Mostrando entradas con la etiqueta obispos catolicos rusos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta obispos catolicos rusos. Mostrar todas las entradas

14 febrero 2009


Los desafíos de la Iglesia en Rusia, según el arzobispo católico de Moscú


Florecimiento del catolicismo en la ex Unión Soviética


La necesaria presencia cristiana en la sociedad civil es una de las principales preocupaciones y prioridades de la pastoral de la Iglesia católica en Rusia, como apunta el arzobispo católico de la archidiócesis de la Madre de Dios en Moscú, monseñor Paolo Pezzi.





Benedicto XVI ha recibido esta mañana al prelado y a otros obispos de Rusia, en audiencias separadas, en el marco de su quinquenal visita "ad limina". En los micrófonos de Radio Vaticana, monseñor Pezzi ha trazado la situación que vive la Iglesia católica en el país, especialmente desde el renacimiento que experimenta tras el final del régimen soviético.

"La reconstrucción, también formal, de las comunidades católicas en torno a los obispos y a los sacerdotes en las parroquias: éste me parece que ha sido el fenómeno más significativo e incluso más conmovedor -reconoce-. Ver resurgir estas comunidades, tras años de auténtico martirio y persecución, con una pasión por el cristianismo, por Cristo y, por ello, por el hombre, y la fidelidad a obispos en el fondo desconocidos. Otra etapa que considero importante ha sido la reapertura del seminario en San Petersburgo, el único seminario que prepara sacerdotes para toda Rusia".

En cuanto a la libertad religiosa en Rusia y las relaciones con el Estado, de acuerdo con monseñor Pezzi "existen las mismas dificultades que puede haber en distintos países occidentales"; "el cristianismo encuentra siempre en este mundo una contraposición".

"Diría en cambio que –aunque no falta alguna dificultad con ciertas autoridades locales- las relaciones con el Estado son en general buenas y hemos recibido ayuda cuando han surgido dificultades, sobre todos para nuestros sacerdotes extranjeros llamados a desarrollar su ministerio en Rusia", especifica.

El arzobispo Pezzi comenta asimismo en la emisora pontificia las relaciones con la Iglesia ortodoxa. "Puedo decir, ante todo, que existe una creciente preocupación común para que el cristianismo no se aleje de la sociedad civil, sino que tienda a permear cada vez más el tejido social", confirma. "La preocupación a fin de que los valores evangélicos estén fuertemente anclados al anuncio de Cristo mantienen nuestra atención -del uno hacia el otro-, para que este testimonio –sobre todo en el ámbito cultural y social- pueda dar también frutos comunes".

"No olvidemos que Rusia es un país en el que, a pesar de tantos años de ateísmo y de abierta contraposición a la Iglesia, el cristianismo está en cualquier caso muy arraigado en el pueblo -indica el prelado-. Ciertamente es un cristianismo que debe ser revisado conscientemente como experiencia de fe".


Benedicto XVI y monseñor Pezzi


Califica además de significativa "la intensificación de las conversaciones y de los encuentros entre exponentes y personalidades de la Iglesia católica y de la Iglesia ortodoxa".

E insiste, refiriéndose a los desafíos pastorales de la Iglesia católica en Rusia, en la prioridad "de la presencia cristiana en los diversos ambientes". "El hombre en Rusia, como en cualquier parte del mundo, necesita encontrar a Cristo" y hallar en tal encuentro "una respuesta a la sed de significado de la propia vida"; "en esto podemos dar ciertamente una contribución, como Iglesia católica, al testimonio común con la Iglesia ortodoxa", profundiza monseñor Pezzi.

El segundo desafío, siguiendo al prelado, es "una atención capilar de la familia", porque "se necesita un lugar en el que un hombre pueda nacer, crecer, ser educado en la belleza de la vida, en el gusto de la responsabilidad, y esto es la familia".

El tercer desafío pastoral actual es "encarnar cada vez más el anuncio cristiano en la realidad en la que nos encontramos", concluye el arzobispo católico de la archidiócesis de la Madre de Dios en Moscú.



La amistad personal con cristianos ortodoxos, clave para el diálogo ecuménico



CIUDAD DEL VATICANO, jueves 22 de enero de 2009 (ZENIT.org).- La Iglesia católica ha mejorado significativamente sus relaciones con la Iglesia ortodoxa rusa en los últimos años, sobre todo gracias al establecimiento de lazos de amistad personal con el Patriarcado de Moscú por parte de altos dignatarios de la Santa Sede.



Santos Cirilo y Metodio, patronos de Europa


Así lo explica el padre Milan Zust S.I., secretario del Comité católico para la colaboración cultural con las Iglesias ortodoxas y las Iglesia ortodoxas orientales ante el Consejo Pontificio para la Pormoción de la Unidad de los Cristianos, en un artículo publicado por L'Osservatore Romano en su edición de este jueves.

