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31 octubre 2011

RUSIA RECUERDA A LAS VÍCTIMAS DEL TERROR ESTALINISTA CON NOMBRES Y APELLIDOS


La memoria no tiene fecha de caducidad. El 30 de octubre Rusia celebra el Día de la Memoria de las Víctimas de las Represalias Políticas, que quedó fijado oficialmente en el calendario ruso hace 20 años en recuerdo de las personas afectadas por las persecuciones políticas durante la época estalinista.







En vísperas de la fecha los represaliados que aún viven y sus familiares se reúnen junto a la Piedra Solovetski, un sencillo monumento instalado hace 21 años frente a la que fue sede del KGB (los servicios secretos soviéticos) en la céntrica plaza moscovita de Lubianka.



Moscú, la plaza Lubianka, cerca de la Piedra de Solovkí / RIA Novosti


El monumento consta de una piedra procedente de uno de los campos soviéticos de trabajos forzados más antiguos, el Solovetski, en las islas homónimas que se encuentran al norte de Rusia, en el Mar Blanco. Durante los 10 años que se mantuvo activo el campo, entre 1923 y 1933, cobraron vidas de 7.500 reclusos, según la cifra oficial. La Piedra fue instalada en el mismo lugar donde se erigía en la época soviética el monumento a Félix Dzerzhinski, fundador de la Cheká ('Comisión Extraordinaria'), la primera organización de inteligencia política y militar soviética destinada a "suprimir y liquidar" todo acto "contrarrevolucionario".

Diez horas para leer la lista de las víctimas

Desde las 10.00 hasta las 22.00 del día 30, frente de la Piedra los visitantes van a leer una lista con los nombres de los represaliados. El ritual, que se denomina 'Recuperación de los nombres' se repite cada año desde 2006. Todo el que lo desee puede participar en el acto e inscribir en la lista el nombre de un familiar que falleció en las represiones.

Este año, por primera vez, este mismo ritual tendrá lugar en San Petersburgo, en el cementerio Levashovskoe, una zona bajo control del KGB que permaneció clasificada hasta 1989. Aquí están enterradas unas 45.000 víctimas de las represiones políticas de los años 1937-1954.



San Petersburgo, “El Erial Levashovo” / RIA Novosti



Según comenta Arseni Roguinski, presidente de la organización de la defensa de los derechos humanos 'Memorial', "el estado totalitario no simplemente mataba: quería exterminar cualquier memoria sobre esta gente para que ni siquiera sus nombres se quedaran para el futuro. Leerlos es nuestro modo de negar una dictadura y luchar por la dignidad humana”.

De acuerdo con la cifra del director del Instituto de Demografía de Rusia, Anatoli Vishnevski, entre los años 1920 y 1953 unos 30 millones de personas recibieron condenas carcelarias de un cuarto de siglo y más, mientras que otros 40 millones recibieron condenas 'más suaves'. Otros 6,4 millones fueron mandados al exilio a lugares remotos del país, como Siberia u Oriente Lejano. Según estimaciones aproximadas, el número de los ejecutados y de los que murieron encarcelados puede variar entre 4 y 6 millones de personas.

La 'familia' de los represaliados

En la mayoría de los casos, no sólo el presunto 'culpable' recibía su condena, sino toda su familia. Si, por casualidad, los familiares del condenado quedaban en libertad, los mandaban al exilio. Los pocos que lograban quedarse, debían firmar un documento oficial donde 'rechazaban' a su pariente proclamándolo 'enemigo de clase', momento a partir del cual debían abstenerse de solicitar información alguna sobre su destino. Quienes no lo hacían, no podían continuar sus estudios, ni conservar su trabajo.

"Una noche de 1937 vinieron a por mi padre. Jamás volvieron a verle. Mi madrastra trató de averiguar qué le había pasado, pero le dijeron: 'si sigues preguntando, tú y tus hijos le seguiréis", recuerda Nina Bodanova.

