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13 febrero 2009

El nuevo patriarca ortodoxo ruso pide al Papa proseguir el diálogo ecuménico


Espera en un "fructífero desarrollo" de las relaciones entre las respectivas Iglesias




MOSCÚ, viernes 13 de febrero de 2009 (ZENIT.org).- "Un fructífero desarrollo" de las relaciones entre la Iglesia católica y la ortodoxa rusa es cuanto augura Su Santidad Kiril, patriarca de Moscú y de Todas las Rusias, en un mensaje transmitido a Benedicto XVI para agradecerle por las felicitaciones que el Papa le ha enviado con ocasión de su elección.







En el texto, traducido por "L'Osservatore Romano", el patriarca explica que "entre los muchos deberes que se presentan ante el Primado de la Iglesia Ortodoxa Rusa, una de las prioridades la constituye la necesidad fundamental de atestiguar y afirmar los valores del Evangelio de Cristo en la sociedad contemporánea".

Kiril se dice convencido de que a esto deben contribuir el diálogo y la colaboración de todos aquellos que se hacen llamar cristianos", y por ello asegura al Papa que la Iglesia Ortodoxa Rusa "seguirá inmutablemente abierta a la cooperación con cuantos se declaran seguidores del Señor Jesucristo y mantienen la visión tradicional de los contenidos del mensaje que los cristianos deben llevar al mundo contemporáneo".

"Entre los colaboradores en este campo, la Iglesia católica de Roma ocupa un lugar particular", reconoce el Patriarca.

De la misma forma, "un sitio particular en los esfuerzos comunes de los cristianos, orientados a conseguir las finalidades expuestas, es el ocupado por Usted personalmente, Santidad", añade dirigiéndose al pontífice.

"Espero sinceramente un fructífero desarrollo de las relaciones entre nuestras Iglesias", concluye el mensaje con el que Kiril augura a Benedicto XVI "paz, salud y ayuda de Dios en su tarea", y le saluda "con afecto en el Señor".

Kiril, en el siglo Vladimir Gundiaiev, fue elevado a la guía de la Iglesia ortodoxa rusa el 27 de enero pasado. Sucedió a Alejo II, muerto el 5 de diciembre de 2008. La ceremonia de su entronización tuvo lugar el 1 de febrero.



No habrá encuentro en 2009


El 2 de febrero, el nuevo Patriarca recibió a la delegación católica oficial que había participado en la ceremonia de entronización, el día anterior.

En el encuentro, el Patriarca expresó su esperanza "de que las relaciones entre ambas Iglesias se desarrollen ulteriormente en una atmósfera de confianza y cooperación recíproca, en primer lugar para defender y afirmar los valores cristianos tradicionales y en el mundo", señala la página web del Patriarcado de Moscú, según informa la agencia rusa Interfax.






Según el Patriarca, el hecho de que las posturas de católicos y ortodoxos concuerden en muchos aspectos de la vida de la sociedad actual, podría representar una óptima base para esta interacción.

La delegación católica estaba compuesta por el cardenal Walter Kasper, presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, el secretario el obispo Brian Farrell, L.C., por el arzobispo Antonio Mennini, representante de la Santa Sede ante la Federación Rusa, por monseñor Paolo Pezzi, arzobispo de la Madre de Dios de Moscú, y por el sacerdote jesuita Milan Zust.

El cardenal Kasper entregó al nuevo Patriarca un mensaje de Benedicto XVI en el cual el Papa subrayaba el papel de Kiril -durante muchos años presidente del Departamento para las Relaciones Eclesiales Externas del Patriarcado- a la hora de "forjar una nueva relación entre nuestras Iglesias".

"Una relación basada en la amistad, en la mutua aceptación y el diálogo sincero", añadía el Papa, confesando que nutre "grandes esperanzas" en que ambas Iglesias continuarán "cooperando para encontrar modos de fomentar y reforzar la comunión en el Cuerpo de Cristo".

