29 octubre 2007

Es ordenado monseñor Paolo Pezzi, nuevo arzobispo metropolita en Rusia



MOSCÚ, lunes, 29 octubre 2007.- «Te doy todo a Ti». Con estas palabras, monseñor Paolo Pezzi consagró su ministerio como nuevo arzobispo de la arquidiócesis de la Madre de Dios en Moscú, tras ser ordenado obispo el pasado 27 de octubre en la Catedral de la capital rusa y entrar así plenamente en funciones.



La ordenación estuvo presidida por el arzobispo saliente, quien estuviera 16 años al frente de la arquidiócesis, monseñor Tadeus Kondrusiewicz, y concelebrada por el nuncio Antonio Mennini, representante de la Santa Sede en Rusia, así como por los otros tres arzobispos del país: monseñor Joseph Wert, monseñor Kirill Klimovich, monseñor Clemens Pickel y por el arzobispo de Astana, Kazajstán, Tomasz Peta.

Durante la celebración efectuada en ruso, latín e italiano, monseñor Kondrusiewicz resaltó la difícil y responsable tarea que tiene un obispo: «Enseñar a amar a Dios». «Cristo llama al obispo para ser su apóstol y continuar a través de él su misión. Es Dios quien por medio del obispo guía a su pueblo».

Haciendo una analogía con el evangelio de la celebración litúrgica, que hablaba precisamente de la triple confesión de Pedro (Juan 21, 15-17) donde Jesús le pregunta: «¿Me amas?» y Pedro responde: «Sí Señor, tú sabes que te amo», monseñor Kondrusiewicz resaltó el papel del obispo de servir a cada persona hasta el final.

«Un obispo es como un ángel de la guarda», afirmó Kondrusiewicz, haciendo referencia al papel que ahora desempeñaría su sucesor Pezzi. Por un lado, explicó, la Iglesia en Rusia existe desde hace más de un siglo, pero por otro, es también muy joven. Es por ello que ahora Pezzi sería esa especie de «ángel de la guarda» a quien se le encomendaba el «corazón» de la Iglesia católica en Rusia.

«Con amor, dile a Jesús: Sí Señor, te amo» y «Él te hará más fuerte a través del Espíritu Santo», exhortó Kondrusiewicz, quien al mismo tiempo pidió a todos los feligreses encomendar en sus oraciones a su nuevo arzobispo.

Con la catedral llena de sacerdotes, religiosas y religiosos, diplomáticos y fieles, entre los que se encontraba un gran número de italianos, el arzobispo Mennini manifestó en su discurso que como ha hecho Kondrusiewicz en estos 16 años, Pezzi tiene que ser también un arzobispo «del corazón».

El nuncio Mennini, recalcó que monseñor Pezzi conocía muy bien a Rusia y que de ninguna manera era un extraño en estas tierras, al mismo tiempo que señaló que el Papa Benedicto XVI no lo hubiera designado si no supiera que ama al pueblo ruso. «Juntos construiremos el reino de Dios», afirmó Mennini.

Por su parte y tras ser ordenado obispo, monseñor Paolo Pezzi explicó que su vida desde un principio estuvo llamada a escuchar a Dios y a servirle, y dio gracias en particular a los representantes presentes de las distintas confesiones cristianas, de entre los cuales, dijo, «veo signos de amor de la Iglesia ortodoxa».

Y fue precisamente en su turno de felicitación, que el arcipreste Vsevolod Chaplin, vicepresidente del Departamento de Relaciones Exteriores del Patriarcado de Moscú, en nombre del Patriarca ruso ortodoxo, Alejo II, y del metropolita ortodoxo Kirill de Smolensk y Kaliningrad, deseó a monseñor Pezzi que juntos desarrollaran el diálogo y la cooperación para resolver problemas en común.

Cabe señalar que entre las autoridades presentes se encontraba también el sacerdote Igor Vyzhanov, secretario para las Relaciones Intercristianas del Departamento de Relaciones Religiosas del Patriarcado de Moscú, el Patriarca Ortodoxo de Antioquía, obispo Niphon, así como distintos diplomáticos en Rusia.

A las felicitaciones expresadas ese día llegaron también por parte del Departamento de Asuntos Religiosos del Parlamento Ruso, la Duma, así como del Rabino principal de Moscú.

Como detalle curioso cabe señalar que el padre Igor Kovalevski, secretario general de la Conferencia de Obispos Católicos en Rusia, señaló a monseñor Pezzi que desde ahora ya no sería llamado «Paolo», como es su nombre en italiano, sino con la variante rusa: «Pavel», «Pavel Pezzi».

20 octubre 2007

V Certamen Nacional de Redacción “Historias de un Sí”

“LOS SANTOS Y SANTAS DIJERON QUE SÍ, Y PUDIERON… YO, ¿POR QUÉ NO?”

Los santos han sido personas normales como nosotros, han alcanzado el Cielo y gozan al contemplar el rostro de Dios. Se puede hablar con ellos y decirles que pidan a Dios por nuestras necesidades. Un día Jesús les llamó, uno a uno, para ser sus amigos, y le dijeron que sí, y pudieron -con la ayuda de Dios- mantener esa amistad hasta la muerte. Si ellos pudieron, cabe preguntarse: y yo, ¿por qué no?

Cerca de nosotros, hay también muchos cristianos que procuran ser amigos de Jesús, y quieren que el mundo sea mejor. Saben que ser santo no consiste en hacer cosas cada día más difíciles, sino en hacerlas cada día con más amor. Es luchar por hacer bien los deberes diarios, estudiando con intensidad, siendo amables y alegres con nuestros padres, hermanos y amigos, dando limosna a los pobres, etc. Se puede ser moderno y profundamente fiel a Jesucristo, que está contento cuando nos acordamos de Él y hablamos con Él en nuestra vida diaria.




PARTICIPANTES
Categorías
1ª Hasta 10 años
2ª De 11 en adelante


TEMA
La redacción deberá tener dos partes:

La primera, hará referencia a LOS SANTOS Y SANTAS DIJERON QUE SÍ, Y PUDIERON, y versará sobre alguno de los aspectos más sobresalientes de la vida del santo o santa que tú prefieras (pueden ir acompañadas de dibujos).

La segunda parte, que responde a -YO, ¿POR QUÉ NO?- será en forma de carta dirigida a Jesús, en la que le cuentas los proyectos que tienes para tu vida.

Si Él te pidiese ser amigo íntimo, ¿estarías dispuesta o dispuesto a cambiar tus planes, y decir que sí al Señor? No porque no te gusten esos planes, sino porque Dios quiere contar contigo. ¿Qué querrá Dios de mí? Pregúntaselo a menudo. ¿Y si fuera sacerdote?, ¿O si fuera religiosa o religioso?, ¿O un buen o una buena profesional cristiana?, ¿O una buena madre o un buen padre de familia cristiana?
Dile a Jesús: ¡Que sea algo grande, y que sea amor!, ¡Señor, que vea!, ¡Jesús, que yo haga siempre lo que Tú quieras! En mis circunstancias actuales, ¿yo no podría seguir el mismo camino que siguieron los santos?, ¿En qué tendría que cambiar?, ¿Jesús estás contento de mi?, ¿Cómo sería mi vida si Dios me llamara a vivir cerca de Él?
Ten presente que los primeros cristianos eran como tú, gente normal. La mayoría no fueron sacerdotes ni religiosos, y muchos de ellos fueron santos.

El total de la redacción no podrá superar los tres folios. Se presentará en formato DIN-A 4, escrita a mano o con ordenador, en cualquiera de las lenguas habladas en el Estado.

Cada trabajo llevará en la última de sus páginas: Nombre, Apellidos, Edad, Dirección completa, Teléfono y e-mail, y Centro educativo del autor.



AYUDA
www.vidasejemplares.org
www.aciprensa.com “santos”
www.churchforum.org “santoral”
www.encuentra.com “santoral”
www.almudi.org (Sección infantil: “Historia de un sí”)
www.alexiagb.org

FECHAS
Los trabajos deben presentarse antes del 25 de enero de 2008, en la ASOCIACIÓN AMIGOS DE RUSIA SAN NICOLÁS, por correo postal a la siguiente dirección: Pedro Antonio Menéndez, 1, Esc 2ª-1º. 33004. O por e-mail: jmc2222@gmail.com

PREMIOS
Se otorgarán tres premios en cada categoría. Los premios consisten en un lote de libros y DVDs o Videos para cada ganador y un diploma acreditativo. Se premiará con un ejemplar del DVD PESCADORES DE HOMBRES a las 500 mejores redacciones. El Centro Educativo o Entidad que presente a los premiados de cada Categoría, recibirá un lote surtido de folletos de catequesis.

En este Certamen, un buen premio es participar.
Los premios se entregarán por correo postal.

17 octubre 2007

«¡María espera la respuesta de todos sus hijos!», recuerda el cardenal Bertone en Fátima

En el 90º aniversario de las apariciones marianas

FÁTIMA, miércoles, 17 octubre 2007.- María pide conversión, penitencia, corazones sencillos que acepten orar por la conversión de los demás, subrayó el domingo el cardenal Tarcisio Bertone, legado pontificio en Fátima por el 90º aniversario de las apariciones marianas.

Del 13 de mayo al 13 de octubre de 1917 la Virgen se apareció a los tres pastorcillos Jacinta, Francisco y Lucia en Cova de Iría.



El secretario de Estado del Papa presidió en nombre de éste las celebraciones conclusivas del mencionado aniversario en el Santuario de la Santísima Trinidad –que había consagrado dos días antes-.

En conexión televisiva Benedicto XVI se unió espiritualmente -el domingo, en el rezo del Angelus- a los presentes en Fátima, en una oración, por intercesión de María, por «el don de una conversión de todos los cristianos, para que se anuncie y testimonie con coherencia y fidelidad el perenne mensaje evangélico, que indica a la humanidad el camino de la auténtica paz».

«A los noventa años de las apariciones, Fátima sigue siendo un consolador faro de esperanza, pero también una fuerte llamada a la conversión», reconoció en su homilía el cardenal Bertone.