Gueliana Sokólnikova, la hija de otra familia reprimida, aún no puede olvidar el día que le arrebataron a su padre. "Cuando lo arrestaron yo tenía dos años. A mi mamá, mi abuela y a mí nos dijeron que tenemos que abandonar nuestra casa en 24 horas. Nos propusieron varias ciudades y mamá eligió Semipalatinsk, en Kazajistán. ¿Y sabe por qué? Por que allí, después de cumplir con su condena de trabajos forzados, había vivido Fiódor Dostoevski”, confiesa.

"Fuimos allí, pero muy pronto arrestaron a mamá. La condenaron a 8 años, pero empezó la guerra y ella salió en libertad sólo al cabo de 11 años. Estuvo con nosotros como un año y la volvieron a detener para otros 10 años", prosigue Sokólnikova. "Yo jamás me inscribí en el komsomol. Todos me miraban raro, pero yo no podía. Hubiera tenido que contar mi vida ante todo el mundo y pronunciar en voz alta que soy una hija de enemigos del pueblo. No podía hacerlo", confiesa la mujer.

La complejidad del recuento

Los historiadores consideran imposible a día de hoy hacer cálculos más precisos del número de víctimas de las represalias, entre otras razones porque una gran parte de los documentos sigue clasificada. Otra causa reside en los diferentes métodos de sistematización de las víctimas. Hay especialistas que consideran que la categoría de los represaliados sólo debe abarcar a quienes fueron condenados por la así llamada 'actividad contrarrevolucionaria'. Pero otros incluyen también a los campesinos ricos declarados por las autoridades como 'enemigos de clase' y a los condenados a campos de concentración por robar comida o trigo durante la gran hambruna de los años 1930.

Otra categoría que no siempre se toma en consideración y es difícil de calcular son los niños de padres represaliados que acabaron en los orfanatos. Según era costumbre en aquella época, a los pequeños les cambiaban los nombres para que se desvíncularan para siempre de los 'enemigos'. "Mi padre fue detenido en enero de 1937. En septiembre arrestaron a mi madre. Y luego vinieron a por mí. Yo tenía 11 años. Grité, lloré, pero me decían: ‘Cálmate, ahora vas a ver a tu mamá’. Pero no fue así", relata Vladímir Blok.

Vladímir también recuerda con el corzón en un puño su terrible pasado de niño huérfano durante el estalinismo: "Me llevaron a un 'puesto de transición' ubicado en un monasterio antiguo de Moscú. En la cámara donde me pusieron vi a otros niños, todos bien vestidos y muy asustados. Luego nos reunieron a todos en el patio y nos dijeron: 'Todos vosotros sois hijos de enemigos del pueblo. Vais a ir a orfanatos para aprender a trabajar para el bien de nuestro gran país y del padre de los pueblos el camarada Stalin'. Nos explicaron que, a diferencia de nuestros padres, tendríamos que ser 'constructores' dignos del socialismo (...). Al cabo de dos meses me llevaron a un despacho donde me dijeron que tenía que rechazar por escrito a mis padres. Empecé a llorar y a gritar que quiero ver a mi madre. Luego supe que muchos niños firmaron un documento así".

Hoy todavía viven unas 800.000 víctimas de las represalias, de las que 24.138 viven en Moscú y 13.900 en San Petersburgo.


La cronología de las represalias bolcheviques:

- Represalias presoviéticas (1918-1922): aparte de los enemigos políticos de los bolcheviques se perseguía a policías, sacerdotes, terratenientes y negociantes. Sólo en 1918 fueron fusilados unos 3.000 sacerdotes.

- Represalias preestalinistas (1922-1927): un período relativamente 'tranquilo': 9 sacerdotes recibieron condenas penitenciarios, uno fue fusilado; 26 estudiantes fueron fusilados y 54 encarcelados por 'conspirar' contra las autoridades

- Represalias estalinistas (1927-1953): fusilamientos, encarcelamientos y exilios para la nobleza rusa, los judíos, los alemanes, los gitanos, sacerdotes, negociantes, campesinos ricos y luego también para los de clase media. Fueron montados numerosos casos contra doctores, comerciantes, científicos y militares por presunta 'manipulación' con fármacos, dinero o simplemente por espionaje.

- Represalias postestalinistas contra disidentes (1956-1987): entre 8.100 y 13.500 personas, según diferentes estimaciones, fueron represaliadas como "peligrosos políticamente".