El purpurado ofreció al patriarca también un regalo del Papa, un cáliz como símbolo del deseo de llegar a la plena comunión.


Según el Patriarcado de Moscú es improbable que el esperado encuentro entre Benedicto XVI y Kiril tenga lugar en el año 2009.

"Es posible llegar a un acuerdo [entre la Iglesia ortodoxa rusa y la Iglesia católica romana], pero hace falta tiempo", afirmó al respecto el arcipreste Vsevolod Chaplin, vicerresponsable del Departamento para las Relaciones Externas, a la emisora de radio rusa Finam.

El arcipreste afirmó que "nunca se ha excluido este encuentro" ya que no hay "obstáculos de principio", pero confesó que los fieles ortodoxos sienten "dolor y preocupación" por la actividad misionera de la Iglesia católica.

"El patriarca, como el Papa, pone en primer lugar, no los sentimientos humanos, sino la preservación del credo, de la unidad y de la paz en su Iglesia", añadió.





Por esto, precisó, el poder de Kiril, "a pesar de su proyección externa, está restringido por una serie de factores, en primer lugar la opinión de los fieles, del clero y de los obispos".

Tres encuentros anteriores

Kiril y el Papa Benedicto XVI se han encontrado en tres ocasiones, cuando el primero era Metropolita de Smolensko y Kaliningrado. La primera, el 25 de abril de 2005, el día después de la Misa de entronización del Pontífice, En aquella ocasión, Kiril subrayó la necesidad de cooperación por parte de ambas Iglesias para defender los valores cristianos en la Europa actual.

El 18 de mayo de 2006, Kiril viajó a Roma para bendecir la nueva iglesia del Patriarcado de Moscú, que está situada cerca de la Basílica de San Pedro. Tras su encuentro con Benedicto XVI, afirmó haber tenido con él "una conversación muy importante sobre las perspectivas de desarrollo de nuestras relaciones", y que ha llegado "el momento de que nuestras Iglesias trabajen juntas para preservar el cristianismo en Europa".

El último encuentro tuvo lugar el 7 de diciembre de 2007, cuando Kiril visitó nuevamente el Vaticano.


La Iglesia Rusa acelera los preparativos para la reunión del Patriarca con el Papa, pero aún hay obstáculos


Moscú, 13 de febrero, RIA Novosti. Un alto representante de la Iglesia Ortodoxa de Rusia (IOR) admitió hoy que todavía subsisten escollos para que el Patriarca Kiril se reúna con el Papa Benedicto XVI, aunque el objetivo es aproximar tal encuentro en lo posible.

El Patriarca Kiril "continuará la línea de su antecesor", Alexis II, "en lo que concierne a las relaciones entre los ortodoxos y los católicos", manifestó hoy el obispo de Viena y Austria Ilarion, representante de la IOR ante los organismos europeos.

El objetivo a día de hoy, señaló, es "organizar con la máxima brevedad posible" una entrevista entre el Patriarca y el Pontífice.

Al mismo tiempo, el obispo constató que siguen sin eliminar dos obstáculos fundamentales para tal encuentro: "el proselitismo y la espinosa situación en Ucrania donde hay problemas entre creyentes ortodoxos y greco-católicos".

Preguntado por la eventual fecha de una reunión entre el Papa y el Patriarca, Ilarion dijo que "no es una cuestión del tiempo sino del objetivo". "Nuestra visión consiste en que primero necesitamos preparar una posición común y después proceder a la organización del encuentro". Hace falta "prepararlo bien", para que no sea "un encuentro protocolario ante las cámaras de televisión".

La Iglesia Ortodoxa de Rusia y el Vaticano, dijo, deberían "evitar la agresividad" y procurar que "los ortodoxos y los católicos sean aliados, no rivales".