La Virgen, que «ha sido preservada de la lepra del pecado, vivió en perenne acción de gracias a Dios y se transformó en icono de la salvación»; «se presenta a los pastorcillos resplandeciente de luz, pero en sus palabras y a veces también en su rostro, velado por momentos de tristeza, existe constante referencia a la realidad del pecado», recordó.



Les muestra «su Corazón Inmaculado coronado de espinas, y explica que es necesaria su oración y sacrificio para reparar los muchos males que ofenden a Dios, para hacer que cese la guerra y obtener para el mundo la paz»; el lenguaje de María es «sencillo, adaptado a los niños» -apuntó el purpurado italiano-, pero «en términos muy realistas les introduce en el drama de la vida».

«Les pide su colaboración», encuentra su disponibilidad y les revela: «Tendréis que sufrir mucho, pero la gracia será vuestro consuelo» -prosiguió-; «la Virgen elige a niños inocente como sus colaboradores privilegiados para combatir, con las armas de la oración y la penitencia, del sacrificio y del sufrimiento, la terrible lepra del pecado que corrompe a la humanidad».

«¿Por qué lo hace? ¿No es tal vez porque esto responde al método de Dios, quien "ha elegido aquello que en el mundo es débil para confundir a los fuertes"?», planteó el legado pontificio.



Entonces subrayó el ejemplo de tantos niños, «pequeños apóstoles de Cristo», «que han afrontado, y siguen haciéndolo, el sufrimiento y la enfermedad con serenidad, dando ellos consuelo a sus padres en momentos de tan grande prueba», como es el caso de Silvio Dissegna, «un chaval piamontés muerto de cáncer a los doce años, del que ya se ha introducido la causa de beatificación».

«La luz que María hizo resplandecer a los ojos de los pastorcillos, y manifestarse a tanta gente en el milagro del sol el 13 de octubre, indica que la gracia de Dios es más fuerte que el pecado y que la muerte», recalcó el purpurado.



«Pero María pide a todos conversión y penitencia; quiere corazones sencillos que acepten generosamente orar y sufrir por la reparación de los pecados, por la conversión de los pecadores y por la salvación de las almas -sintetizó-. ¡María espera la respuesta de todos sus hijos!»; «acojamos su invitación y permanezcamos fieles a nuestra vocación cristiana».

09 octubre 2007

Cumple 50 años «Rusia Cristiana», una de las gotas que derramó el vaso soviético

Entrevista con su fundador, el padre Romano Scalfi


ROMA, martes, 9 octubre 2007.- Desde cuando era joven seminarista se preparó a descubrir y valorar los tesoros espirituales de la Rusia cristiana. La dictadura comunista le impidió durante decenios pisar la tierra rusa, pero el padre Romano Scalfi no se resignó. Construyó una red de resistencia cristiana, y ahora celebra 50 años fecundos de liturgia y belleza iconográfica.

El fundador de «Rusia Cristiana» relata a Zenit que, entre 1951 y 1956, estudió en Roma, en el Instituto Pontificio Oriental, recibiendo una profunda formación sobre Rusia y Europa del Este.



Su pasión por Rusia nació cuando era seminarista, participando en Trento en una liturgia bizantina, celebrada por algunos sacerdotes jesuitas del Colegio Russicum de Roma. En ese momento se enamoró de la liturgia oriental.

«Incluso el príncipe Vladimiro de Kiev se bautizó con su pueblo en 988 por esta atracción», subraya el padre Scalfi.

Narran las crónicas que el príncipe, buscando una religión, en sustitución del paganismo, mandó a sus embajadores a varios países para que examinaran sus cultos. Los enviados fueron también a los latinos y musulmanes. Ninguna de estas religiones les impresionó tan favorablemente como la celebración en la gran catedral bizantina de Santa Sofía de Constantinopla, hoy Estambul.

A su vuelta de Constantinopla, dijeron al príncipe: «Fuimos a los griegos y vimos dónde celebraban en honor de su Dios: no sabíamos si nos encontrábamos en el cielo o en la tierra, y todavía no podemos olvidar aquella Belleza... sólo sabemos esto: allí Dios convive con el hombre».



El fundador de «Rusia Cristiana» recuerda que «la Belleza, según los Padres de la Iglesia no es sólo estética, sino que lo Bello es una cualidad de Dios, y así hay que entender la frase de Dostoyevski: «La Belleza salverá al mundo».

Mientras se preparaba para ser misionero en Rusia, en 1957, el padre Scalfi fue a Milán, donde abrió el centro de estudios «Rusia Cristiana».

«Yo soñaba con ir a Rusia y en Milán me sentía aparcado en espera de la misión -dice a Zenit-. Pero «en espera de que se abrieran las puertas, Rusia creyó oportuno declararme persona ‘non grata’».




«Así, durante diecinueve años, me fue imposible pisar el suelo de Rusia. Me preguntaba: “¿Por qué el Señor me ha puesto en el corazón el deseo de ir a Rusia y luego me hace estas bromas”?».

«Al Señor le gusta jugar con nuestros planes y, sobre todo, le gusta cambiar las cartas de la mesa, pero, si somos fieles al núcleo de la vocación, el Señor realiza nuestros planes de modo infinitamente más grande del que podíamos imaginar», añade.

A pesar de la durísima represión comunista, el padre Scalfi siguió creyendo que en Rusia había focos de fe, y lo confirmó cuando llegó a Occidente el Samizdat, evento que el fundador de «Rusia Cristiana» señala como «uno de los más grandes milagros del siglo XX».

Samizdat es una palabra rusa que significa «autoeditado». Quiere decir que, tras decenios y decenios en los que toda la cultura, las editoriales, los medios de comunicación estaban en manos del Estado, las personas que querían comunicar algo importante empezaron a confiar sus mensajes, textos, poesías, cartas y novelas a canales alternativos.

¿Cómo hacían? Leían, por ejemplo, en la prensa de propaganda atea alguna cita de la Biblia o del Evangelio, escrita para refutarla. Las personas recortaban, pegaban, copiaban con papel de calco porque las fotocopiadoras no existían y de todos modos estaban prohibidas.

Luego enviaban textos a Occidente, casi ilegibles porque ya se trataba de la sexta o séptima copia. O copiaban cartas, testimonios, relatos. De este modo, llegaron inéditos a Occidente. Algunos relatos de Alexander Solyenitsin, transcritos como anónimos, relatos mínimos.

«Nosotros los traducíamos y publicábamos en nuestra revista “Rusia Cristiana”, relata el padre Scalfi y la prensa de izquierda nos acusó de habernos inventado el Samizdat, de haber escrito nosotros estos relatos, para poderlos publicar gracias a esta excusa. Ojalá hubiéramos sabido escribir como Solyenitsin», bromea el sacerdote.

«Por el Samizdat se podía acabar en un campo de concentración. Las personas eran encerradas normalmente en estos campos si se les encontraba en posesión de estos textos, o sorprendidas mientras los estaban leyendo, difundiendo o copiando», narra.



«Estos textos eran tan importantes para la gente que, a pesar de que corrían el riesgo de ser encerrados en la prisión o en campos de concentración, los difundían, y difundiéndolos, poco a poco llegaron también a Occidente. Entre los destinatarios, estaba también yo», recuerda.

Y así hacia fines de los años 50, cuando en todo Occidente se pensaba que en la Unión Soviética el cristianismo fuera ya sólo una reliquia del pasado, el padre Romano Scalfi tuvo la intuición de que en Rusia la fe cristiana no sólo existía todavía, sino que era un principio cultural y espiritual fundamental que había que despertar.

«Por esto -añade el padre Scalfi-, algunos amigos y yo, fuimos a la Unión Soviética en 1960 con dos coches y logramos “perdernos” de los guías rusos para visitar las aldeas y hablar con la gente del pueblo».



«En los años siguientes, fui varias veces a la Unión Soviética hasta que me detuvo uno que me dijo que ‘no era persona grata’ y así me quitaron el visado hasta la caída el muro de Berlín -recuerda-. De todos modos, no me di por vencido y, sin romper las relaciones de amistad, empecé a entrevistarme con estudiantes de ruso o personas que iban allí por trabajo».

Desde 1960, el padre Scalfi empezó a publicar la revista «Rusia Cristiana» que, entre mil dificultades, empezó a dar voz a los creyentes perseguidos en la URSS y a la defensa de los derechos religiosos y humanos. En los años 80, la revista cambió de nombre, ahora se llama «La Nueva Europa» y, desde 1991, se publica también en lengua rusa en Moscú.

El fin es dar a conocer en Occidente las riquezas de la tradición espiritual, cultural y litúrgica de la Ortodoxia rusa, favorecer el diálogo ecuménico sobre la base del contacto vivo entre diversas experiencias de Iglesia y contribuir a la reevangelización de Rusia.

El padre Scalfi reveló que, en 1993, para proseguir y ampliar las relaciones de amistad y colaboración nacidas en Rusia en 40 años de trabajo, «hemos creado en Moscú el Centro Cultural ‘Biblioteca del Espíritu’, que en colaboración con la Iglesia Católica local y algunas importantes instituciones de la Iglesia Ortodoxa Rusa, realiza un trabajo cultural, editorial y de distribución de libros».

La Biblioteca del Espíritu ha publicado recientemente en ruso la «Introducción al Cristianismo» de Joseph Ratzinger, con el prólogo del metropolita Kirill, presidente del Departamento para las Relaciones Exteriores del Patriarcado de Moscú.

En mayo de 2003, con motivo del decenio de la «Biblioteca del Espíritu», un grupito de colaboradores participó en una audiencia de Juan Pablo II, y en aquella ocasión le donamos el ejemplar del libro un millón distribuido por el Centro.



Otra joya del trabajo de Rusia Cristiana es la Escuela Iconográfica de Seriate (www.russiacristiana.org/iconografia.htm), la primera surgida en Italia. En torno a la Escuela, se reúne una Fraternidad de iconógrafos, empeñados en el estudio y en la obra de «revivir» la tradición del icono en Occidente.