Zust, quien acompañó el pasado mes de mayo al presidente de este dicasterio, cardenal Walter Kasper, en su visita oficial a Moscú, resaltó la importancia de estos encuentros personales con altos dignatarios ortodoxos, que se han intensificado en los últimos tiempos.

"Las relaciones personales entre los cristianos son un medio eficaz para promover la comunión. Con ello no se pretende sustituir o relegar el diálogo teológico, pero sí aumentar la confianza recíproca necesaria para que este diálogo se produzca",explica.

En este sentido, el subsecretario destacó la importancia de la visita del cardenal Kasper a Moscú, a finales del pasado mes de mayo, con motivo de la festividad de los santos Cirilo y Metodio, tan venerados por la Ortodoxia

Esta visita, explica Zust, "tenía como fin profundizar en el conocimiento de la Iglesia ortodoxa rusa, y en su rica tradición espiritual y cultural".

El cardenal Kasper iba a Rusia invitado por el Metropolita Kiril, con quien habló sobre la próxima participación de la Iglesia ortodoxa rusa, a partir de este 2009, en la Comisión Mixta que estudia el diálogo ecuménico con los ortodoxos.

"Esta cuestión es muy importante, porque la continua ausencia hasta ahora de la delegación ortodoxa rusa en el diálogo teológico oficial estaba afectando a los trabajos de la comisión", explica Zust.

El cardenal Kasper tuvo también la oportunidad de encontrar durante más de una hora al Patriarca Alejo II, con quien mantuvo un diálogo "cordial". Precisamente, el purpurado ha encabezado la delegación de la Santa Sede que ha participado en los funerales del Patriarca, fallecido hace pocas semanas.

También con la Iglesia ortodoxa ucraniana se ha abierto un diálogo fructífero, con la visita del cardenal Kasper al Metropolita Volodymyr de Kiev, en diciembre de 2007Esta visita ha sido importante ya que la relación entre ambas confesiones había atravesado momentos difíciles en épocas pasadas, tras la persecución comunista.

Además de estos gestos de amistad, Zust explica la importancia de la labor del Comité cultural del que él forma parte, y que tiene como tarea fundamental la de ofrecer becas de estudio a seminaristas ortodoxos que acuden a Roma para estudiar en las facultades pontificias.



"Este crecimiento de la confianza mutua entre los cristianos divididos por los tristes acontecimientos de la historia y por el pecado humano está siendo muy significativa", concluye Zust.

A menudo, estos contactos se llevan a cabo con gran discreción. Mantener este carácter "privado" supone, según Zust, "aumentar su fuerza, que unida a la de Cristo, puede hacer milagros, aun cuando se tenga la impresión de que el camino de la comunión avanza demasiado lentamente".

"Los sacrificios personales, las renuncias íntimas, escondidas a los demás pero conocidas por el Señor, son el medio que tenemos todos para rezar por la unidad. El Señor sabe cómo transformarlos en elementos de comunión", añade.

29 enero 2009

Benedicto XVI a los obispos católicos rusos: “proseguid el diálogo con la Iglesia ortodoxa”

Al recibirles hoy en visita “ad limina”

CIUDAD DEL VATICANO, jueves 29 de enero de 2009 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el discurso completo que el Papa ha dirigido hoy a los obispos católicos de Rusia, presentes en Roma para la visita “ad limina apostolorum”.






Queridos y venerados hermanos

En el contexto del Año Paulino, que estamos celebrando, me es particularmente grato acogeros y os saludo con alegría con las palabras del Apóstol: “Gracias a vosotros y paz de parte de Dios, Padre nuestro, y del Señor Jesucristo” (1 Cor 1,3). Habéis venido a Roma para venerar los lugares sagrados donde san Pedro y san Pablo han sellado su existencia al servicio del Evangelio con el martirio, y este es precisamente el primer significado de la visita ad limina Apostolorum.

 Sucesores de los Apóstoles, encontráis al Sucesor de Pedro, poniendo a la luz la comunión que os liga a él. La comunión con el Obispo de Roma, garante de la unidad eclesial, permite a las comunidades confiadas a vuestros cuidados pastorales, aunque minoritarias, de sentirse cum Petro y sub Petro, parte viva del Cuerpo de Cristo extendido por toda la tierra. La unidad, que es don de Cristo, crece y se desarrolla de hecho en las situaciones concretas de las diversas Iglesias locales. Al respecto, el Concilio Vaticano II recuerda que “los obispos son el principio visible y el fundamento de la unidad en sus Iglesias, formadas a imagen de la Iglesia universal, y en ellas y por ellas se constituye la una y única Iglesia católica” (Cost. Lumen gentium, 23). A vosotros, Pastores de la Iglesia que vive en Rusia, el Sucesor de Pedro os renueva la expresión de su solicitud y cercanía espiritual, animándoos a continuar unidos en la actividad pastoral, beneficiandoos también de la experiencia de la Iglesia universal.