29 enero 2009

Benedicto XVI a los obispos católicos rusos: “proseguid el diálogo con la Iglesia ortodoxa”

Al recibirles hoy en visita “ad limina”

CIUDAD DEL VATICANO, jueves 29 de enero de 2009 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el discurso completo que el Papa ha dirigido hoy a los obispos católicos de Rusia, presentes en Roma para la visita “ad limina apostolorum”.






Queridos y venerados hermanos

En el contexto del Año Paulino, que estamos celebrando, me es particularmente grato acogeros y os saludo con alegría con las palabras del Apóstol: “Gracias a vosotros y paz de parte de Dios, Padre nuestro, y del Señor Jesucristo” (1 Cor 1,3). Habéis venido a Roma para venerar los lugares sagrados donde san Pedro y san Pablo han sellado su existencia al servicio del Evangelio con el martirio, y este es precisamente el primer significado de la visita ad limina Apostolorum.

 Sucesores de los Apóstoles, encontráis al Sucesor de Pedro, poniendo a la luz la comunión que os liga a él. La comunión con el Obispo de Roma, garante de la unidad eclesial, permite a las comunidades confiadas a vuestros cuidados pastorales, aunque minoritarias, de sentirse cum Petro y sub Petro, parte viva del Cuerpo de Cristo extendido por toda la tierra. La unidad, que es don de Cristo, crece y se desarrolla de hecho en las situaciones concretas de las diversas Iglesias locales. Al respecto, el Concilio Vaticano II recuerda que “los obispos son el principio visible y el fundamento de la unidad en sus Iglesias, formadas a imagen de la Iglesia universal, y en ellas y por ellas se constituye la una y única Iglesia católica” (Cost. Lumen gentium, 23). A vosotros, Pastores de la Iglesia que vive en Rusia, el Sucesor de Pedro os renueva la expresión de su solicitud y cercanía espiritual, animándoos a continuar unidos en la actividad pastoral, beneficiandoos también de la experiencia de la Iglesia universal.





He escuchado con gran interés cuanto me habéis referido sobre vuestras comunidades, que están viviendo un proceso de maduración y van profundizando juntas su “rostro” de Iglesia católica local. A esto tiende por otro lado vuestro esfuerzo de inculturación de la fe. Expreso de corazón mi vivo aprecio por el esfuerzo con que cuidáis el relanzamiento de la participación litúrgica-sacramental, de la catequesis, de la formación sacerdotal y de la preparación de un laicado maduro y responsable, que sea fermento evangélico en las familias y en la sociedad civil. 

Por desgracia también en Rusia, como en otras partes del mundo, se registra la crisis de la familia y el consiguiente descenso de la natalidad, junto con el resto de problemas a los que se enfrenta la sociedad contemporánea. Como es sabido, estos problemas preocupan también a las autoridades estatales, con las cuales es oportuno por tanto proseguir la colaboración por el bien de todos. En este contexto vuestra atención se dirige especialmente a los jóvenes, a los que la comunidad católica rusa, fiel a la “memoria” de sus propios testigos y mártires y utilizando los oportunos instrumentos y lenguajes, está llamada a transmitir inalterado el patrimonio de santidad y de fidelidad a Cristo, y los valores humanos y espirituales que están en la base de una eficaz promoción humana y evangélica.





Queridos Hermanos en el Episcopado, dado que no son pocas las preocupaciones con las que debéis mediros día a día, os exhorto a no desanimaros si os parecen a veces modestas las realidades eclesiales, y si los resultados pastorales que obtenéis no parecen corresponder a los esfuerzos realizados. Alimentad más bien, en vosotros y en vuestros colaboradores, un auténtico espíritu de fe, con la conciencia totalmente evangélica de que Jesús no dejará de hacer fecundo, con la gracia de su Espíritu, vuestro ministerio para gloria del Padre, según tiempos y modos que sólo Él conoce. 