El padre Scalfi concluye recordando que «el iconógrafo es un artista que pone a disposición sus talentos para que la oración de toda la comunidad sea sostenida por la luz divina del icono, y por esto necesitan una seria formación espiritual y técnica».

La «Escuela de Seriate» organiza desde hace años varias muestras de iconos en toda Italia y ha realizado con gran éxito una exposición de ochenta iconos, dedicados a los misterios del Rosario y a la Madre de Dios, actualmente expuesta en Venecia (http://www.exibart.com/profilo/eventiV2.asp/idelemento/45453).

04 octubre 2007

En el 90 aniversario de las apariciones de la Virgen

Benedicto XVI y Fátima


No sólo el Papa Juan Pablo II estuvo especialmente vinculado a la Virgen de Fátima. También Benedicto XVI lo está. No sólo fue el encargado por su predecesor para desvelar el tercer secreto revelado a los tres pequeños pastores portugueses, sino que él mismo tomó, tras ser elegido como nuevo Papa, el nombre de Benedicto, en honor de san Benito y del Papa Benedicto XV, bajo cuyo pontificado tuvieron lugar las apariciones.


«Quiero referirme -explicaba en la primera de sus Audiencias de los miércoles- al nombre elegido como Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal. He querido llamarme Benedicto XVI en relación con el Papa Benedicto XV, que guió la Iglesia en un período difícil a causa del primer conflicto mundial. Fue un profeta de paz valiente y auténtico, e hizo lo posible para evitar la guerra y limitar sus consecuencias nefastas. Como él, deseo poner mi ministerio al servicio de la reconciliación y armonía entre los hombres y los pueblos, con el profundo convencimiento de que el gran bien de la paz es sobre todo un don de Dios, frágil y precioso, que hemos de invocar, defender y construir entre todos».





Benedicto XV fue el Papa que guió a la Iglesia durante la Primera Guerra Mundial. Hizo numerosas llamadas a la reconciliación entre las naciones y pidió en muchas ocasiones que se rezase por la paz, principalmente a los niños. Una de sus intervenciones ha adquirido con el tiempo un tono profético; el 5 de mayo de 1917, Su Santidad envió una carta al cardenal Gasparri en la que pide: «Haga conocer a todos los obispos del mundo que es nuestro ferviente deseo que la Humanidad se dirija al Sagrado Corazón de Jesús -Trono de Gracia- y que acudan a este Trono por medio de María. Por lo tanto, ordenamos que, comenzando con el primer día de junio este año, se ponga en la Letanía de la Santísima Virgen la invocación: ¡Reina de la Paz, ruega por nosotros! ¡Que los tiempos venideros recuerden la eficacia de la intercesión de María y la grandeza de sus bendiciones para quienes le suplican!»

La respuesta de la Virgen

Ocho días después, la Virgen se apareció en Fátima a los niños Jacinta, Francisco y Lucía, ofreciendo a la Humanidad el remedio mejor para asegurar la paz: «Rezad el Rosario todos los días, a fin de obtener la paz para el mundo».

El contexto histórico de la apariciones era difícil para la supervivencia de la fe. En Rusia -tan vinculada a los secretos de Fátima- fermentaba ya la revolución comunista, y en Portugal se había producido otra revolución unos años antes, que había traído consigo la persecución religiosa. Alfonso Costa, uno de sus líderes, afirmó en 1911 que la religión quedaría suprimida en una o dos generaciones. La respuesta a todo ello la dio la Virgen a unos niños de una aldea perdida de Portugal. Tan es así que el arzobispo de Moscú, monseñor Kondrusiewicz, afirmó en una entrevista reciente que, «hace quince años, durante el domingo sólo había dos misas: en San Luis de los Franceses y en la embajada estadounidense. Hoy, hay 27 misas en 12 idiomas. Muchos de los que participan en ellas son jóvenes, algunos rusos y otros extranjeros. Los jóvenes son muy dinámicos. Es fácil organizar actividades y se ofrecen sin problemas como voluntarios».

Sobre Fátima, el arzobispo de Moscú afirma: «Tras la muerte de sor Lucía, celebramos una misa especial. Me encontré tres veces con ella. La primera vez, en 1991. Ella no podía creer que en Moscú hubiera un arzobispo. Esto era para ella el signo de que la promesa de Fátima se estaba realizando. Estaba evidentemente emocionada. El 13 de cada mes, en Rusia, se hace una procesión con las antorchas y se reza. Para nosotros los católicos, el mensaje de Fátima, en tiempos soviéticos, era una esperanza. Todo era oscuro, pero la Virgen dijo: Mi corazón inmaculado triunfará y Rusia se convertirá. Quizá los jefes que firmaron el final de la Unión Soviética, el 8 de diciembre de 1991, no sabían bien el significado de ese día: la fiesta de la Inmaculada».

El 13 de mayo pasado, 90 aniversario de las apariciones, Benedicto XVI presidió la misa de inauguración de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Allí se refirió a la Virgen de Fátima afirmando que, «con su vehemente llamada a la conversión y a la penitencia, es, sin duda, la más profética de las apariciones modernas. Pidámosle a la Madre de la Iglesia, a ella que conoce los sufrimientos y las esperanzas de la Humanidad, que proteja nuestros hogares y nuestras comunidades. De modo especial confiémosle aquellos pueblos y naciones que tienen particular necesidad, y lo hacemos con la certeza de que no dejará de atender las súplicas que le dirigimos».

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo

DESHIELO CATÓLICO-ORTODOXO EN RUSIA

Algo se mueve en Moscú



Por José Luis Restán

La noticia ha quedado confinada en el ámbito de los especialistas, pero si se analiza en el contexto de otros indicios recientes, bien merece una atención más esmerada. El pasado 21 de septiembre, la Santa Sede hacía público el nombramiento del sacerdote italiano Paolo Pezzi, como Arzobispo Metropolita de la Archidiócesis de la Madre de Dios, en Moscú. ¿Por qué colocar a un italiano al frente de la principal comunidad católica de la inmensa Rusia?




Recordemos primero que durante quince años, la sede católica moscovita ha sido guiada por Tadeusz Kondrusiewicz, nacido en Bielorrusia y de raíces polacas. A este hombre de recio carácter le ha tocado construir en el desierto; primero porque a su llegada la Iglesia católica había desparecido prácticamente de Rusia tras setenta años de comunismo, y segundo porque en todo momento ha respirado la hostilidad del Patriarcado Ortodoxo de Moscú. Razones históricas y teológicas, pero también biográficas, han amasado ese clima verdaderamente gélido. Para el Patriarcado, Kondrusiewicz ha sido siempre "un polaco" (como lo era, evidentemente, Juan Pablo II) trasladado a Rusia por decisión de Roma: eso despertaba los peores fantasmas de la historia religiosa y política de aquellas latitudes.

La reconstrucción de las estructuras católicas en Rusia, con la creación de cuatro diócesis en 2002, señaló el clímax del enfrentamiento, trufado de acusaciones al supuesto proselitismo católico. Para la Iglesia Ortodoxa los territorios de la Madre Rusia están confiados a su cuidado pastoral, y la presencia católica debía reducirse al mínimo. Por su parte, la Santa Sede recordaba la presencia secular de comunidades católicas latinas de diverso origen, tanto en la región de Moscú como en Siberia y en los márgenes del Volga, e invocaba el derecho de estas comunidades a gozar de la guía de sus obispos y a comunicar libremente su experiencia en un ambiente fuertemente marcado por la huella del ateísmo soviético. Por otra parte, es preciso recordar que en ese clima de dificultad y aspereza, nunca han faltado espacios de encuentro, colaboración y reconocimiento entre católicos y ortodoxos, como por ejemplo la Biblioteca del Espíritu, una iniciativa del Centro Rusia Cristiana en la que ha participado activamente el sacerdote Paolo Pezzi.

El pontificado de Benedicto XVI parece haber abierto un nuevo periodo. No nos precipitemos a denominarlo primavera, pero al menos es el final del invierno, y eso en Rusia siempre es motivo de esperanza. Todo indica que la decisión de enviar a Moscú a Don Pezzi tiene la finalidad de afianzar esta nueva estación con una persona que suscitará menos controversia con el Patriarcado. Este sacerdote italiano de 47 años pertenece a la Fraternidad Misionera de San Carlos Borromeo, injertada en el árbol eclesial de Comunión y Liberación. Durante más de diez años ha desarrollado su ministerio en Rusia, primero en Novosibirsk, después en Moscú y por último en San Petersburgo, donde actualmente era rector del seminario. Durante este periodo el nuevo obispo ha desarrollado una intensa actividad misionera, siempre acompañada de un cálido diálogo con los hermanos ortodoxos.



Por supuesto, el Patriarca Alexis II no comenta estos hechos, pero es significativo que en vísperas de su viaje a París, invitado por el arzobispo André Vingt-Trois, haya abierto por primera vez la puerta a un próximo encuentro con Benedicto XVI. También se ha hecho notar la estima del Patriarcado hacia la obra teológica del Papa Ratzinger, cuyo libro Introducción al cristianismo ha sido editado recientemente en ruso, con un elogioso prólogo del Metropolita Kirill, responsable del Departamento de Relaciones Exteriores del Patriarcado. Son pequeños signos que tejen una estela de confianza.

Mientras tanto, el esforzado arzobispo Kondrusiewicz retorna a su tierra natal para relevar en la sede de Minsk al heroico cardenal Swiatek, testigo de la fe en el gulag soviético. La pequeña pero dinámica comunidad católica de Moscú recordará siempre a su primer obispo con enorme gratitud, mientras contempla con esperanza una nueva etapa que estará marcada por la misión y el diálogo. Entre ambos no puede haber contradicción.



Santa Teresita del Niño Jesús. Documental en el Centenario de su muerte (33:37)

02 octubre 2007

Benedicto XVI asegura su colaboración al nuevo patriarca ortodoxo de Rumania

Su Beatitud Daniel, prestigioso intelectual


CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 1 octubre 2007.- Benedicto XVI ha asegurado su colaboración y la de los fieles católicos a Su Beatitud Daniel, nuevo patriarca de la Iglesia ortodoxa rumana.