He escuchado con gran interés cuanto me habéis referido sobre vuestras comunidades, que están viviendo un proceso de maduración y van profundizando juntas su “rostro” de Iglesia católica local. A esto tiende por otro lado vuestro esfuerzo de inculturación de la fe. Expreso de corazón mi vivo aprecio por el esfuerzo con que cuidáis el relanzamiento de la participación litúrgica-sacramental, de la catequesis, de la formación sacerdotal y de la preparación de un laicado maduro y responsable, que sea fermento evangélico en las familias y en la sociedad civil. 

Por desgracia también en Rusia, como en otras partes del mundo, se registra la crisis de la familia y el consiguiente descenso de la natalidad, junto con el resto de problemas a los que se enfrenta la sociedad contemporánea. Como es sabido, estos problemas preocupan también a las autoridades estatales, con las cuales es oportuno por tanto proseguir la colaboración por el bien de todos. En este contexto vuestra atención se dirige especialmente a los jóvenes, a los que la comunidad católica rusa, fiel a la “memoria” de sus propios testigos y mártires y utilizando los oportunos instrumentos y lenguajes, está llamada a transmitir inalterado el patrimonio de santidad y de fidelidad a Cristo, y los valores humanos y espirituales que están en la base de una eficaz promoción humana y evangélica.





Queridos Hermanos en el Episcopado, dado que no son pocas las preocupaciones con las que debéis mediros día a día, os exhorto a no desanimaros si os parecen a veces modestas las realidades eclesiales, y si los resultados pastorales que obtenéis no parecen corresponder a los esfuerzos realizados. Alimentad más bien, en vosotros y en vuestros colaboradores, un auténtico espíritu de fe, con la conciencia totalmente evangélica de que Jesús no dejará de hacer fecundo, con la gracia de su Espíritu, vuestro ministerio para gloria del Padre, según tiempos y modos que sólo Él conoce. 

Seguid promoviendo y cuidando, con esfuerzo y atención constantes, las vocaciones sacerdotales y religiosas: la de las vocaciones es una pastoral particularmente necesaria en este tiempo nuestro. Tened cuidado en formar presbíteros con la misma solicitud de san Pablo a su discípulo Timoteo, para que sean auténticos “hombres de Dios” (cfr 1 Tm 6,11). Sed para ellos padres y modelos en el servicio a los hermanos; animad su fraternidad y amistad y colaboración; sostenedlos en la formación doctrinal y espiritual permanente. Rezad por los sacerdotes y junto con ellos, sabiendo que sólo quien vive con Cristo y en Cristo puede ser su fiel ministro y testigo. Igualmente, dad importancia a la formación de las personas consagradas y al crecimiento espiritual de los fieles laicos, para que sientan su vida como una respuesta a la llamada universal a la santidad, que debe expresarse en un coherente testimonio evangélico en todas las circunstancias diarias.





Vosotros vivís en un contexto eclesial particular, es decir, en un país marcado en la mayoría de su población por una tradición milenaria ortodoxa con un rico patrimonio religioso y cultural. Es esencial tener en cuenta la necesidad de un renovado esfuerzo en el diálogo con nuestros hermanos y hermanas ortodoxos; sabemos que este diálogo, a pesar de los progresos alcanzados, conoce aún algunas dificultades. En estos días me siento espiritualmente cercano a los queridos hermanos y hermanas de la Iglesia Ortodoxa Rusa, que se alegran por la elección del Metropolita Kiril como nuevo Patriarca de Moscú y de Todas las Rusias: a él le dirijo mis más cordiales saludos por la delicada tarea eclesial que le ha sido confiado. Pido al Señor que nos confirme a todos en el empeño de caminar juntos en el camino de la reconciliación y del amor fraterno.

Que vuestra presencia en Rusia sea una llamada y un estímulo al diálogo también personal. Si en los diversos encuentros no se llega siempre a afrontar cuestiones de fondo, con todo estos contactos contribuyen a un mayor conocimiento mutuo, gracias al cual podéis colaborar juntos en ámbitos de interés común, para la educación de las nuevas generaciones. Es importante que los cristianos afronten unidos los grandes desafíos culturales y éticos del momento presente, que conciernen a la defensa de la vida en todas sus fases, a la tutela de la familia y otras cuestiones urgentes económicas y sociales.




Queridos Hermanos, alabo al Señor y os estoy profundamente agradecido por el bien que realizáis, desarrollando vuestro ministerio episcopal en fidelidad plena al Magisterio. Os aseguro un recuerdo diario en la oración. Que a través vuestro llegue mi agradecimiento a los sacerdotes, a los religiosos, a las religiosas y a los laicos, que colaboran con vosotros en el servicio de Cristo y de su Evangelio. Invoco la materna intercesión de la beata Virgen María y de los Apóstoles Pedro y Pablo sobre vosotros y sobre vuestros programas apostólicos, e imparto de corazón una especial Bendición Apostólica a cada uno de vosotros, extendiéndola con afecto a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas y a la entera comunidad católica que da testimonio de Cristo entre las poblaciones de la Federación Rusa.



Diálogo con los ortodoxos en Rusia