El Día de la Memoria de las Víctimas de las Represiones Políticas se conmemoró ayer sábado 29 de octubre en muchas localidades de Rusia donde ocurrieron fusilamientos de civiles, militares, campesinos y extranjeros: todos muertos en las masacres masivas de la época estalinista.

Este Día se conmemora oficialmente en el país desde 1991. Aquel año se abrieron los archivos de KGB, el servicio de inteligencia de la URSS, y se comenzaron a establecer monumentos conmemorativos a las víctimas de la grandes purgas de Stalin en los lugares donde hubo fusilamientos.

Los actos conmemorativos y requiems se han celebrado en numerosas poblaciones y ciudades de Rusia: Moscú, San Petersburgo, Samara, Novorossíysk, entre muchas otras.

En Moscú la gente rindió homenaje a los caídos en las represalias cerca de la Piedra de Solovkí, en la plaza Lubiánka, sitio donde hasta 1991 estaba ubicado el monumento a Félix Dzerzhinski, ex jefe de la KGB. Los moscovitas acudieron allí en marcos de la acción “El retorno de nombres”, organizada por el movimiento “Memorial”.




Imagen: RIA Novosti / Serguéi Ermojin



Se ofrendaron flores y se hizo un minuto de silencio por las víctimas. Los participantes de la acción “El retorno de nombres” desde la mañana hasta la noche, de forma alternada, han leído la lista de los que perecieron en las grandes purgas: el nombre, el apellido, la edad, la profesión, la fecha del fusilamiento.

Según datos de “Memorial”, en 1937 y 1938 solo en Moscú fueron asesinados más de 30 mil personas. Por todo el país, durante esos mismo dos años, se exterminó a más de 700 mil personas.



San Petersburgo, “El Erial Levashovo” / RIA Novosti


Los habitantes de San Petersburgo se reunieron en las cercanías de la ciudad, en el cementerio El Erial Levashovo, uno de lugares donde agentes estalinistas fusilaron a civiles habitantes de Leningrado; a los llamados kulaks o campesinos ricos; a oficiales militares que consideraban infieles al régimen estalinista; alemanes, polacos, rumanos y otros extranjeros que habitaron en la URSS, entre otros.

Este cementerio se mantuvo como secreto de la KGB hasta 1989. Allí están enterrados cerca de 47 mil víctimas de represiones políticas, asesinados entre 1937 y 1954.

Las grandes purgas de aquella época, denominadas el “gran terror”, fueron iniciadas por Stalin al final de la década del 30 y continuaron hasta septiembre de 1954, más de un año después de la muerte del líder en marzo de 1953.

En 1930, por iniciativa de Stalin fue creado el GULAG (Departamento Principal de Campamentos de Trabajo Correccionales). En estos campamentos durante los siguientes 20 años se mantuvo hasta a 2,5 millones de reclusos al mismo tiempo.

Desde la década del 30 fueron reprimidos millones de civiles, militares, campesinos, pueblos enteros fueron deportados por la KGB a los lugares de residencia permanente. En total, en los años del poder soviético fueron dictadas más de 50 millones de sentencias por motivos políticos.

“Hasta ahora solemos escuchar que esas innumerables víctimas estaban justificadas por ciertos valores superiores del Estado. Pero soy un convencido de que, en ningún país desarrollado, ningún éxito ni ambición puede ser alcanzado al precio del dolor humano y pérdidas. Nada puede ponerse por encima del valor de la vida humana y las represiones no tienen justificación”, escribió en su blog el presidente de Rusia, Dmitri Medvédev.


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01 diciembre 2008

Falleció el escritor ruso Alexander Solzhenitsyn


El escritor Alexander Solzhenitsyn, autor de las crónicas de los horrores del gulag soviético y ganador del premio Nobel de Literatura, falleció el domingo 3 de agosto a los 89 años de un problema cardiaco, indicó su hijo, Stepan Solzhenitsyn.