El Papa envió el 30 de septiembre a Bucarest una delegación para participar en la entronización del jefe de esta Iglesia autocéfala con 19 millones de fieles.

La delegación ha estado presidida por el cardenal Walter Kasper, presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, y compuesta por el obispo Brian Farrell L.C., secretario de ese organismo vaticano, y por el arzobispo Jean Claude Périsset, nuncio apostólico en Rumanía.

Como «prenda de la búsqueda de la plena comunión», el cardenal Kasper regaló en nombre del Papa al patriarca un precioso cáliz y le llevó una carta escrita por el pontífice en francés en la que asegura que «los católicos están al lado de sus hermanos ortodoxos, con la oración y su disponibilidad, para ofrecer toda colaboración útil».

«El único Evangelio espera ser anunciado por todos juntos, en el amor y en la estima recíproca», sigue diciendo Benedicto XVI al jefe de la Iglesia rumana, que entre todas las iglesias ortodoxas es la segunda en número de fieles, después de la ortodoxa rusa.

La carta recoge la buena relación que se creó entre Juan Pablo II, primer Papa en visitar un país ortodoxo, Rumania, en mayo de 1999, con el anterior patriarca de Rumanía, Su Beatitud Teoctist, fallecido el 30 de julio de 2007, a los 92 años, después de 19 años de mandato.

Aquel gesto y las palabras que entonces se pronunciaron, reconoce Benedicto XVI, «siguen siendo de actualidad para mí y para la Iglesia católica, subrayando que es particularmente necesario intensificar los lazos que nos unen para el bien de la Iglesia».

El obispo de Roma considera que esta intensificación de la amistad entre católicos y ortodoxos será decisiva «para responder a las necesidades actuales en Europa y en el mundo, tanto a nivel religioso como social».

«Un testimonio común de los cristianos es cada vez más necesario para responder a nuestra vocación común y a las urgencias de nuestro tiempo», concluye la misiva.

Su Beatitud Daniel Ciobotea, de 56 años, es el sexto patriarca rumano. Cuenta con tres doctorados universitarios, dos de ellos alcanzados en el extranjero, con 12 años de estudios ecuménicos y con 10 años de monaquismo. Hasta ahora era arzobispo metropolitano de Moldavia y Bucovina.

Mensaje del Papa al nuevo patriarca de la Iglesia ortodoxa rumana

CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 18 octubre 2007.- Publicamos el mensaje que ha enviado Benedicto XVI a Su Beatitud Daniel, nuevo patriarca de la Iglesia ortodoxa rumana.

* * *

A Su Beatitud
DANIEL
Arzobispo de Bucarest
Patriarca de la Iglesia ortodoxa rumana

Con gran alegría y con sentimientos de comunión fraterna he sabido de su elección a la sede patriarcal de la Iglesia ortodoxa de Rumanía, sucediendo así a nuestro venerable hermano en Cristo Su Beatitud Teoctist.



Al comenzar su nueva misión, me uno muy particularmente a usted, Beatitud, así como al Santo Sínodo del Patriarcado rumano, a todo el clero y a los fieles, que lo reciben con alegría a usted, el nuevo pastor llamado a guiar a la Iglesia ortodoxa rumana. Pido al Espíritu Santo que lo sostenga en este arduo cargo. Que ayude a la Iglesia ortodoxa rumana en su desarrollo, para que afronte, con vitalidad renovada, los cambios y la reorganización material y espiritual necesarios en el período que vivimos, después de las dificultades experimentadas durante el pasado reciente, en el que existían numerosas limitaciones a la libertad y a veces persecuciones manifiestas.

Que el Señor lo acompañe para que su Iglesia responda a las expectativas del pueblo rumano y le dé cada vez más la esperanza que necesita para avanzar por el camino de la vida y para transmitir a las generaciones jóvenes los valores morales y espirituales fundamentales, a fin de afrontar las diferentes corrientes ideológicas que hoy atraen a muchos de nuestros contemporáneos.

En esta bendita ocasión, en la que me uno espiritualmente a usted, le deseo, Beatitud, un servicio pastoral fecundo, iluminado por la luz de Cristo y fortalecido por el poder del Espíritu Santo. ¿Cómo no recordar el encuentro solemne entre mi predecesor, de venerada memoria, y Su Beatitud Teoctist y los miembros del Santo Sínodo en Bucarest, en el palacio patriarcal, el 8 de mayo de 1999? Esa primera visita de un Papa a un país donde la Iglesia ortodoxa es mayoritaria abre un camino de esperanza, que es necesario proseguir con el fin de llegar a la unidad plena. Hago mías hoy las palabras que pronunció el Papa Juan Pablo II en esa circunstancia: "Sepa, Beatitud, que los católicos acompañan a sus hermanos ortodoxos mediante su oración y su disponibilidad a cualquier forma de colaboración. Todos estamos llamados a anunciar juntos el único Evangelio, con amor y estima recíproca" (Discurso durante el encuentro con el Patriarca y los miembros del Santo Sínodo, 8 de mayo de 1999, n. 2: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 14 de mayo de 1999, p. 10). El espíritu que animaba estas palabras y el compromiso que proclamaban siguen teniendo actualidad para mí mismo y para la Iglesia católica, al subrayar que es muy necesario intensificar los vínculos que nos unen, para el bien de la Iglesia.

De igual modo, nuestras relaciones deben reforzarse para responder a las necesidades actuales en Europa y en el mundo, tanto en el ámbito religioso como en el social. Un testimonio común de los cristianos es cada vez más necesario para responder a nuestra vocación común y a las urgencias de nuestro tiempo. Quiero también reafirmarle cuánto aprecio el compromiso que la Iglesia ortodoxa rumana siempre ha manifestado en el seno de la Comisión mixta internacional para el diálogo teológico, mediante una participación activa y positiva de sus delegados. Estoy seguro de que quiere proseguir e intensificar el diálogo entre ortodoxos y católicos durante nuevas fases del diálogo, con el que nos preparamos a abordar cuestiones cruciales para nuestras relaciones.

Con paciencia, caridad recíproca y esperanza, también deberemos resolver cuestiones sin duda menores, pero que, en el ámbito local, aún constituyen un obstáculo para la comunión fraterna entre católicos y ortodoxos, puesto que los cristianos muy a menudo conviven sin buscar siempre los vínculos diarios que podrían ser particularmente valiosos para las relaciones entre católicos y ortodoxos.

Desde esta perspectiva, todos deberían recordar que, en la víspera de su pasión y de su muerte redentora, Jesús dijo a sus discípulos: "Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros" (Jn 13, 34). El mandamiento del Señor debe llevarnos sin cesar a todos hacia nuevas relaciones, prólogo de la unidad plena.

Con estos sentimientos de alegría sincera y con la certeza de un compromiso común al servicio de la unidad de la Iglesia, le expreso mis más cordiales felicitaciones y le reafirmo mi afecto en el Señor Jesucristo, orando por usted, por los pastores y por todos los fieles de la Iglesia ortodoxa de Rumanía.

Castelgandolfo, 27 de septiembre de 2007

25 septiembre 2007

Los últimos momentos de sor Lucia (de Fátima) narrados por su superiora del Carmelo Sor María Celina de Jesús Crucificado, del convento de Coimbra

COIMBRA/ROMA, lunes, 24 septiembre 2007.- En el Carmelo de Coimbra (Portugal) sor Lucía siempre ocupó la misma celda, y «desde allí voló al cielo», escribió en su memoria su superiora, sor María Celina de Jesús Crucificado.

El pasado viernes, en Roma, los numerosos invitados a la presentación del libro «L'ultima veggente di Fatima – I miei colloqui con Suor Lucia» («La última vidente de Fátima – Mis conversaciones con sor Lucía») –del cardenal Tarcisio Bertone, con el periodista Giuseppe De Carli; editado por RAI Eri - Rizzoli- pudieron presenciar, en exclusiva, la proyección de un video-reportaje sobre el convento de Coimbra donde vivió la religiosa.



Ingresó en él en 1941. Desde 1950 pasó a formar parte establemente de la comunidad, habiendo profesado el 13 de mayo del año anterior. Tomó el nombre de Sor María de Jesús y del Corazón Inmaculado. En la clausura se ocupó de distintos encargos.

Realizado por Elena Balestri y De Carli, el reportaje televisivo va mostrando los escenarios que tantas veces recorrieron los ojos de la vidente de Fátima, y relata que amaba rezar el rosario, y que trabajó hasta que los dedos, deformados por la artrosis, se lo hicieron posible.

Para millones de devotos de Fátima, los lugares donde Sor Lucia pasó casi 57 años «son misteriosos; en televisión -comentan los realizadores- vimos a la vidente de Fátima con ocasión de las peregrinaciones de los Papas, Pablo VI y Juan Pablo II, y su última aparición es de octubre de 2000, mientras reza desde el coro del convento una decena del Rosario en conexión con la Plaza de San Pedro».

De ahí el carácter ciertamente excepcional de la filmación que, el pasado julio, «gracias a la Santa Sede, realizó un equipo en el convento de Coimbra», observan.

El convento, el claustro, el jardín, la imagen de la Virgen a cuyos pies se sentaba, un pasillo al que se asoma la celda de Sor Lucia. El espectador puede contemplar estos lugares. La comunidad religiosa ha decidido dejar la celda de Sor Lucía abierta, como si estuviera presente. En la puerta cuelga la inscripción: «Corazón inmaculado de María. Mi corazón inmaculado será tu refugio».



En el interior de la estancia se conserva el lecho donde murió, con una fotografía que la muestra abrazada a la superiora. Sostiene en su mano el mensaje de Juan Pablo II de consuelo y de cercanía espiritual en su enfermedad; también se ve un corderito de peluche, regalo de un sacerdote italiano.

Completan la celda imágenes de los tres pastorcillos y de la Virgen, una butaca, la silla de ruedas, un sencillísimo escritorio con los diccionarios que consultaba a diario mientras escribía, un rosario, un altavoz gracias al cual seguía la misa y los momentos de oración comunitaria.