Seguid promoviendo y cuidando, con esfuerzo y atención constantes, las vocaciones sacerdotales y religiosas: la de las vocaciones es una pastoral particularmente necesaria en este tiempo nuestro. Tened cuidado en formar presbíteros con la misma solicitud de san Pablo a su discípulo Timoteo, para que sean auténticos “hombres de Dios” (cfr 1 Tm 6,11). Sed para ellos padres y modelos en el servicio a los hermanos; animad su fraternidad y amistad y colaboración; sostenedlos en la formación doctrinal y espiritual permanente. Rezad por los sacerdotes y junto con ellos, sabiendo que sólo quien vive con Cristo y en Cristo puede ser su fiel ministro y testigo. Igualmente, dad importancia a la formación de las personas consagradas y al crecimiento espiritual de los fieles laicos, para que sientan su vida como una respuesta a la llamada universal a la santidad, que debe expresarse en un coherente testimonio evangélico en todas las circunstancias diarias.





Vosotros vivís en un contexto eclesial particular, es decir, en un país marcado en la mayoría de su población por una tradición milenaria ortodoxa con un rico patrimonio religioso y cultural. Es esencial tener en cuenta la necesidad de un renovado esfuerzo en el diálogo con nuestros hermanos y hermanas ortodoxos; sabemos que este diálogo, a pesar de los progresos alcanzados, conoce aún algunas dificultades. En estos días me siento espiritualmente cercano a los queridos hermanos y hermanas de la Iglesia Ortodoxa Rusa, que se alegran por la elección del Metropolita Kiril como nuevo Patriarca de Moscú y de Todas las Rusias: a él le dirijo mis más cordiales saludos por la delicada tarea eclesial que le ha sido confiado. Pido al Señor que nos confirme a todos en el empeño de caminar juntos en el camino de la reconciliación y del amor fraterno.

Que vuestra presencia en Rusia sea una llamada y un estímulo al diálogo también personal. Si en los diversos encuentros no se llega siempre a afrontar cuestiones de fondo, con todo estos contactos contribuyen a un mayor conocimiento mutuo, gracias al cual podéis colaborar juntos en ámbitos de interés común, para la educación de las nuevas generaciones. Es importante que los cristianos afronten unidos los grandes desafíos culturales y éticos del momento presente, que conciernen a la defensa de la vida en todas sus fases, a la tutela de la familia y otras cuestiones urgentes económicas y sociales.




Queridos Hermanos, alabo al Señor y os estoy profundamente agradecido por el bien que realizáis, desarrollando vuestro ministerio episcopal en fidelidad plena al Magisterio. Os aseguro un recuerdo diario en la oración. Que a través vuestro llegue mi agradecimiento a los sacerdotes, a los religiosos, a las religiosas y a los laicos, que colaboran con vosotros en el servicio de Cristo y de su Evangelio. Invoco la materna intercesión de la beata Virgen María y de los Apóstoles Pedro y Pablo sobre vosotros y sobre vuestros programas apostólicos, e imparto de corazón una especial Bendición Apostólica a cada uno de vosotros, extendiéndola con afecto a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas y a la entera comunidad católica que da testimonio de Cristo entre las poblaciones de la Federación Rusa.



Diálogo con los ortodoxos en Rusia

28 marzo 2007

Benedicto XVI y Kirill Ecumenismo

Desde 1993 desarrolla su labor en Moscú el Centro Cultural Biblioteca del Espíritu, que reúne los esfuerzos de un conjunto de intelectuales ortodoxos y católicos, deseosos de ofrecer un testimonio de la fe en Cristo dentro de una gran unidad. Como su propio nombre indica, una parte de su actividad se centra en una intensa y esmerada labor editorial, que entre otras cosas ha permitido rescatar muchas riquezas de la teología católica para los lectores rusos.