Las descripciones que hizo el escritor de las torturas y supervivencia en los campos de trabajos forzados de la Unión Soviética sacudieron a sus compatriotas, tras dejar al descubierto la historia secreta del gobierno de José Stalin. Eso le granjeó 20 años de amargo exilio, así como el reconocimiento internacional. Sus crónicas probablemente inspiraron a millones de personas, al mostrar que el valor e integridad de una persona podía, a fin de cuentas, derrotar a la maquinaria totalitaria de un imperio.




A partir de 1962, con la novela corta "Un día en la vida de Iván Denisovich", Solzhenitsyn se dedicó a describir lo que llamó el “triturador de carne” humana que lo había atrapado junto con millones de otros ciudadanos soviéticos: arrestos arbitrarios, con frecuencia por razones triviales y aparentemente absurdas, a los que seguían sentencias a cumplir en campos esclavistas donde el frío, el hambre y el trabajo en condiciones penosas aplastaba a los internos física y espiritualmente.

Su trilogía Archipiélago Gulag, de la década de 1970, dejó impactados a los lectores por el salvajismo del Estado soviético bajo el gobierno del dictador Stalin, y ayudó a eliminar la inclinación que muchos intelectuales de izquierda aún tenían por la Unión Soviética, especialmente en Europa.

Pero su relato de ese sistema secreto de campos de prisioneros también fue inspirador en su descripción de cómo sobrevivió, física y espiritualmente, en un sistema penal lleno de enormes dificultades e injusticias que afectaban gravemente el alma humana.

Occidente le ofreció refugio y honores, pero su negativa a doblegarse a pesar de la enorme presión posiblemente también le dio el valor para criticar la cultura occidental por lo que él consideraba sus debilidades y decadencia.

Siempre crítico con el gobierno soviético, el Nobel regresó de su exilio de 24 años recién en 1994, luego de vivir en Suiza y en los Estados Unidos, donde ejerció como profesor en la prestigiosa Universidad de Stanford. Tras su regreso hizo un recorrido de 56 días a través de Rusia, para volverse a familiarizar con su tierra natal, pero posteriormente expresó su molestia y decepción de que la mayoría de sus compatriotas no hubieran leído sus libros.

Durante la década de 1990, sus puntos de vista firmemente nacionalistas, su devoción al cristianismo ortodoxo, su desdén por el capitalismo y su disgusto por los magnates que adquirieron industrias y recursos rusos a precios de ganga tras la caída del gobierno soviético estaban fuera de moda. Decidió desaparecer de la vida pública.

Pero bajo la presidencia de Vladimir Putin (2000-2008), la visión de Solzhenitsyn de Rusia como un bastión del cristianismo ortodoxo, como un lugar con una cultura y un destino únicos, volvió a destacarse.



Ahora Putin argumenta, como lo hizo Solzhenitsyn en un discurso en la Universidad de Harvard en 1978, que Rusia tiene una civilización distinta a la de Occidente, una que no puede reconciliarse ni con el comunismo ni con la democracia liberal al estilo occidental, sino que requiere un sistema adaptado a su historia y tradiciones.

“Cualquier cultura autónoma antigua con raíces profundas, especialmente si está extendida por una parte amplia de la superficie de la Tierra, constituye un mundo autónomo, lleno de enigmas y sorpresas para el pensamiento occidental”, afirmó Solzhenitsyn en su discurso. “Durante mil años Rusia ha pertenecido a una categoría así”.

Nacido el 11 de diciembre de 1918 en Kislovodsk, Solzhenitsyn fungió como capitán de artillería en el frente en la segunda guerra mundial, donde, en las últimas semanas de la guerra, fue arrestado por haber escrito lo que él llamó “ciertas afirmaciones irrespetuosas” sobre Stalin en una carta a un amigo, refiriéndose a él como “el hombre del bigote”. Estuvo siete años en un campo de trabajos forzados en las áridas estepas de Kazajstán y tres más en un exilio interno en el Asia Central.