Superiora de Sor Lucia durante seis años –la última por orden de tiempo-, Sor María Celina recibió al equipo televisivo, junto a Sor María del Carmen, hermana de comunidad de la vidente de Fátima durante 52 años. De hecho ésta acompañó a Sor Lucia a Fátima el 13 de febrero de 2000 por la beatificación de sus primos Jacinta y Francisco, una celebración que presidió Juan Pablo II.

De las conversaciones con las dos religiosas anfitrionas se desprende, en el reportaje, la vida de recogimiento de Sor Lucia, de soledad y silencio, apartada de la curiosidad de la gente: «en el exterior, como todas, en el interior como ninguna».

«Cuando ingresé, tardé ocho días en reconocer a Sor Lucia» -recuerda Sor María del Carmen-; «una hermana me dijo: "Madre, ¿si te llevara un trozo de pan que comer por la noche?". Y me dije que con seguridad no podía ser aquella. En cambio lo era».

Recuerdan los realizadores en el reportaje que uno de los últimos pensamientos de Sor Lucia fue para el Santo Padre, que en Roma estaba internado en el Policlínico Gemelli; la vidente ofreció sus sufrimientos por él.

Ofrecemos la traducción del diálogo mantenido en el reportaje con la superiora de sor Lucia.

¿Vio más veces a la Virgen María sor Lucia?

No hablaba fácilmente de esto. En los últimos años, en cambio, relataba la extraordinaria experiencia de 1917. Pero no decía «yo», sino «los pastorcillos»: se refería siempre a ellos. La imagen de Nuestra Señora no era como ella la deseaba. A veces le parecía fea, no se correspondía a la precisión de su recuerdo, no era la que el artista había plasmado a partir de su descripción. Es un poco lo que le ocurrió a santa Bernadette.



Y a quien hablaba de un cuarto secreto, de un secreto no desvelado, ¿qué le respondía sor Lucia?

Que nunca están satisfechos; que cumplan lo que pidió la Virgen, que es lo más importante. Cuando alguno observaba: «sor Lucía, dicen que existe otro secreto...», ella miraba irónicamente. «Si existe -rebatía- que me lo cuenten. Yo no conozco otros».

¿Cómo era Sor Lucia como religiosa?

Era una persona que emanaba alegría. Viví con ella 28 años y noté que era una persona que cuanto más avanzaba en edad más reencontraba una infancia evangélica. Parecía de nuevo la niña que en la Cueva de Iría había tenido las apariciones. Cuanto más pesado se hacía el cuerpo, más ligero se hacía el espíritu.

¿Se apagó poco a poco, casi dulcemente?

Cuando tuvo necesidad de ayuda, pusimos su cama en el centro de la celda y todas nosotras alrededor, junto al obispo de Leiría-Fátima. Yo estaba de rodillas junto a ella. Sor Lucía miró a todas y al final me miró a mí la última. Fue una mirada larga, pero había en sus ojos una luz profunda que llevo en mi alma.

¿La siente aún cercana?

Le rezo siempre y sé que ella ruega por nosotros. Hay cosas que no necesitan palabras: basta un gesto, un pensamiento. Antes Sor Lucia tenía problemas de oído. Ahora ya no. Ahora entiende todo hasta sin palabras.




Apariciones en Fátima (01:32:22)



Apariciones en Fátima: 1ª parte(06:45)



Apariciones en Fátima: 2ª parte(06:08)



Apariciones en Fátima: 3ª parte(07:03)



Apariciones en Fátima: 4ª parte(04:00)



Apariciones en Fátima: 5ª parte(03:11)


21 septiembre 2007

Nuevo arzobispo católico para Moscú

El padre Paolo Pezzi sustituye a monseñor Tadeusz Kondrusiewicz

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 21 septiembre 2007 .- Benedicto XVI ha nombrado nuevo arzobispo de la archidiócesis de la Madre de Dios en Moscú (Rusia) al padre Paolo Pezzi, FSCB, hasta ahora rector del seminario mayor «María Reina de los Apóstoles» en San Petersburgo. La archidiócesis de la Madre de Dios en Moscú (superficie 2.629.000, población 58.820.000, católicos 200.000, sacerdotes 128, religiosos 267, diáconos permanentes 1) en la Federación Rusa.

Según informó este viernes la Santa Sede, el Papa ha nombrado al mismo tiempo a su predecesor, monseñor Tadeusz Kondrusiewicz, arzobispo de Minsk-Mohilev (Bielorrusia), quien vivió en ese país los primeros años de su ministerio episcopal, de 1989 a 1991, antes de haber sido trasladado a Moscú, donde ha sido pastor de la comunidad católica durante quince años.

Con motivo de estos nombramientos, la representación de la Santa Sede ante la Federación Rusa ha difundido un comunicado en el que manifiesta el «reconocimiento» de Benedicto XVI y de los católicos rusos a monseñor Kondrusiewicz.

«A su obra se debe el que en 1991 se emprendiera el proceso de reconstrucción del país de las comunidades y estructuras católicas, prácticamente sin estructuras desde finales de los años veinte del siglo XX por el régimen soviético».

El 13 de abril de 1991 Juan Pablo II firmó un documento con el que restablecía la estructura de la Iglesia católica en Rusia, a través de la creación de nuevas diócesis católicas en las ciudades de Moscú, Novosibirsk y Karaganda, y nombraba a seis nuevos obispos.

«A su nombre quedarán ligadas importantes fases del renacimiento de la presencia -tradicional, aunque minoritaria- de los católicos en Rusia, como el restablecimiento del Seminario “Reina de los Apóstoles” y la restitución a los fieles de iglesias, en particular, la catedral de la Inmaculada Concepción en Moscú, que volvió a ser consagrada solemnemente en 1999».




Además, a él se debe «el renacimiento de la actividad editorial con publicaciones de numerosas obras teológicas, litúrgicas y de carácter social y científico (Enciclopedia Católica), la organización de numerosas conferencias y encuentros sobre la vida familiar y social y, en particular, sobre los diferentes temas teológico-bíblicos, la construcción de nuevas instituciones diocesanas, entre las cuales la más importante es la nueva curia diocesana en Moscú».

El comunicado recuerda que monseñor Kondrusiewicz «sucede en la sede episcopal de Minsk-Mohilev al cardenal Kazimierz Świątek, un auténtico confesor de la fe, que vivió intrépidamente la experiencia de la persecución» como testimonio de la gran estima que siente por él el Santo Padre.

En una entrevista a «Radio Vaticano» monseñor Kondrusiewicz dijo que acogía el nombramiento «con gran alegría, con obediencia al Santo Padre y con gran espíritu de responsabilidad», aunque admite: «Dejo aquí una parte de mi corazón, pues aquí comencé desde cero».

«Hoy tenemos estructuras», confesó el prelado, «hay también muchos presbíteros: comencé con pocos sacerdotes -dos o tres- hoy en mi diócesis hay más de 130». En 1999 tuvo lugar la primera ordenación de un sacerdote católico en Rusia, después de ochenta años.

Por lo que se refiere a la nueva misión en Bielorrusia, monseñor Kondrusiewicz dijo: «Regreso con espíritu de esperanza para continuar con el trabajo que ha realizado el cardenal Świątek junto con otros obispos, con el desarrollo de la Iglesia, para establecer buenas relaciones con la Iglesia ortodoxa y con la sociedad».

La archidiócesis de Minsk-Mohilev tiene una superficie 69.800, población 4.800.000, católicos 210.000, sacerdotes 74, religiosos 111.

El nuevo arzobispo de Moscú, el padre Paolo Pezzi, FSCB, nació el 8 de agosto de 1960 en Italia (Russi, Emilia Romaña). Estudió filosofía y teología en los años 1985-1990 en la Universidad Pontificia de Santo Tomás.

Fue ordenado sacerdote el 22 de diciembre de 1990, en la Fraternidad Sacerdotal de los Misioneros de San Carlos Borromeo, surgida del carisma de monseñor Luigi Giussani. Se doctoró en teología pastoral en la Universidad Pontificia Lateranense de Roma con el tema: «Católicos en Liberia: orígenes, persecuciones, hoy».

Desde 1993 ha desempeñado su ministerio en Rusia. Desde 2004 era profesor en el Seminario de San Petersburgo y desde 2006 rector.

Nuestra fuerza es la obediencia, recuerda nuevo Arzobispo de Minsk


ROMA, 22 Sep. 07 (ACI).-Mons. Tadeusz Kondrusiewicz, quien fuera hasta hace unos días Arzobispo de Moscú y que ahora va a dirigir la Arquidiócesis de Minsk en Bielorrusia, señaló que está "siempre al servicio de la Iglesia. Soy como un soldado: cuando mi jefe me pide ir a un puesto o a otro, siempre estoy disponible. Nuestra fuerza es la obediencia".

"Voy a Minsk con gran alegría, obediente al Santo Padre y con espíritu de gran responsabilidad. Dejo Moscú porque esta es la voluntad de Dios: la voluntad del Santo Padre, para mí, es la voluntad de Dios y debo trabajar en donde Él me pide hacerlo", dijo el Prelado a radio vaticano.

Mons. Kondrusiewicz explicó luego que deja en Moscú "una parte de mi corazón porque aquí todo lo inicié de cero: me encontré con la necesidad de reconstruir las estructuras, la Catedral, las comisiones, armar la Curia, construir el instituto teológico, luego el Seminario. Hemos impreso más de 600 libros en ruso -solo en mi Arquidiócesis.

"Ahora dejo todo esto -prosiguió- en una condición de dinamismo en nuestras relaciones y creo que mi sucesor continuará mi trabajo para la salvación del pueblo de Dios, también para establecer buenos contactos con las autoridades civiles, la sociedad rusa y la Iglesia Ortodoxa rusa".

Tras destacar que inició su ministerio episcopal en Moscú con "pocos sacerdotes -dos o tres-", el Prelado resaltó que "hoy en mi diócesis hay más de 130. Sobre todo está en aumento el número de jóvenes, niños, catequistas; la catequesis está desarrollada así como las obras de caridad... Hay bases, en resumen".