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Por iniciativa de algunos exponentes del Patriarcado de Moscú, la Biblioteca del Espíritu acaba de editar en ruso un verdadero clásico, la Introducción al cristianismo, que recoge las lecciones del joven teólogo Joseph Ratzinger a sus alumnos de Tubinga en 1967. A esta noticia se une el significativo hecho de que el Metropolita Kirill de Smolensk, presidente del Departamento de Relaciones Exteriores del Patriarcado de Moscú, haya querido escribir personalmente el prólogo de esta edición.

Significativo el gesto, y muy aguda la reflexión que introduce estas páginas para los nuevos lectores, evidentemente, en su mayoría ortodoxos. En primer lugar, Kirill destaca que la sorprendente juventud de un texto publicado en el lejano 1967 está relacionada con la necesidad cada vez más urgente que tienen los cristianos de descubrir los principios fundamentales de su fe, de volver a sus orígenes y fundamentos. A su juicio, la diversidad de las coordenadas históricas no ha hecho envejecer a esta obra, porque las corrientes culturales que condicionaban la comprensión del cristianismo a finales de los 60 están dando ahora, precisamente, sus amargos frutos.

No olvidemos que aquí habla una de las personalidades punteras del mundo ortodoxo, especialmente del que ha salido de la larga noche del comunismo y ahora afronta el desafío de una secularización galopante. El Metropolita Kirill denuncia que los cristianos de Oriente y de Occidente nos hemos preocupado demasiado por encontrar un lenguaje para dialogar con el mundo, pero nos hemos olvidado de los contenidos a comunicar. Es decir, hemos dado la fe por supuesta, cuando es precisamente la naturaleza de la fe lo que estaba en cuestión. Parece como si hubiéramos perdido la confianza en que la Verdad que anuncia la Iglesia tiene por sí misma una gran capacidad de atraer a las personas, porque habla directamente al corazón, de modo que a nosotros nos corresponde simplemente presentarla en toda su integridad y plenitud.

Precisamente esto es lo que encuentra Kirill en Introducción al cristianismo y lo que le hace apreciar el enfoque del teólogo Ratzinger, convertido ahora en Benedicto XVI. El amor a la Tradición que respira toda la obra, es lo más opuesto a la estrechez de miras; por el contrario, se transforma en una mirada profunda, una sabia capacidad de captar la esencia íntima de las cosas. La preocupación por volver a los fundamentos del cristianismo no sustrae al autor de los graves interrogantes que plantea el mundo moderno, sino que le llevan a responder con decisión fundamentándose en la eterna Verdad. Por último, el responsable de las relaciones externas del Patriarcado de Moscú reconoce que en este libro se hallan admirablemente reflejadas las raíces comunes de la ortodoxia y el catolicismo, que deben alimentar el testimonio común de la fe ante la enésima ofensiva del relativismo de la que hoy somos espectadores.

Benedicto XVI ha agradecido con una carta personal el prólogo de Kirill de Smolensk a una obra que sigue siendo para él muy querida. El Papa pone el acento en que estamos ante el escenario de una modernidad materialmente acomodada, pero cada vez más frágil cultural y espiritualmente. Sin embargo, el corazón del hombre contemporáneo plantea preguntas e inquietudes justas, y sólo el Verbo Encarnado ofrece las respuestas que pueden saciar su sed. Por eso los cristianos, aferrados a Cristo y alimentados en la fuente de la Tradición viviente de la Iglesia, no deben temer anunciar la verdad de Dios, que hace libre y auténtica a la persona. La convergencia de análisis, de sentimiento y de compromisos que revela esta "correspondencia", revela mucho más que mera cortesía ecuménica. Tocamos ya con los dedos, el alma de la unidad.