Solzhenitsyn, la voz del genocidio estalinista

El escritor ruso dejó al descubierto la podredumbre de la mayor utopía política y social del siglo XX


Tan sólo unas 200 páginas pueden separar el anonimato de la gloria de un escritor, y eso fue lo que ocurrió con Alexander Isaevich Solzhenitsyn. Antes de que saliera a la luz "Un día en la vida de Ivan Denisovich" era una persona ignorada, un ex presidiario (lo cual en la URSS no era algo demasiado excepcional), un marginado aspirante a novelista del montón. Pero cuando el manuscrito de Un día..., empujado por manos amigas, cayó sobre la mesa del poeta Alexander Tvardovski, director de la revista literaria Novy Mir (Nuevo Mundo), la suerte de Solzhenitsyn giró en redondo.



Nada más leerlo, Tvardovski supo que había descubierto una obra maestra y luchó contra la censura para que fuese publicado. Era una etapa de deshielo, después de la denuncia de los crímenes de Stalin ante el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) a cargo de sus herederos. Con la aprobación personal de Jruschov, que quiso apuntarse el tanto a favor de la cultura, el libro fue publicado en la citada revista en noviembre de 1962.

Pronto fue un best-seller en toda la URSS y colocó a su autor, de golpe, en el panteón de los héroes literarios rusos. Contra lo que muchos pensaron, Un día... -como apunta el escritor eslovaco Pavel Lichko- no era el grito espontáneo de un alma atormentada por el dolor, sino «el producto de alguien que durante toda su vida se había preparado con conciencia y disciplina para la labor de escritor, y cuya vida había contribuido a forjarle para dicha profesión».

Matemáticas y física

Alexander Solzhenitsyn no había conocido a su padre, de ascendencia cosaca, que murió en un accidente casi al final de la I Guerra Mundial, siendo oficial de artillería, pocos meses antes de que el escritor naciera en Kislovodsk, sur de Rusia, el 11 de diciembre de 1918. La madre se encargó de la educación del niño Alexander en la ciudad de Rostov del Don. Allí, debido en parte a la frágil salud materna y a los problemas económicos, el muchacho empezó a estudiar matemáticas y física, aunque su vocación literaria fue temprana.

Ya en los años 30 intentó publicar algunos manuscritos, sin encontrar a nadie que quisiera aceptarlos. En 1941, unos días antes de que la guerra llegase a Rusia, Solzhenitsyn se graduó en la Universidad. Más tarde, confesaría que aunque le gustaban las ciencias exactas no estaba dispuesto a dedicarles toda su vida. Pero siempre les estuvo muy agradecido a las matemáticas porque le salvaron la vida, ya que le permitieron aliviar la mitad de su periodo de cautiverio, y luego el exilio en el pueblo de Kok Teren, al sur de Kazajistán, donde dio clases en una escuela primaria.

Llamado a filas, Solzhenitsyn combatió en la guerra, primero en el cuerpo de transportes y más tarde de oficial artillero.Participó en la mayor batalla de tanques de la Historia, en Kursk, y fue detenido en febrero de 1945 en el frente de Prusia Oriental, cerca de Königsberg (hoy Kaliningrado) poco antes de que empezara la ofensiva final del Ejército soviético que acabaría en Berlín.

El motivo de su desgracia era haber criticado a Stalin en cartas dirigidas a un amigo. «Me detuvieron por culpa de mi ingenuidad.Yo sabía que en las cartas del frente se prohibía hablar de los secretos militares, pero creía que estaba permitido pensar».En julio de ese año fue condenado, sin proceso, a ocho años de trabajos forzados y destierro a perpetuidad. «Nunca he considerado que era un condenado inocente, por cuanto había expresado unas ideas por entonces prohibidas», diría años después.

Lo encerraron en la Lubianka, y luego los primeros años de su cautiverio los pasó en varios campos, hasta que por sus conocimientos matemáticos fue a parar a un centro de investigación científica para presos políticos, vigilado por la Seguridad del Estado, lo que le serviría de fuente de inspiración para su novela El primer círculo. Luego, en 1950, fue trasladado a un campo especial en la ciudad de Ekibastuz, en Kazajistán, donde se gestó Un día en la vida de Iván Denisovich. También trabajó de presidiario minero, albañil y forjador, y contrajo un tumor del que fue operado y momentáneamente aliviado.