El nuevo Arzobispo de Minsk va a Bielorrusia "con espíritu de esperanza, porque conozco muy bien Bielorrusia: he trabajado -he nacido en Bielorrusia- entonces vuelvo a mi Patria.

Conozco a los sacerdotes, a los obispos. Vuelvo con espíritu de esperanza para continuar ete trabajo que ha hecho el Cardenal Swiatek junto con otros obispos, continuar con el desarrollo de la Iglesia, establecer buenas relaciones con la Iglesia Ortodoxa, y sobre todo con la sociedad. Para hacer esto pido las oraciones de todos".

El arzobispo católico de Moscú se despide dando gracias al patriarca ortodoxo

MOSCÚ, martes, 23 octubre 2007.- Publicamos la carta que ha enviado al Patriarca ortodoxo ruso, Alejo II, el arzobispo saliente de la arquidiócesis de la Madre de Dios en Moscú, monseñor Tadeusz Kondrusiewicz, nombrado por Benedicto XVI arzobispo de Minsk-Mohilev, Bielorrusia.

El próximo sábado será ordenado el nuevo arzobispo de la archidiócesis de la Madre de Dios en Moscú (Rusia), el padre Paolo Pezzi, FSCB, hasta ahora rector del seminario mayor «María Reina de los Apóstoles» en San Petersburgo.

* * *

Su Santidad, Patriarca Alejo II:


Con su altísima resolución, promulgada el 21 de septiembre, el Papa de Roma Benedicto XVI, me envía a un nuevo lugar de servicio en la arquidiócesis de Minsk-Mohilev.

Después de 16 años de cuidado pastoral de los católicos rusos, regreso a mi país natal dejando en Moscú una parte de mi corazón y recordando felices momentos de próspera cooperación con la Iglesia rusa ortodoxa y con Su Santidad.

Con profundo agradecimiento por la ayuda para hacer frente a los retos del mundo moderno, le agradezco a Usted el alto aprecio que dio a nuestra labor en las palabras de bienvenida en el Consejo de las Conferencias
Episcopales de Europa donde destacó que «la comunidad de católicos rusos iene un sincero respeto por parte de la Iglesia ortodoxa rusa».

Quedando de Usted en fiel estima, veo el futuro con la esperanza de ue nuestras Iglesias desarrollen el diálogo y la cooperación.


Con una oración a Dios,


Arzobispo Tadeusz Kondrusiewicz




"Встреча со св. Хосемарией в Бразилии в 1974 г." (28:10)




"Встреча со св. Хосемарией в Венесуэле в 1975 г." (27:30)




"Подарок от Бога". Видео о жизни св. Хосемарии. (52:15)







15 septiembre 2007

El encuentro con el patriarca ortodoxo de Moscú, Alejo II, según el cardenal Peter Erdo

Entrevista al primado de Hungría y presidente del CCEE

ROMA/MOSCÚ, miércoles, 12 septiembre 2007.- La capital rusa fue escenario el 15 de junio de un importante encuentro -en el marco de dos días de consultas entre las Iglesias ortodoxa y católica- entre el patriarca Alejo II de Moscú y de todas las Rusias y el cardenal Peter Erdo, primado de Hungría y presidente del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE), al frente de la delegación católica en la ocasión.

Los fundamentos antropológicos y éticos del Magisterio, con especial atención al orden social, a los derechos humanos y a la dignidad de la persona, fueron temas en los que se concentraron los representantes ortodoxos y católicos, como comenta en esta entrevista el purpurado húngaro, haciendo balance de esas jornadas.


¿Cuáles son los frutos de la consulta en Moscú?

En Moscú en los últimos años ha habido varias consultas entre católicos y ortodoxos. En mi caso se trataba de una consulta entre los representantes de la Iglesia ortodoxa rusa y del CCEE o, con mayor precisión, de la Iglesia católica. Hubo representantes también de dos dicasterios: el Pontificio Consejo Justicia y Paz y la Congregación vaticana para la Doctrina de la Fe, con expertos y altos oficiales. Estuvieron presentes además dos obispos que se ocupan de la justicia y la paz a nivel europeo. Por lo tanto nuestra delegación estuvo formada por personas capaces de afrontar el tema que se propuso por parte ortodoxa.

El tema era la dignidad humana y los problemas fundamentales en perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia: problemas y realidades antropológicas que son necesarios para construir la sociedad según el mensaje de Jesús, según los principios del cristianismo.

En primer lugar, nos escuchamos detenidamente, porque se trataba de una serie de coloquios verdaderamente entretenidos, intelectual y espiritualmente. Los colegas ortodoxos eran profesores de alto nivel y conocían perfectamente nuestra tradición común, la doctrina de los Padres de la Iglesia, además de ocuparse de la filosofía cristiana.

Por ejemplo, se profundizó verdaderamente en la noción de la dignidad humana, así como en algunos elementos de la justicia y de la Doctrina Social en cuanto tal, esto es, el problema relativo al lugar específico de la Doctrina Social de la Iglesia.

Muchos, conmigo, fueron de la idea de que la Doctrina Social, así como la Bioética, son todavía partes autónomas de la Teología Moral porque se trata de un juicio moral sobre la realidad de un sector determinado. Un sector tan complicado, de hecho, que los conocimientos especializados que se requieren para la concreta respuesta moral cristiana están casi construyendo disciplinas autónomas.

Con todo, tanto la Bioética como la Doctrina Social de la Iglesia tienen en cualquier caso una estructura argumentativa que es propia de la Teología Moral. Esto quiere decir que toda materia específica debe estar cualificada según la herencia y riqueza de nuestra fe, por lo tanto según el Magisterio. Pero no basta con conocer los principios; se necesita llegar a la realidad concreta que requiere, en este complejísimo mundo de hoy, muchos conocimientos, si queremos, científicos o bien ligados a las ciencias seculares. Por esto el diálogo que el cristianismo está desarrollando con las ciencias modernas es un diálogo necesario también para llegar a las respuestas concretas y convincentes a estas cuestiones tan actuales y tan difíciles de nuestras sociedades.

Así que uno de los frutos ha sido que hemos reconocido que católicos y ortodoxos tienen la misma tarea de buscar la respuesta cristiana a estos problemas tan actuales. Después hemos visto también que es necesario profundizar las bases, la manera de actuar, formular nuestros principios de fe que son comunes en tales cuestiones, pero que han utilizado diversas nociones durante la historia de la Teología. Por esta razón es necesario profundizar en todos estos sectores y concretar un poco cuáles serían los interrogantes a examinar juntos en el futuro. De ahí que uno de los frutos podría ser la continuación de este diálogo. La parte católica podría organizarse acogida por el CCEE, mientras que en cuanto a los ortodoxos seguro que los diversos patriarcas presentes en Europa tendrán interés en este coloquio común nuestro.

Otro gran resultado ha sido también el encuentro con el Patriarca Alejo II. Se trató de un evento muy cordial y de la expresión de los sentimientos entre los católicos húngaros y los ortodoxos rusos. El año pasado mantuvimos una correspondencia con el Patriarca Alejo sobre el perdón en lo relativo a la historia común de los pueblos rusos y húngaros. Esta correspondencia fue acogida con mucho interés y también con cierta alegría por muchos. Otros, en cambio, preguntaron cómo es que los húngaros pueden perdonar o bien cómo pueden decir que también ellos, durante la historia, hicieron algo contra el pueblo ruso. Pienso que la reconciliación debe ser siempre mutua y la actitud adecuada es siempre la apertura de los corazones o como dijo Juan Pablo II «la purificación de la memoria».

En este contexto tuve el honor de entregar al Patriarca Alejo II una reliquia de nuestro primer rey cristiano, San Esteban, quién murió en el año 1038, un momento en que la Iglesia estaba todavía unida; [era] antes del cisma. Por esto San Esteban no es sólo un santo para la Iglesia católica, sino que está reconocido también y fue canonizado por el Patriarca [ortodoxo ecuménico de Constantinopla] Bartolomé en el año 2000.

Entre los ortodoxos existe una comunión en cuanto a la veneración de los santos, pero para un patriarcado, para una Iglesia autocéfala se necesita un decreto, una decisión para generalizar el culto de una persona canonizada ya en otra Iglesia ortodoxa. En el momento en que el Patriarca Alejo II besó la reliquia de San Esteban y prometió introducirla en la serie de reliquias de los santos venerados en la Basílica de Cristo Salvador en Moscú, esto para mí equivalía a un reconocimiento general por parte de la Ortodoxia rusa.

En cuanto Hungría, los ortodoxos rusos ya han celebrado la fiesta de San Esteban en los años anteriores, por lo tanto la veneración local existía también precedentemente. Este momento, este gesto de la entrega de la reliquia fue inolvidable y también constituye un recuerdo del hecho de que las reliquias de los santos son apreciadas y veneradas tanto en la Iglesia ortodoxa como en la católica.

Durante la consulta ortodoxo-católica, tuvo oportunidad de reunirse con el metropolita Kirill [jefe de la Oficina de Asuntos Exteriores del Patriarcado Ortodoxo de Moscú. Ndr]. ¿Qué temas trataron?

Ante todo, tuvimos la suerte de presidir las mismas sesiones de trabajo común. El metropolita Kirill hizo también su aportación intelectual a nuestro coloquio. Y además naturalmente en nuestro diálogo personal tuvimos ocasión de buscar una metodología para el futuro para la continuación de este diálogo tan importante para Europa. Ciertamente estamos muy próximos en el reconocimiento de que las sociedades europeas tanto de Oriente como de Occidente tiene un cierto "vacuum" en su fundamento moral. Esto es, toda la vida social no puede estar regulada únicamente por el derecho positivo humano, sobre todo cuando la autoridad humana, legislativa, piensa que tiene toda la libertad de legislar como le parezca a la mayoría.