El camino común que conduce a la verdad

La carta del Papa al Metropolita de Smolensk para agradecer el prólogo
que ha escrito para su libro Introducción al cristianismo, publicado en Rusia
por la Biblioteca del Espíritu a propuesta de algunos exponentes del patriarcado de Moscú

La Iglesia ortodoxa rusa ha seguido desde el comienzo con gran interés el pontificado de Benedicto XVI, apreciado en los ambientes de la cultura ortodoxa como teólogo de gran profundidad, agudeza y adhesión a la tradición. Procedente de algunos exponentes del patriarcado, hace alrededor de un año llegó al centro cultural Biblioteca del Espíritu la propuesta de publicar en lengua rusa, para el gran público, algunas obras significativas del pensamiento de Joseph Ratzinger. La elección recayó, en primer lugar, sobre la obra Introducción al cristianismo, que había circulado con anterioridad de forma semi clandestina en una edición impresa por la editorial belga Le Foyer oriental chrétien.

El prefacio que ha escrito para el libro el Metropolita Kirill, presidente del Departamento para las relaciones exteriores del patriarcado de Moscú, testimonia la conciencia común de la tarea misionera de la Iglesia en el mundo contemporáneo y de la centralidad de Cristo sobre quien dicha tarea se funda. Precisamente de esta consonancia, y de las perspectivas que nacen de ella, brota el agradecimiento con el que el Papa ha recibido el texto del alto exponente de la Iglesia ortodoxa rusa.

Prefacio del metropolita Kirill al libro, del papa Benedicto XVI, Introducción al cristianismo

El libro Introducción al cristianismo que proponemos ahora al lector ruso fue publicado por primera vez hace casi cuarenta años, en 1968. Reúne las lecciones pronunciadas en el curso del verano de 1967 en la Universidad de Tubinga por el sacerdote Joseph Ratzinger, que posteriormente se convertiría en el papa Benedicto XVI.

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Pero no es la actual posición del autor lo que motiva hoy la publicación de este libro en Rusia. En mi opinión, la razón principal por la que esta obra ha sido traducida y publicada muchas veces en distintas lenguas reside en la actualidad del tema que en ella se trata, una actualidad que aumenta con el paso de los años. Puede parecer paradójico, pero nosotros, cristianos de comienzos del tercer milenio, necesitamos cada vez más una introducción al cristianismo, necesitamos descubrir sus principios fundamentales, volver a los fundamentos, a los orígenes. Esta necesidad es sentida de forma particularmente aguda en el continente europeo, durante siglos cuna del cristianismo, cuya cultura y civilización se fundan sobre la fe cristiana.


Introducción al cristianismo es un intento de aclarar en profundidad el significado de la fe en Cristo en el mundo moderno. Alguien podría objetar que los años 60 del siglo pasado son muy distintos del contexto en el que vive la humanidad en la actualidad. ¿Qué puede decir este libro –habría que preguntarse– al lector contemporáneo, al hombre que vive en la época de internet, de los teléfonos móviles y de la globalización?

Hay que decir que el progreso tecnológico y los cambios sociales crean condiciones más favorables de vida material, pero no influyen positivamente en la vida espiritual de la gente. Por el contrario, las tendencias preocupantes que se observan ya en los años 60 en la condición espiritual del mundo que solía hacerse llamar cristiano, han adquirido hoy plena fuerza, y Europa se avergüenza incluso de sus propias raíces cristianas.

Analizando la situación actual del cristianismo en Europa fácilmente se tiene la tentación de reconducir las diferencias y las dificultades a factores exclusivamente históricos y políticos. No hay que olvidar que sobre la situación religiosa de los países de Europa del Este, y sobre todo de Rusia, influyeron notablemente las persecuciones contra la fe perpetradas por regímenes totalitarios. En la primera mitad del siglo XX también fue sometida a persecuciones análogas la Iglesia católica en Méjico y en la España republicana. Hay que subrayar que incluso aquellos que persiguieron a los cristianos en aquella época habían crecido a su vez en un contexto cristiano, habían tenido constantemente la posibilidad de escuchar el anuncio de la fe. Y, a pesar de esto, por diferentes motivos no acogieron «las palabras de vida eterna» (Jn 6, 68). ¿Fueron ellos los que lo rechazaron intencionadamente, o tal vez fueron los portadores del anuncio cristiano los que faltaron de alguna forma a su misión?