Un mes después de haber cumplido los ocho años de condena, Stalin había muerto, aunque las penas de Solzhenitsyn no habían acabado.Aún tenía que cumplir el destierro «a perpetuidad», por lo que fue enviado a Kok Teren desde marzo de 1953 a 1956, lo que aprovechó para escribir en secreto mientras daba las clases en la escuela primaria.

Cáncer

Estuvo a punto de no contarlo porque a finales de 1953 el cáncer se le reprodujo con dolores tan fuertes que le hacían perder el conocimiento, y la muerte (una vez más) pareció atraparlo.Pero el desterrado maestro consiguió que le ingresaran en una clínica para cancerosos de Tashkent, en Uzbekistán, donde se curó, o algo parecido, a lo largo de 1954. «Estaba muriéndome, pero logré llegar a Tashkent, y tras un largo tratamiento me curé. Ahora, la excrecencia no me impide vivir. El tumor ha degenerado, ha cambiado de naturaleza».

Esta experiencia le servirá de base para su novela Pabellón cáncer, que terminó en 1967, una obra que atacaba los cimientos ideológicos del régimen soviético, y de la que un miembro del Secretariado de la Unión de Escritores Soviéticos llegó a decir: «Produce náuseas por su extremado naturalismo y la tendencia a inculcar todos los miedos posibles e imaginables; sin embargo, su idea fundamental no es clínica sino social, y esto es precisamente lo que no se puede aceptar».

Liberado y rehabilitado en 1956, a Solzhenitsyn se le permitió vivir en Vladimir y Ryazan, en el centro de Rusia, donde pudo llevar una vida normal, dando clases y escribiendo. Fue entonces cuando, aprovechando el boquete de la censura de la época de Jruschov, apareció "Un día en la vida de Ivan Denisovich", que describe con lenguaje sencillo y directo la vida de un prisionero cualquiera (el propio Solzhenitsyn) en un campo de concentración durante la era de Stalin. El éxito fue instantáneo y de la noche a la mañana el autor alcanzó la fama. «De todas las tragedias que tuve que soportar, la más profunda fue la de Ivan Denisovich. Quería acabar con el oscuro mito de los campos de concentración. Mientras estuve allí decidí describir una jornada. Tolstoi decía que toda la vida europea de siglos podía servir de guión para una novela, pero también una sola jornada de la vida de un campesino cualquiera».

Los tiempos cambiaron cuando Jruschov fue destituido en 1964 y Tvardovski tuvo que dejar la dirección de Novy Mir. En aquel tiempo incierto, cuando las fauces de la censura volvían a cerrarse, salió de la URSS microfilmado el manuscrito de "El primer círculo", que se publicó con rapidez en Occidente. Solzhenitsyn había acabado esa novela, de casi 700 páginas, en 1960, después de trabajar en ella durante nueve años. Gran parte de la acción se desarrolla en el Instituto de Investigación Científica para presos (donde el autor había cumplido parte de su condena), y transcurre en un solo día.

Todo arranca en una noche de invierno de 1949, cuando un funcionario del Ministerio de Exteriores soviético llama a la Embajada norteamericana para revelar un descabellado proyecto atómico. Los personajes principales son Stalin, el administrador de una finca, intelectuales y activistas del partido. El libro expone las diferentes reacciones de un grupo de científicos, vigilados por la policía política, que dudan entre cooperar con las autoridades para mantener sus mínimos privilegios, o negarse y ser devueltos a las penosas condiciones de los campos de concentración.

Peor que Pasternak

Para el sistema soviético, como bien señaló uno de los burócratas dirigente de la Unión de Escritores, Solzhenitsyn era mucho más peligroso que Pasternak, por poner un ejemplo, porque éste era un hombre retraído, un poeta alejado de la política, mientras que el primero era mucho más duro de pelar. Un hombre con ideas, ideológicamente determinado y de temperamento combativo, impermeable al pacto.