Pero estamos convencidos de que para la eficacia del derecho es necesario también que esas normas tengan una relación directa con el conjunto de la realidad, con toda la realidad objetiva. En muchas culturas se habla en este contexto de derecho natural y es ciertamente necesario que la sociedad pueda sentirse moralmente obligada también en la observancia de las leyes. Si no, la alternativa sería una criminalización de la sociedad que parece ser un peligro real. Por lo tanto las bases morales del derecho y de la vida de la sociedad hay que reforzarlas. Esto constituye un desafío tanto para los ortodoxos como para los católicos. Es ésta la razón por la que debemos continuar nuestras consultas y debemos también concretar, tal vez con un pequeño grupo preparatorio, los temas para un futuro congreso.

¿Cuáles han sido los puntos de dificultad o de conflicto en los trabajos de esos dos días?

No diría que ha habido conflictos. Ciertamente estamos en busca del método de colaboración, pero esto, en mi opinión, no significa conflicto. Hay que moverse en un nivel muy específico: por una parte, se trata de cuestiones de Teología práctica, sobre todo de problemas de las sociedades de Europa que hay que afrontar como cristianos. Por lo tanto se trata de cuestiones científicas, pero este coloquio empeña de alguna manera, pero no en los vértices, también a las Iglesias, esto es, el problema metodológico es cómo involucrar a las Iglesias en este diálogo más bien práctico y científico.

El CCEE naturalmente no es un órgano para la doctrina de la Iglesia católica. Se ocupa muy frecuentemente de cuestiones pastorales actuales en la sociedad europea. En este sentido existe también una plataforma común. Así el aspecto científico y el aspecto eclesial se encuentran, pero es necesario proceder con mucha delicadeza para identificar los niveles y las formas institucionales de esta implicación eclesial en la parte científica del diálogo.

¿Cuál será la próxima etapa del diálogo hacia la unidad?

El diálogo hacia la unidad no se realiza en esta sede. La gran unidad, la plena comunión de los cristianos, es algo que, por un lado, se lleva adelante mediante el trabajo modesto, diario, de muchos expertos, que requiere mucha humildad, mucha paciencia. Por otro lado, la plena comunión de los cristianos es un don de la Providencia Divina, es un don del Espíritu Santo que no puede planificarse. Nuestras fuerzas humanas no bastan para restablecer la unidad. Es por esto que debemos también orar intensamente para que podamos ver que la Providencia Divina puede regalarnos cosas inesperadas. Además hay diferentes niveles del diálogo: está el nivel del diálogo dogmático entre la Santa Sede y las diversas Iglesias ortodoxas; ahí el órgano responsable es el Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, con el cardenal Walter Kasper al frente. Existen también otras relaciones entre Iglesias locales ortodoxas y católicas, o bien diversos patriarcados y diversas comunidades católicas locales.

La Iglesia húngara tiene la fortuna de mantener contactos en su territorio con cinco Patriarcados ortodoxos que tienen alguna estructura jerárquica en nuestro país. Estas relaciones se desarrollan bien y se manifiestan también en encuentros comunes, congresos, conferencias, asimismo en una cierta hospitalidad en lo relativo a nuestras fiestas. Naturalmente no existe entre nosotros la plena comunión y por lo tanto no puede existir siquiera la concelebración de la liturgia. En este punto nuestros hermanos ortodoxos son igual de sensibles, si no más, que nosotros mismos. Pero durante la Misa de Navidad, a medianoche, como invitados tenemos a varios obispos ortodoxos o a otros representantes de las Iglesias o comunidades cristianas.

Espero que estos encuentros sean aún más frecuentes y más cálidos. Contemplo también otras posibilidades: congresos organizados conjuntamente por diversas comunidades. Así, la Universidad Católica de Budapest, su Facultad de Teología y la de Derecho Canónico, y después las cuatro Facultades teológicas de la Universidad Babes-Bolyai de Cluj-Napoca –Rumanía-, mantienen desde hace más de siete años encuentros regulares y congresos comunes sobre temas muy actuales.

El cardenal Kasper mencionó que el encuentro con el Papa y el Patriarca Alejo II podría celebrarse en un año. ¿Cuál es su opinión al respecto?

Ante todo, ni con el Patriarca Alejo ni con el Metropolita Kirill he hablado de tal encuentro. Ni siquiera he hecho la pregunta porque no es de mi competencia. Ciertamente hace algunos años se hablaba hasta de la posibilidad de un encuentro en Hungría, pero estoy convencido de que la cuestión central no es dónde encontrarse, sino cuándo y en qué contexto. Seguramente serán los más altos responsables de nuestras Iglesias quienes buscarán la solución adecuada. Es seguro y estoy también convencido de que nadie por parte católica quiere crear dificultades ni en la sociedad ni en la Iglesia rusa. No se trata de un forzamiento, sino más bien de un gran sueño porque un encuentro entre el Santo Padre y el Patriarca Alejo constituiría un gran símbolo para los cristianos de Europa y de todo el mundo.

¿Cuál considera que es la aportación de Benedicto XVI al diálogo hacia la unidad de las dos Iglesias?


Si nos referimos a la ortodoxia rusa, ciertamente la intensificación del diálogo puede observarse en los últimos años, tal vez también porque ésta ha sido la primera reacción de la ortodoxia tras su elección. Porque en su persona y en su doctrina el mundo ortodoxo ve una cierta garantía de la identidad en la tradición cristiana común, la posibilidad de encontrar una amplia plataforma común en lo que concierne a nuestra fe, también en lo relativo a la puesta en práctica de nuestra fe en la sociedad.




"Встреча со св. Хосемарией в Перу в 1974 г." (26:56)



"Встреча со св. Хосемарией в Испании в 1972 г." (26:52)



"Встреча со св. Хосемарией в Чили в 1974 г." (28:10)



"Встреча со св. Хосемарией в Аргентине в 1974 г." (28:10)

Un ecumenismo bajo el signo del diálogo, amor y colaboración

Entrevista a monseñor Vincenzo Paglia, obispo de Terni-Narni-Amelia

SIBIU, viernes, 14 septiembre 2007.- La nueva etapa ecuménica necesita cada vez más un diálogo bajo el signo del amor y la colaboración entre todos los cristianos, afirma monseñor Vincenzo Paglia, obispo de Terni-Narni-Amelia.

Lo dijo el prelado, presidente desde mayo de 2004 de la Comisión de Ecumenismo y Diálogo de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), en una entrevista concedida a Zenit, durante la III Asamblea Ecuménica Europea de Sibiu, Rumania, de la que tomó parte como moderador.

El obispo es una figura de primer plano, no sólo en el diálogo con los cristianos de las demás confesiones, sino con los representantes de las diferentes religiones, gracias a su experiencia de varias decenas de años en la Comunidad de San Egidio, de la que sigue siendo guía espiritual. El año pasado, por ejemplo, fue premiado por su servicio a la unidad de los cristianos por el patriarcado ortodoxo ruso.


Usted participó en primera persona en la preparación del viaje de Juan Pablo II a Rumanía, en 1999. ¿Como ve ahora al país tras el tiempo pasado?

Sobre todo, debo decir que la experiencia que hice en los años noventa y que culminó con la visita de Juan Pablo II a Rumanía, fue una experiencia absolutamente extraordinaria. Encontré ya entonces un país que respondió a aquel encuentro de manera totalmente inesperada. Yo era entonces verdaderamente un hombre de poca fe, podríamos decir. Pero ¿cómo no sorprenderse al ver a una multitud ininterrumpida durante todo el itinerario desde el aeropuerto de Bucarest hasta el Patriarcado, y luego ¿cómo no quedar absolutamente subyugados por aquel grito de trescientas mil personas, al término de la celebración eucarística, en Parcul Izvor, que se elevó como si fuera una sola voz pidiendo: «¡Unidad, unidad!»?.

Recuerdo que, cuando se trató de empezar a organizar la III Asamblea Ecuménica, la primera se celebró justamente en Terni, en mi diócesis, se pensó no en un evento con identidad propia sino que se concibió como el culmen de una peregrinación realizada por católicos, protestantes y ortodoxos, al redescubrimiento de las raíces del cristianismo y de las diversas tradiciones. Por esta razón, la primera etapa fue en Roma, la segunda en Wittenberg, y la tercera en Sibiu.

Una vez aquí, con todos los cristianos europeos, con Rumanía por fin miembro de la Unión Europea, y por tanto con una ulterior esperanza dirigida a Europa, he reencontrado esa calidez que experimenté ya en 1998, con el Encuentro de Oración por la Paz entre las religiones mundiales, organizado en Bucarest por la Comunidad de San Egidio, y luego en 1999, con la visita de Juan Pablo II.

En su opinión, cuál es la finalidad del ecumenismo y cuál es el confín entre la necesaria unidad en la fe entre todos los cristianos y la otra tanto necesaria, significativa y legítima pluralidad de la Iglesia?

Yo creo que la unidad de la Iglesia es sobre todo una unidad centrada en Cristo. Sin embargo, ya en los Evangelios vemos que hay cuatro modos de ver a Jesús y que cada uno enriquece al otro. Creo, por tanto, que este paradigma que encontramos al inicio del cristianismo, tiene que ver también con el inicio de este tercer milenio. Lo cual quiere decir reencontrar una unidad en los fundamentos mismos de la fe, pero también una pluralidad en el vivirla y en el manifestarla.

Es una tensión, una dialéctica propia del cristianismo mismo, porque es a la vez uno y universal, la fuente y los arroyos que se difunden en todas las culturas. Este es un desafío de siempre. Este desafío, por desgracia, ha sido tal vez vivido de manera distorsionada con las divisiones. Hubo una división ya en los primeros siglos con aquellas que hoy se denominan las antiguas Iglesias Orientales, fuera del Imperio Romano. Ya esto nos dice que muchas divisiones provienen también de motivos exteriores al dogma. Al comienzo del segundo milenio, hubo una nueva división, esta vez dentro del Imperio Romano, entre Occidente y Oriente. Y luego una ulterior división a mitad del segundo milenio, esta vez dentro de Occidente, entre católicos y protestantes. Tres divisiones que han lacerado el tejido de las Iglesias.

