a los demás. Sólo a quien se siente auténticamente libre, no le molesta ser «esclava».

María no fue pasiva, sino receptiva; estuvo dispuesta a recibir los dones divinos. Esta actitud constituye una condición necesaria para llevar una vida cristiana: quien no deja entrar a Dios en su vida, no puede recibir la fe ni las demás gracias, y tampoco puede desarrollar plenamente sus capacidades. La esclava del Señor es también la reina de los cielos.

Obediencia y sencillez no tienen nada que ver con una cierta inferioridad o timidez. El Papa Pablo VI resaltó hace unas décadas que María era «una mujer fuerte que conocía pobreza y sufrimiento, huida y exilio.» No vaciló en cantar con audacia que Dios viene en ayuda de los humildes y oprimidos, y derroca a los poderosos de su trono.

María, en efecto, «revolucionó» el orden establecido y colaboró poderosamente en nuestra liberación. Pero la «revolución» iniciada a través de ella, no forma parte de un concepto político. Es mucho más radical que cualquier acontecimiento exterior, porque comienza en el núcleo de nuestra intimidad: nos trae la liberación de los pecados, la conversión del corazón y la transformación de nuestra mentalidad.

A la vez, María nos revela «el rostro materno de Dios». Nos hace más fácil comprender la ternura y bondad divinas, tal como también otras personas que viven en unión con Dios.
El teólogo protestante Helmut Thielicke cuenta en su autobiografía que, en una visita que hizo a un convento católico en Austria, las religiosas le causaron una gran impresión. Lo describe así: «Mi espíritu se elevó -dice-, mientras paseaba mi mirada por los diferentes rostros allí congregados. Todas ellas parecían tener rasgos únicos, eran una especie de trabajo artesanal -primoroso- de Dios.... No había rastro de un patrón de fisonomías de moda, imitación o uniformidad... Me impresionó especialmente la belleza de estos rostros tan mayores, que habían sido moldeados por el Espíritu».