Pienso que nosotros, como creyentes miembros de la Iglesia, que tenemos como primera tarea la de anunciar el Evangelio; debemos extraer una lección de la historia y decidir nuevamente, cada uno por sí mismo, qué decir y de qué forma hablar de Cristo al mundo para poder ser escuchados. Me aventuro a afirmar aquí que un grave factor que obstaculiza la capacidad de acoger el anuncio cristiano en el mundo secularizado de hoy es el hecho de que los cristianos, tanto en oriente como en occidente, nos hemos preocupado fundamentalmente de encontrar un lenguaje adecuado para dialogar con el mundo, pero nos hemos olvidado de los contenidos a comunicar. En realidad, la esencia y el significado de la Buena Noticia que estamos llamados a anunciar es la Verdad misma, que tiene por sí misma una gran capacidad de atraer a las personas, al hablar directamente al corazón. A nosotros nos corresponde simplemente presentar a los hombres la Verdad en toda su integridad y plenitud, y será ella misma la que les haga libres (Jn 8, 32). Precisamente por este motivo es esencial volver continuamente a los orígenes, a la Tradición, que reviste una importancia vital para la Iglesia, porque en última instancia brota del Dios que se ha hecho Hombre. Debemos recordar siempre que el centro de nuestro anuncio debe ser el Verbo Divino Encarnado, nuestro Señor Jesucristo. Es Él en primer lugar quien debemos dar a conocer a los hombres. Si actuamos así, nuestras palabras encontrarán cada vez mayor eco, como lo encontraron en todo el mundo las palabras de los apóstoles, simples pescadores de Galilea.

Me parece que este es justamente el mensaje esencial del libro Introducción al cristianismo. Por eso es tan importante tomar en consideración la personalidad de su autor. Joseph Ratzinger era conocido en todo el mundo como ilustre teólogo mucho antes de ser elegido Papa e incluso antes de ser nombrado Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Por este motivo, el actual pontífice ha gozado siempre de una sólida fama de amante de la Tradición, hasta el punto de ser mirado con cierta desconfianza desde los ambientes liberales que, por desgracia, ganan cada vez más posiciones en el mundo cristiano contemporáneo. Por alguna razón, la mentalidad común hace coincidir el conservadurismo con una estrechez de miras, cuando eso es completamente falso. El amor de Benedicto XVI por la Tradición es una mirada profunda, una sabia capacidad de captar la esencia íntima de las cosas.

A través de la preocupación por volver a los fundamentos del cristianismo que le caracteriza, el Papa no pretende sustraerse a los graves interrogantes que plantea el mundo; bien al contrario, responde con decisión, fundamentándose siempre en la eterna e inmutable Verdad. Por lo demás, el mundo cambia sólo externamente, y los interrogantes que plantea son los mismos de hace mil años. Tampoco debe cambiar, por tanto, el contenido de nuestras respuestas. Estoy profundamente convencido de que esta debe ser la actitud de todos los cristianos que deseen permanecer fieles a la eternamente joven Tradición de la Iglesia ante la enésima ofensiva del relativismo totalitario del que somos espectadores. Tal fidelidad a la tradición es profesada hoy con claridad por la Iglesia ortodoxa y por la Iglesia católica. Esto acerca sus posiciones y permite esperar una superación de las diferencias que existen actualmente entre ellas, en vistas a una colaboración fecunda en el anuncio de los valores cristianos. Este espíritu de fidelidad a nuestras raíces comunes impregna literalmente el libro de Benedicto XVI, que recomiendo encarecidamente tanto a los lectores ortodoxos como a todos los creyentes en Cristo, y también a aquellos que permanecen a la búsqueda de un camino que conduzca a la Verdad.


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