Los últimos años 60 son un forcejeo constante del escritor para poner a salvo del KGB sus archivos y manuscritos, algunos de los cuales empiezan a circular por toda Rusia en samizdat, copias rudimentarias distribuidas clandestinamente. "Un día en la vida de Ivan Denisovich" fue prohibida, y el original de "El primer círculo", del que el autor había hecho varias versiones, confiscado con casi todos sus papeles personales. Durante ese tiempo, Solzhenitsyn se mostraba pesimista y casi daba por perdido su futuro literario.Creyó que había cometido un error al emerger demasiado pronto de su silencio y revelar su obra prematuramente, y por eso no sería capaz de concluirla.

La situación varió de forma radical cuando en 1970 le conceden el Premio Nobel de Literatura. Pero el escritor declinó ir a Estocolmo a recibir el galardón por temor a que las autoridades soviéticas no le permitieran regresar a la URSS. Quizá, también, porque aún tenía que dar los últimos retoques a lo que sería su obra más conocida: "Archipiélago Gulag".

La primera parte fue publicada en diciembre de 1973 en París, después de que una copia del manuscrito cayera en manos del KGB en la URSS. Para escribir el Archipiélago, Solzhenitsyn llevaba años trabajando duramente. Había entrevistado a 227 sobrevivientes de los campos de trabajo soviéticos, cuyas identidades protegió con celo hasta que la KGB capturó el manuscrito y el libro se editó en Francia. «Con el corazón oprimido -explicó en la primera página-, durante años me abstuve de publicar este libro, ya terminado.El deber para los que aún vivían podía más que el deber para con los muertos. Pero ahora, cuando pese a todo, ha caído en manos de la Seguridad del Estado, no me queda más remedio que publicarlo inmediatamente».

La publicación de esta obra, que mezcla hechos históricos y autobiográficos con testimonios personales, desencadenó un vendaval de ataques a Solzhenitsyn en la prensa y los medios soviéticos. A pesar de su fama mundial, fue detenido y acusado de traición el 12 de febrero de 1974. Al día siguiente se le expulsó de la URSS y marchó al exilio. Pero ya su obra capital le precedía y le esperaban con los brazos abiertos.

Torpedo mortífero

Para el sistema soviético, el libro era, desde luego, un torpedo mortífero, en plena línea de flotación, que dejaba al descubierto la podredumbre de la mayor utopía política del siglo XX. La palabra GULAG, siglas de Glavnoye Upravlienye Laguerei (Dirección General de Campos de Concentración), era prácticamente desconocida en Occidente hasta que Solzhenitsyn sacó a la luz su libro-documento.

Con un estilo suelto, alejado de cualquier solemnidad melodramática, y un leve toque irónico que alivia la tensión lectora por un laberinto de infinitas tragedias, quedaban al desnudo las atrocidades de un Estado enfrentado casi desde sus inicios, demencialmente, a su propio pueblo. Gulag pasó a ser una de las palabras claves de nuestra época, el signo definidor de un sistema político que con apariencia de paraíso ocultaba en sus entrañas el infierno; una estafa histórica descomunal.

Con indiscutible talento literario, Solzhenitsyn dio forma de arhipiélago a la red de campos de concentración repartidos a través del inmenso territorio de la URSS como si fuera una cadena de islas. «Este archipiélago -país que moteó otro país, en cuyo interior se halla-, penetró en las ciudades, llegó hasta sus calles... Sin embargo, unos ni siquiera sospechaban de su existencia, muchísimos tenían de él una vaga noción, y sólo los que estuvieron allí lo sabían todo».

En uno de los momentos de mayor esplendor del gulag, hacia 1936, había unos cinco millones de prisioneros que componían lo que Kafka hubiera llamado la colonia penitenciaria. Un número que aumentó año tras año hasta la muerte de Stalin, en 1953. En total, entre 1928 y el fallecimiento del Padre de los pueblos, entre 40 y 50 millones de personas fueron enviadas a cumplir condenas en el archipiélago. Aproximadamente la mitad de ellas nunca regresaron.

Cuando Solzhenitsyn fue expulsado de su patria, precedido de sus novelas y su fama de disidente, todos dieron por supuesto que el rechazo al sistema soviético suponía la aceptación de las ideas democráticas normales en Occidente, aunque a medida que iba hablando, dando conferencias y entrevistas, se vio que no era así. Pero nadie que le conociera se hubiera sorprendido.En 1967 había escrito: «No tengo ninguna esperanza en Occidente, y ningún ruso debería tenerla... La excesiva comodidad y prosperidad han debilitado su voluntad y su razón».