Y, culpablemente, ha prevalecido durante mucho tiempo la polémica. Luego, el Espíritu, que soplaba ya a finales del siglo XVIII, en el siglo XX abrió de par en par las puertas, en especial con el Concilio Vaticano II y, gracias a una implicación fortísima de la Iglesia católica, gracias al ecumenismo, que de este modo asumió un nuevo rostro. Los cristianos empezaron a comprender que era importante ver, antes que las divisiones, lo que nos unía, y hemos descubierto que lo que nos unía era mucho más que lo que nos separaba. Quiero decir: disminuyó el estrabismo. Nos hemos hecho más conscientes del gran patrimonio que nos une. Y de entonces en adelante, en 40-50 años, hemos realizado un salto gigantesco, hemos superado siglos de historia.

Por tanto, quien dice que hoy el ecumenismo va despacio no debe olvidar que hubo un giro copernicano en pocos decenios. Es verdad que advertimos la necesidad de redefinirnos, pero esto no nos debe hacer olvidar el camino realizado hasta ahora ni significa que no debamos acelerar el diálogo espiritual y el del amor, en todas las comunidades, sin olvidar el diálogo teológico y el jurídico.

El ecumenismo de ahora invita a todos a dejarse implicar. Porque el ecumenismo no es un asunto de teólogos, no es una cuestión de despachos, sino que es un modo de vivir la fe. Lo decía el entonces cardenal Joseph Ratzinger, en 1991, cuando afirmaba que la unidad visible es un don de Dios, pero que nosotros debemos hacer todo lo posible, en la certeza de que el ecumenismo es parte esencial de la fe, de cómo se vive la fe, con una tendencia a vivir la misma oración de Jesús: «Que todos sean una sola cosa» (Juan 17, 21). En este sentido, creo que, al inicio de este milenio, se está abriendo una nueva etapa ecuménica que contempla la reanudación de los antiguos diálogos teológicos, pero que debe también, en mi opinión, ver el fortalecimiento del diálogo del amor, de la colaboración en todos aquellos campos en los que esto es posible.

¿Un elenco? La oración común, la defensa de la Creación, la paz, la solidaridad, la evangelización, la comunicación del Evangelio a todos, en Europa y fuera, la defensa de los pobres, el compromiso de abatir cada muro de división en la inmigración, el empeño en abolir la pena de muerte, el de hacer la guerra cada vez más imposible. Son campos enormes que exigen la unidad entre todos los cristianos.

¿Por qué se optó por celebrar la III Asamblea en Rumanía, un país de mayoría ortodoxa?

No puede dejar de tener significado el hecho de que todos los cristianos de Europa han venido a celebrar un momento de comunión en un país, diríamos en la periferia de Europa, en el que la economía no está todavía desarrollada. Creo que no podemos ser cristianos europeos sin sentir a Rumanía en el corazón y en el centro de Europa. Es más, diría que es deber nuestro de cristianos descubrir a Cristo: el Cristo que ha sufrido, el Cristo que un poder ateo ha tratado de silenciar, el Cristo que sufre en muchos pobres que quedan todavía, el Cristo marginado de los gitanos.

Aquí podemos y debemos redescubrir que los últimos son los primeros. Porque Jesús está en los últimos y no en los primeros. Por esto, venir a un país como Rumanía, que es una encrucijada entre las dimensiones latina, eslava y bizantina, es entre otras cosas ir a lo profundo de Europa, de una Europa que ha tenido que sufrir en estos últimos 50 años la tragedia de una opresión sin fronteras.

Y nosotros hemos venido aquí para abrazarles. Esta asamblea de Sibiu ha sido un abrazo. Tenemos que abrazar al pueblo rumano en su tierra. Roma y Wittenberg en Sibiu reencuentran su plenitud.

¿No cree que detrás de las desconfianzas en el diálogo ecuménico está el miedo de las Iglesias del Este de Europa a entregarse a una cultura occidental, vista como pluralista, secularizada y relativista, capaz por tanto de minar sus tradiciones?

Es una tentación que existe y por tanto que hay que vencer y evitar. ¡Es diabólica! Ya que «diabolein» en griego quiere decir «dividir». Hoy gozamos de un viento del Espíritu que nos obliga a encontrarnos a abrazarnos. La división entre Oriente y Occidente nos ha vuelto a todos asmáticos y más débiles. Me pregunto: ¿si los cristianos europeos hubieran estado más unidos habría sido tan fácil la llegada al poder del nazismo y del comunismo? ¿Queremos volver a caer en la misma tentación? Por tanto nuestro empeño urgente es respirar también en Occidente con la riqueza del pulmón de Oriente: con la riqueza de su liturgia, de su espiritualidad, de su misterio y de su fascinación en el vivir en muchas dimensiones la presencia de Dios. Pienso también en el monaquismo oriental.

Por otra parte, nosotros los occidentales, los latinos, tenemos que estar responsablemente atentos a no ofrecer a estos países lo peor que tenemos. Es importante que les ofrezcamos también nuestra dimensión espiritual, nuestra capacidad de universalidad, nuestra dimensión de apertura, nuestra fuerza de la tolerancia, la solidaridad, del compromiso social y caritativo, que tal vez en las Iglesias de Oriente ha sido incluso coartado.

O Europa vive con estos dos pulmones o moriremos todos. Como, lamentablemente, está sucediendo.

Por último, ¿qué recuerda del viaje de Juan Pablo II a Rumanía?

Puedo asegurar una cosa, porque tuve la alegría y la gracia de poder participar en ese evento y también de prepararlo. Puedo decir que el primer gesto que anticipó la venida del Papa fue el Encuentro de Oración interreligioso, organizado por la Comunidad de San Egidio, en Bucarest. Puedo decir que fue un hecho extraordinario, porque, por primera vez, en Rumanía, cristianos de todas las confesiones y hombres de diversas religiones se reencontraron en la Plaza de los Mártires, para vivir un momento de gran emoción espiritual.
Esto abrió las puertas a otro acontecimiento que, tengo que decir, Juan Pablo II deseó con todas sus fuerzas. Y, personalmente, fui mensajero de este deseo ante el patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rumana Teoctisto, y ante el Santo Sínodo. Hubo que hacer varios viajes para ayudar a esta comprensión. Y, poco a poco, todos los obstáculos se fueron allanando. En esta visita del Papa le acogió un pueblo entero. Fue la primera visita del Papa a un país de mayoría ortodoxa. Y el Papa vino. Fue esta la decisión que tomamos juntos, la de visitar, en primer lugar, a la Iglesia Ortodoxa de Rumanía y luego a la comunidad católica, tanto latina como greco-latina, y, por último, al Gobierno.

Recuerdo claramente la alegría del patriarca Teoctisto, cuando recibió la carta del Papa, firmada sencillamente «Juan Pablo II, como un hermano». Esto hizo caer el muro psicológico, el muro histórico de una separación. Recuerdo bien también a estos dos «ángeles blancos» –así les llamé entonces- que se abrazaban, como recomponiendo una historia antigua. Y yo deseo, mejor estoy seguro, de que siguen el abrazo en el cielo, mientras se asoman a Sibiu, felices de lo que está sucediendo en estos días.

08 agosto 2007

Novicios que inspiran

En Rusia hay muchas necesidades. La pobreza es muy grande tanto espiritual como material. Los sacerdotes que allí trabajan necesitan, sobre todo, la oración de muchísima gente.

En la Iglesia las religiosas y religiosos contemplativos son muy necesarios. Baste un ejemplo: Santa Teresita del Niño Jesús, sin haber salido del convento, es la patrona mundial de las Misiones junto con San Francisco Javier.

Hace unos días he tenido la fortuna de poder entrevistar a David Cuenca, Profesor Titular de Musicología que ingresa como novicio el 15 de agosto de 2007, en la Abadía Benedictina de la Santa Cruz, en el Valle de los Caídos, cerca de Madrid.

¡Ojala más de una/uno, al ver este vídeo, de un paso adelante y siga la llamada de Jesucristo!

Que sepa que cuenta desde ahora con la oración de nuestros lectores, y sabemos que tanto él como sus nuevos Hermanos Benedictinos, rezan por la labor apostólica que se hace en Rusia. Pongo a continuación dicha entrevista.




Novicios que inspiran (15:34)

06 agosto 2007

Arzobispo ortodoxo ruso agradece ayuda de agencia católica de cooperación

KÖNIGSTEIN, 06 Ago. 07 (ACI).-El Arzobispo ortodoxo ruso Anastazy, de la eparquía (diócesis) de Kazán y Tatarstán, agradeció en nombre de su comunidad eclesial a la asociación católica internacional Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), por la "ayuda desinteresada" que presta a la Iglesia ortodoxa de esta región desde la caída del comunismo.

Durante la visita que realizara a Kazán, la capital de la República de Tatarstán, a unos 750 kilómetros al este de Moscú, el experto en Rusia de AIN, Peter Humeniuk, el prelado ortodoxo felicitó a AIN por su 60º aniversario de fundación. Deseo a todos los colaboradores de la asociación "la ayuda de Dios en su noble servicio a la verdad de Cristo", dijo el Arzobispo.

Según señaló, AIN les "extendió una mano amiga en tiempo difíciles", cuando el seminario de Kazán "aún se encontraba en una situación realmente deplorable". Gracias a la "inestimable ayuda" de AIN, éste se ha convertido en una "vigorosa escuela espiritual" provista de un equipo docente extraordinario y un buen equipo técnico, declaró.

Junto con Humeniuk, el Arzobispo Anastazy visitó el famoso icono de Nuestra Señora de Kazán, que en tiempos del régimen comunista permaneció en el Vaticano y que el Papa Juan Pablo II restituyó en agosto de 2004 a la Iglesia ortodoxa en Rusia.

Anastazy resaltó que el hecho de que el último Pontífice lo restituyera ha hecho que este icono revista para muchos de una importancia aún mayor, pues, no pocos acuden a venerarlo expresamente por este motivo.

Tatarstán es una república autónoma de la Rusia centro-oriental europea. El 60 por ciento de su población es musulmán, mientras que un cinco por ciento es cristiano.