Los que le escuchaban pasaban de la perplejidad a la irritación.Solzhenitsyn no tenía pelos en la lengua. La distensión Este-Oeste le parecía una memez, y proclamaba que Occidente carecía de recursos morales y espirituales para resistirse a su propia decadencia.Se veía a sí mismo como un apóstol que tuviera que explicar la grandeza de su misión.

Poco después de abandonar Rusia, intervino en un programa de TVE. Sus rotundas afirmaciones anticomunistas provocaron las iras de la progresía local, en aquellas fechas muy devota del PCE, que le llegó a acusar de «fascista», agente provocador y otras lindezas. Pero la mayor herejía fue cuando vino a decir que, en comparación con lo que había en la URSS, lo que teníamos aquí con Franco no estaba tan mal.

Tras publicar la novela-documento "Lenin en Zurich: capítulos", Solzhenitsyn viajó a Estados Unidos, donde se instaló en una casa cerca de Cavendish (Vermont), una región que le recordaba a su querida Rusia. Ahí se dedicó a escribir dos libros de no ficción. "El roble y el ternero", fundamental para entender el mecanismo interno de la vida literaria soviética, y el ensayo "El peligro mortal", en el que analiza los errores de la visión norteamericana sobre Rusia.
Pero la mayor parte de su tiempo la dedicó a lo que considera la culminación de su trayectoria. Una monumental obra histórica de ecos tolstoianos, "La rueda roja", que abarca desde la caída del régimen zarista al ascenso al poder de los bolcheviques.La rueda roja es una tetralogía compuesta por Agosto 1914, Octubre 1916, Marzo 1917 y Abril 1917. Una obra concordante con el tipo de novela preferida del autor, la novela polifónica, delimitada en el tiempo y en el espacio, sin un protagonista, porque cada personaje se convierte en protagonista principal cuando la acción le concierne.

Solzhenitsyn llevó vida de ermitaño en EEUU. Vivía exclusivamente dedicado a escribir, con la compañía de sus tres hijos y de su segunda mujer, Natalia. Concedía entrevistas a la televisión con la condición de que no le hicieran repetir gestos o frases.La cámara podía filmarle cuanto quisiera, pero se negaba a actuar.Cuando no escribía, su mayor pasatiempo era cortar madera, pasear o jugar al tenis con alguno de sus hijos, a quienes aleccionaba en la cultura y literatura rusas para que no perdieran sus raíces.

Solzhenitsyn jamás fue un liberal y la democracia a la occidental le resbalara. Como buen ruso, nunca se sintió a gusto en el extranjero, y no se dejó embaucar por el sistema de vida norteamericano.Con la apertura de Gorbachov a finales de los años 80, sus obras pudieron ser leídas en la URSS, y en 1989 Novy Mir publicó extractos de Archipiélago Gulag. Un año después le devolvieron oficialmente la ciudadanía, lo que le permitió dar por terminado su exilio y pisar tierra rusa en 1994. Encontró un país destrozado y ya sus ideas sobre el futuro de Rusia encontraron poco eco. Como observó Raymond Carr, se había convertido en un icono sin adoradores, y algunos lo veían como un escritor de otra generación.

Solzhenitsyn tiene un sentido trascendente, profético, nacionalista y religioso, casi mesiánico de la escritura, lo mismo que lo tuvieron muchos de los grandes escritores rusos, como Gogol, Dostoyevski, Tolstoi y Gorki, por citar algunos. Siempre ha vivido obsesionado con esto. «El escritor ha de estar dispuesto a soportar la injusticia, y en eso está el riesgo de su misión».

Al igual que muchos artistas de genio tiene una faceta egoísta para todo lo que no sea alimentar su propia obra. Pero es autor de libros fundamentales que reconfiguraron no sólo la novela rusa, sino también la historia rusa en las postrimerías del siglo XX. En cualquier caso, lo que nadie podrá decir es que no ha sido fiel a sí mismo y sufrido por ello.




Algunas imágenes del escritor fallecido